Darío Ortiz, el artista que lleva la acuarela al límite

Aunque nunca ha recibido una clase de arte, sus obras le han dado la vuelta al mundo y ahora presenta en Bogotá una muestra fuera de lo común.
Darío Ortiz, el artista que lleva la acuarela al límite

Cuando la acuarela roza el papel, lo penetra y se extiende sin cautela. Como cuando sube la marea e invade la arena, una gota de estas acuosas pinturas se expande ambiciosa por el blanco y no conoce límites. Tiene vida propia, avanza, deja manchas. La artista Freda Sargent decía: “La acuarela es fácil, lo complicado son los primeros 40 años”. Es una técnica desafiante, difícil de controlar. Quienes recurren a ella son dados a dibujar paisajes, ya que otras figuras, con más detalles, parecen imposibles. Darío Ortiz, sin embargo, no le teme a esa pintura arrasadora y, a través de los años, ha estado dispuesto a ir más allá de los límites que impone la técnica para crear precisos cuerpos y rostros humanos que hoy se exhiben en la galería LGM Arte Internacional hasta el 30 de enero.

Para Ortiz, sus obras en acuarela siempre habían sido experimentos. Lo suyo era el óleo y con esta técnica se dio a conocer en Colombia para luego llevar su trabajo a Estados Unidos, Italia, Francia, China y Austria. Desde los 19 años salió del país e hizo carrera en el exterior, donde su talento a la hora de dibujar figuras humanas fue reconocido. Hoy, sus óleos pueden llegar a costar entre 50.000 y 100.000 dólares. 

La acuarela era una técnica a la que recurría cuando necesitaba crear imágenes con mayor rapidez. Eran experimentos, ensayos, estudios. Las verdaderas obras, las que se exhibían y se vendían en museos y galerías eran pinturas al óleo. Pero de un momento para otro, debido a las redes sociales, las cosas cambiaron. Ortiz subía a Facebook uno de sus óleos y recibía 150 “me gusta”. Luego subía una de las acuarelas y muy pronto tenía 350 “me gusta”. También empezó a recibir llamadas de importantes concursos de acuarela, no para que presentara su obra sino para que hiciera de jurado. Al parecer sus obras creadas con técnicas de agua tenían un encanto que él desconocía. 

 

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“Yo no sé de acuarela, simplemente pinto como puedo. Manejar la técnica es muy difícil: o eres muy tenido y haces liniecitas como si fuera ilustración, o haces esas manchas que se mueven por todas partes y no te dejan crear nada preciso. Así que, según lo que dicen los acuarelistas, mi mérito está en que trabajo con esas manchas pero logro figuras precisas”. 

Al darse cuenta del interés que despertaban sus acuarelas, Ortiz reunió las obras que había creado con esa técnica en los últimos tres años y con ellas armó la muestra Al agua, que hoy se exhibe en LGM y de la cual nació el libro Darío Ortiz Acuarelas. 

 

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En tiempos en los que el mundo del arte busca abstracción, en los que más que el talento de un artista se valora su capacidad para desarrollar conceptos, y en los que el arte realista con frecuencia es subvalorado, Ortiz se atreve a ir contra la corriente y presenta una propuesta figurativa en acuarela que, en la medida en que trasgrede los límites de la técnica y pone en evidencia su destreza a la hora de manejarla, puede ser tan vanguardista y atrevida como una instalación o un performance. 

“Aunque en Colombia está en boga el arte del concepto,  los grandes artistas del siglo XX fueron figurativos: Lucien Freud, Gerard Richter… Antonio López, el más importante artista español del momento, es figurativo y sus obras cuestan hasta 4 millones de dólares. La galería de mayor vanguardia del mundo acaba de entregar su premio de retrato. En el mundo pasan cosas que aquí no están viendo, aquí se quedaron en Duchamp. Y es que, claro, desde el punto de vista del mercado es mucho más fácil especular con lo que no es figurativo. Porque tú no puedes convencer a la gente de que una cabeza mal hecha está bien hecha. En cambio te pongo dos manchas sobre una mesa y te digo que es la clave del universo, ¿quién me lo niega?”. 

 

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Con sus acuarelas, Ortiz explora nuevamente la figura humana pues es por eso que produce arte: “Me interesa encontrar las vicisitudes del alma humana, entre esas la mía. Es un trabajo largo de psicoanálisis propio. Me parece más significativo como discurso averiguar cuáles son las dolencias del individuo que referirse a los males que aquejan a la humanidad. Quisiera pensar, como en el Renacimiento, que el ser humano puede ser la medida de todas las cosas”. Y al ver su obra parece que lo es. En los trazos que reproducen cada arruga, cada mirada, cada gesto, el que observa siente que Ortiz trata de develar los misterios del hombre y su lugar en el mundo.

 

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