Esteban Labrador, el colombiano que descrestó a Lang Lang

El pianista más famoso del mundo quedó con la boca abierta al escuchar a Esteban Labrador, un virtuoso bogotano de 21 años cuyo nombre ya empieza a sonar en los escenarios internacionales. ¡Oído con él!  
Esteban Labrador, el colombiano que descrestó a Lang Lang

“¡Impresionante! –dijo Lang Lang cuando Esteban Labrador terminó su presentación–. No tengo comentarios para ayudarte a mejorar, ni yo podría tocar así una obra de Bartók. Tienes un sonido muy poderoso”. Después de estas palabras, el pianista más famoso del mundo selló con un abrazo su admiración por ese joven que, con su interpretación de la pieza del compositor húngaro, lo hizo zapatear y saltar de su silla. Estaban en una clase magistral que dio el artista durante su visita al país, a finales del mes pasado, y en la que Lang Lang pretendía transmitir su sabiduría a tres estudiantes de piano, pero con Labrador se quedó sin palabras. Mientras tomábamos las imágenes que acompañan este artículo, fuimos testigos del poder que tiene el teclado sobre Labrador, un joven introvertido y tímido que, a pesar de parecer frágil y tener cara de ratón de biblioteca, frente al piano se ve vigoroso y recio. Aunque habría podido limitarse a posar y sonreír frente a la cámara, parecía que las teclas atrajeran sus dedos de manera inevitable y, entonces, empezaban a moverse con elegancia y agilidad para llenar de música el silencioso auditorio. Luego, el fotógrafo le pedía que se pusiera de pie, a un costado del instrumento y, aun en esa posición, sentía la necesidad de rozar las teclas, como si solo así se sintiera completo, como si el piano fuera una extensión de su cuerpo. “Disfruto mucho el placer físico e intelectual de tocar, y en ocasiones se vuelve un frenesí que ni yo puedo controlar”, asegura Labrador.Es una obsesión. El joven sale a las 8:00 de la mañana de su casa a clase, pasa el día practicando y regresa a las 9:00 de la noche. Los domingos está en la universidad de 10:00 a.m. a 6:00 p.m. El piano es su vida y por eso estuvo dispuesto a sacrificar parte de su infancia, su adolescencia, sus fines de semana, sus vacaciones y hasta sus amigos, con tal de perfeccionar su técnica, mejorar su motricidad, alimentar su intelecto y crear. “Lamentablemente no hay nada fácil en el arte y por eso la única opción que tenemos es estudiar”, asegura.A los nueve años empezó a recibir clases particulares dos veces por semana, en un pequeño teclado que pronto se quedó pequeño, así que pasó a trabajar con un profesor que le enseñaba en el piano de su casa. Pero los días que podía estar cerca del instrumento no eran suficientes, así que su mamá le ayudaba a pedir pianos prestados. Todos los sábados, en la Biblioteca Luis Ángel Arango le dejaba usar uno. A medida que pasaba el tiempo, la pasión de Labrador aumentaba y su entrega a la música terminó de pactarse a su 15 años, cuando conoció el programa de música de la Fundación Juan N. Corpas, donde podría dedicarse de lleno a estudiar los secretos del piano, así que se retiró del bachillerato tradicional –sus padres siempre lo apoyaron– y sus días empezaron a transcurrir entre partituras. Debido a su amor desmedido por el instrumento y a su respeto por el arte –que hace que lo enfrente con una disciplina inquebrantable–, Labrador pasó de pedir pianos prestados a ganar uno, de media cola, en el Tercer Concurso Nacional e Internacional José Jacinto Cuevas, en México, que se llevó a cabo en noviembre del año pasado. El joven compitió contra 23 participantes y arrasó: ocupó el primer lugar –que lo hizo merecedor de 7.500 dólares–, ganó el premio a “mejor interpretación de la obra obligatoria” –por el que recibió 700 dólares– y, además, se llevó el premio del público. Este evento empezó a dar su nombre a conocer por el mundo y le dejó un piano, la oportunidad de grabar un disco profesional de 60 minutos con su música –que el concurso se encarga de producir y distribuir– y la posibilidad de hacer una gira por Argentina y México, donde se presentará con la Filarmónica de Yucatán.Aunque Labrador ni siquiera ha terminado su carrera –está en décimo semestre de Música en la Universidad de los Andes–, ya se perfila como uno de los grandes pianistas de Colombia. “Conocer a Lang Lang fue un gran honor –cuenta–. Con esa experiencia entendí que soy uno de los mejores del país y eso conlleva una gran responsabilidad”, explica. Por eso practica de manera incansable. Generalmente se queda en la música clásica, pero también experimenta con el tango, la salsa, el jazz, las melodías llaneras y otros géneros colombianos. “Me encanta abrir mis oídos y descubrir músicas y efectos nuevos en el piano, pero el instrumento, al final, es la herramienta para alcanzar un sueño más ambicioso: ser compositor”. Así que ahora, para seguir el camino que se ha trazado, planea hacer una maestría en piano en Alemania.Después de hacer varias fotos, su mamá, que no lo desampara, le propone que se cambie de camisa, para tener más opciones. “Pero es que esa camisa no me deja mover bien mientras toco”, reniega Labrador. Entonces el fotógrafo le dice: “No tienes que tocar”. Él, entonces, hace caso resignado, pero no sin antes dejar ver, en esos amables ojos claros que tiene, que en su mundo él siempre tiene que tocar.