La familia Cano: del periodismo al arte

Fernando, Camilo y Ricardo Cano, tres miembros de esa familia de periodistas que fundó /El Espectador/, inauguran una casa para la cultura.
La familia Cano: del periodismo al arte

Crecieron en una sala de redacción. Jugaron entre máquinas de escribir. Vieron cómo se hacía magia cada vez que un fotógrafo entraba al laboratorio y revelaba las fotos que saldrían publicadas al día siguiente. Presenciaron, paso a paso, cómo se construía un periódico, para que los colombianos lo tuvieran en su puerta a la madrugada. Para ellos, ese proceso era un arte y por eso hoy sienten que estuvieron muy cerca de la creación desde niños.   Fernando y Camilo son hermanos y Ricardo es su primo. Los une un apellido, pero también su amor por el arte. Durante toda su vida, Fernando ha sentido una atracción inevitable por la fotografía y se la pasa capturando momentos con su cámara. Ricardo es un coleccionista en ciernes. Camilo, durante su estancia en París como cónsul de Colombia, creó un espacio para el que adoptó a los artistas colombianos que vivían y producían su obra en Francia.

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Foto: David Micolta

A los tres les apasiona la cultura, así que después de años de encontrarse y tenerla como tema de conversación, decidieron hacer realidad un proyecto que se había ido gestando tímidamente: montar una galería que, más que eso, es un espacio para la cultura. Todo empezó en la casa de Fernando, donde, de vez en cuando, realizaba exposiciones. Corría el comedor, quitaba los cuadros y movía los muebles de la sala, escondía todo en el garaje y daba vía libre al arte. Era una galería improvisada. Ahora, esa misma construcción del barrio Quinta Camacho se ha renovado para no tener que estar trasteando sofás cada vez que uno de los socios se entusiasma con una obra o un artista. Cuenta con un salón grande para exposiciones, dos salas alternas y un amplio espacio posterior con jardín: «La idea es que sea un lugar donde quepan todas las artes –cuenta Fernando–. Aparte de las exposiciones, haremos ciclos de cine, conciertos, charlas sobre música, performances, happenings… Por ejemplo, en el jardín tenemos una pared y nos gustaría invitar a grafiteros a que la pinten». 

Habrá espacio para todos los estilos y para todos lo artistas, desde los más reconocidos hasta aquellos que hasta ahora empiezan a abrirse campo en el mundo del arte: «Cuando mi hija estudiaba arte, ella y sus compañeros comentaban muy frustrados que no tenían dónde exponer sus proyectos, pues los espacios disponibles en la ciudad eran demasiado costosos. Fue así como empezamos a gestar la idea de crear un espacio que pudiera resolver este tipo de necesidades». Por esta razón, los socios ya están estudiando alternativas para poder subvencionar a los artistas más jóvenes, que necesitan un impulso para empezar.

Conscientes de la situación del arte joven y de que un año se pasa en un abrir y cerrar de ojos, los Cano convertirán su página web en una galería virtual donde darán a conocer la obra de todos esos artistas que no alcancen a presentar su trabajo en las paredes de la casa.  

Durante la inauguración de este espacio, que abrirá sus puertas a partir del 23 de octubre, la casa se transformará en un océano, ya que las obras del artista Gustavo Vejarano –el primer invitado de la galería– surgieron de su observación del mar de Taganga. «Un día estábamos remando por la bahía y vi unas formas en el agua que aparecían y desaparecían instantáneamente –cuenta–. Eso es dificilísimo de pintar porque no es pintar la onda de luz, es pintar la continua transformación, algo paradójico porque una pintura es una imagen fija, mientras que esto era movimiento y lo que yo quería pintar era lo que sentía cuando lo estaba viendo».

 

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Gustavo Vejarano - Foto: David Micolta

 

Vejarano es el primero en exponer en la Casa Cano porque fue uno de los artistas que Camilo acogió en París y porque fue el elegido por un comité de personas vinculadas con el medio que apoyará de manera permanente a los Cano en su gestión. La muestra se llama Océanos y bosques tropicales y, aparte de las pinturas del mar de Taganga, cuenta con esculturas que el artista creó inspirado en los árboles de los bosques y las selvas que ha conocido. 

«La duración de cada muestra variará –explica Fernando–. Todo dependerá de la obra, que la idea es que contribuya al enriquecimiento del público que venga a conocerla».