Chavela al son de Martirio

La cantante española lanzó en Bogotá y Medellín /De un mundo raro/, un disco en el que reinterpreta en flamenco las rancheras de «La chamana». Homenaje mestizo. 
Chavela al son de Martirio

Contaba historias. Eso hacía Chavela Vargas en el escenario. Y la manera en que las narraba era tan vehemente y sentida, que parecía que al mismo tiempo oficiaba una ceremonia en la que la música ranchera era capaz de penetrar a las personas y cambiarlas. Martirio siempre la oyó con admiración, aprendió de cada uno de sus gritos, sus silencios y sus suspiros, y en sus últimos conciertos tuvo el privilegio de acompañarla.

De ese respeto profundo por «La chamana» nació este disco que la española produjo con su hijo, el guitarrista Raúl Rodríguez, y que presentó con orgullo en Colombia durante la celebración de los 32 años del Teatro Nacional. CROMOS habló con ella y esto fue lo que nos contó sobre ese proceso en el que, a través de la música, unió las dos orillas. 

Martirio - Foto de Jesús Ugalde

¿Qué le aporta el flamenco a estas canciones?

Que las cantamos como se canta en las casas de Andalucía: en la mesa, en familia, de una manera desnuda, sincera y con el corazón abierto. 

¿De qué manera se unen nuestras dos orillas a través de este disco? 

Tiene trabajo, hay que investigar y trabajar. Pero el lenguaje, la cultura y los siglos que nos han emparentado tienen que ver con que nuestra música y la vuestra estén muy unidas. 

¿Para usted qué es lo que seduce y conmueve de estas canciones?

Tienen una lírica muy poética que encierra, en pocas estrofas, situaciones de la vida muy complejas. Son letras muy cortas pero con mucha intensidad. 

¿Cuál es la importancia del silencio en este disco?

Me fascina el silencio, porque el silencio se aprende de mayor. Así entiende Raúl el silencio, como un músico maduro: considera el silencio música. Y Chavela también le tenía mucho respeto al silencio, que es capaz de provocar muchas cosas. 

¿Cómo describiría a Chavela en el escenario?

Chavela, cuando se ponía su ruana, se convertía en la mujer maravilla. Era grande, alta, llenaba el escenario. Abría los brazos y realizaba una ceremonia sagrada en la que se lloraban lágrimas de limpieza, en la que cada uno se colocaba en su eje y todos salían siendo mejores personas. Tenía un valor y una dignidad impresionantes, y conjugaba muy bien el drama y el humor. Nunca la vi disimular, ni la vi hacer nada que no quisiera. 

MARTIRIO - Fotos de Jesús Ugalde (2)

¿En qué se parecía la manera en que usted y ella asumían la música?

Yo creo que había una voluntad rebelde de ambas frente a lo que no nos gustaba. Había una exigencia de libertad en el arte que muchas veces pagamos a nivel económico.

Ha dicho que Chavela era muy flamenca en sus maneras, ¿a qué se refería con eso?

En su forma de gritar, de recogerse y de enviar la letra. Ella hacía de las canciones cantes; de los cantes, poesía, y de la poesía, verdad.

¿Qué aprendió de ella?

Sobre todo a paladear las palabras. El fraseo. A colocar un video de experiencia en cada palabra, a sentir lo que estoy cantando y a elegir lo que quiero cantar. 

Se le conocía como «la chamana», para usted ¿por qué merece ese apodo?

Porque curaba con la voz. Era capaz de celebrar el gozo de la conquista y el dolor de la derrota. Era una sabia, como una especie de oráculo, cuando se ponía a cantar. 

¿Cómo describiría lo que siente cuando canta estas canciones?

Es un volcán. Es una sensación muy conectada con la tierra pero también con alas. 

Raúl dice que el cante flamenco tuvo un valor de uso antes de tener un valor de cambio, ¿cuál crees que es valor de uso de este disco? 

La sinceridad, la emoción, la belleza… 

Ha dicho que Chavela murió con mucha paz, ¿por qué puede afirmarlo?

Ella decía que las personas inteligentes y con buen sentido del humor eran las que podían vivir sin miedo a la vida y a la muerte. Y ella sabía que esa era la única manera de descansar.