El cuerpo, una película que juega con la mente del espectador

Descubre todo lo que ofrece esta cinta española.
El cuerpo, una película que juega con la mente del espectador

Dirección: Oriol Paulo Guion: Oriol Paulo, Lara Sendim Reparto: José Coronado, Belén Rueda, Hugo Silva

Cuando alguien muere –y se comprueba que su corazón ha dejado de latir y sus pulmones de respirar– se piensa que lo único que queda es meter el cuerpo en el ataúd, guardarlo en lo más profundo de la tierra o cremarlo y reducirlo a cenizas. Pero, ¿qué pasaría si, a la hora de realizar el rito fúnebre, el difunto desaparece? Esa es la historia en torno a la cual gira esta película española que se debate entre el suspenso y el terror. 

Lo que parece ser un infarto mata a una mujer poderosa cuyo cadáver, después de llegar a la morgue, desaparece. A partir de ese momento, un experimentado policía pone toda su energía en encontrarlo con la ayuda del viudo, de quien muy pronto empieza a dudar.

El cuerpo pudo haber sido robado, esa es la primera teoría, por supuesto. Pero la película se encarga de llevar al espectador por ámbitos que van desde lo científico hasta lo sobrenatural. La mujer también podía sufrir de catalepsia, condición que hace que una persona parezca muerta –sin signos vitales– cuando en realidad se encuentra viva. Y no se debía descartar la opción más fantasmagórica: que hubiera despertado de entre los muertos para solucionar un asunto pendiente. 

La historia es efectiva a la hora de crear suspenso. La mayoría del tiempo transcurre en la morgue, en varias escenas hay sorpresas que inquietan al público y en un par de ocasiones lo hacen saltar de la silla. Pero los recursos que utiliza no son los más originales: se tiene que ir la luz, tiene que aparecer el reflejo de la muerta mientras su viudo se ve en el espejo, tiene que llegar alguien por la espalda… 

Al final, resulta ser un thriller psicológico en el que el director juega con el espectador, quien, más temprano que tarde, empieza a creer en fantasmas para luego encontrarse con un giro inesperado que, aunque llama la atención porque se sale de todos los cálculos, también llega a sentirse forzado, tanto por las débiles actuaciones de sus actores como por rayar con la inverosimilitud. La mayor desilusión viene de que no se le da cabida a la insinuación, no se le permite al público dudar ni descifrar el desenlace; el rompecabezas se entrega armado.