Libros ilustrados, otra manera de conectarse con la gente

Las librerías están llenas de publicaciones atrevidas creadas por artistas que se salieron de los museos por enamorarse de los libros. Dibujos con historia.
Libros ilustrados, otra manera de conectarse con la gente

Todos odiamos algo. Odiamos las reuniones familiares, los niños llorones, la decoración navideña y lavar ollas. Odiamos, pero en silencio. No está bien visto odiar y nuestras buenas maneras impiden que lo hagamos con libertad. El ilustrador Kevin Mancera, sin embargo, odia con vehemencia y lo demuestra sin miedo a través de su obra. No teme decir que odia la felicidad ajena, a los Beatles y a los padres que son como el suyo. Y no solo lo expresa con tranquilidad en sus dibujos, sino que los publica en un libro (Cien cosas que odio) que distribuye por las librerías de Bogotá, donde es visto por decenas de personas que se identifican con sus ilustraciones y odian con él. 

Encontrarse con el trabajo de Mancera es un placer. La confluencia de los trazos delicados que salen de su lápiz y la pasión con la que dice que odia la Coca-Cola Light atrae y engancha. No es posible ver solo una ilustración. Se pasa una página, después otra y así, sin pausa, hasta llegar al final. La publicación tiene un efecto hipnótico para los compradores de libros, quienes buscan justamente eso: dar con un proyecto editorial que los enamore a primera vista. Este artista, quien ya cuenta con seis libros publicados, descubrió otra manera de conectarse con la gente. Como él, muchos otros han encontrado en el mercado del libro una seductora alternativa para dar a conocer su obra y, con ella, su forma de ver el mundo. Su trabajo ya no solo se ve en publicaciones para niños, sino en ediciones reflexivas, intimistas y con historias para adultos. 

 

Parque del Poblado - Cubierta

 

Aunque no es un fenómeno nuevo –entre el arte y la literatura siempre ha habido una amistad–, en los últimos tres años se ha dado un florecimiento del libro ilustrado. Se han publicado varios proyectos arriesgados e innovadores; han nacido editoriales encabezadas por personas vinculadas al mundo del arte; las galerías han cogido fuerza como editoras,  y han surgido artistas interesados en salir de los museos para ver su trabajo en las librerías. Algunos ya son nombres destacados en el medio, como José Antonio Suárez y Jairo Buitrago; otros llegaron más tarde pero pisando fuerte, como Mancera, Paola Gaviria, Daniel Gómez Henao, Mónica Naranjo, Nicolás París, Manuel Kalmanovitz, Catalina Jaramillo, Mateo Rivano y Joni b, por nombrar algunos.  

Este año hay novedades para todos los gustos: Robot publicará el libro infantil Los abrazos de Alicia –ilustrado, entre otros, por José Antonio Suárez y Paola Gaviria–; La silueta presentó El siete plagas, El mohán y El alfabeto imaginario de Rafael Pombo, de Mateo Rivano, Inu Waters y Sergio Trujillo, respectivamente; Jardín editores tiene once:once, de Stefhany Yepes Lozano, y Walden, de Henry Thoreau, ilustrado por Mancera; La valija de fuego lanzará su fanzine sobre The Cure, de Camilo Aguirre, y Animalario-bestiario, de la tatuadora Karolina Bebop; Tragaluz sacó a la venta Vaivén, y la Fundación Bajo Control, Chitari, un proyecto ilustrado por Jean Paul Zapata. Estos son solo algunas de las novedades ilustradas del año, que son muestra del auge de esta rama en el mercado editorial.   

 

Jardin

 

Florecer

En esas esquinas del mundo editorial donde habitan los artistas, hay libros largos y cortos.  Algunos tienen el tamaño de un pasaporte, otros miden lo mismo que una revista. A veces las páginas llevan palabras, y a veces son mudas. Muchos proyectos se comunican a través de tipografías, tipos de papel, imágenes y colores, pero todos cuentan una historia. Hay pocos límites; la intención es innovar y sorprender. 

Hace una década, esa capacidad del arte para producir reflexiones y asombro estaba reservada para las galerías y los museos. Se tenía la idea, entre glamurosa y bohemia, de que el artista estaba destinado a pasar la vida en su estudio produciendo obras para presentar en exposiciones. “Era mal visto pensar en otras posibilidades para el arte –explica Joni b, artista y cofundador de la editorial Robot–. Hacer libros o historietas era una cosa menor”. 

 

Silueta-10

 

Ahora, varias facultades de arte y sus alumnos son conscientes de que es un medio difícil y de que su trabajo puede ir más allá de las instancias culturales tradicionales. Muchos de los artistas que hoy están vinculados con el mundo editorial empezaron a acercarse a los libros con su proyecto de grado en la universidad. “Comercializar el arte no es fácil y es triste ver cómo los lienzos con tus dibujos se van acumulando contra la pared –explica María Isabel López, quien acaba de autopublicar Phobia–. Con los libros, en cambio, puedo llegarles a más personas, muchas de las cuales no tendrían los recursos para comprar una obra en una galería. Para mí fue clave el énfasis gráfico que hice en la universidad, ya que no satanizaban la comercialización del arte”. 

Aparte de esa nueva manera de afrontar la producción artística, Marco Sosa –una de las cabezas detrás de la librería y editorial La valija de fuego– cree que el auge del libro ilustrado en Colombia es un coletazo de lo que ocurrió en Europa, y especialmente en España, hacia 2005. Mancera, por su parte, intuye que esta tendencia es un asunto generacional: “Vivimos en un mundo digital en el que permanentemente consumimos imágenes, hasta el punto que estas pierden el sentido. Así que nosotros, una generación joven que creció entre libros, decidimos volver a ellos para a apreciar la imagen otra vez. Pero esto es una moda. En los años ochenta fue la pintura, en los noventa, el videoarte, y ahora, el libro ilustrado”. Juan Pablo Fajardo –cofundador de La silueta– piensa que en este florecimiento han sido claves las editoriales independientes, que han llegado a llenar vacíos y a innovar, y considera que también ha influido el hecho de que el dibujo esté en boga: “Ahora tenemos muchos buenos dibujantes en Colombia y eso va de la mano con los libros”. 

 

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El fenómeno

Los artistas que hacen libros tienen algo de románticos y mucho de locos. Incursionan en una industria en crisis y no les interesa tener bestsellers: “Una de nuestras políticas es no reeditar –cuenta Marco Sosa–. Nuestro primer fanzine, el de The Smiths, ya se agotó y no lo volveremos a imprimir. Queremos ofrecer cosas nuevas siempre”. Las publicaciones de Catalina Jaramillo hacen parte de una categoría denominada "libro de artista", en la que se producen proyectos que pueden tener una única copia o hasta diez.   

Lo que buscan los artistas en el mundo editorial es ofrecer libros excepcionales que hagan que el comprador sienta que tiene algo especial entre sus manos –los tirajes por lo general oscilan entre los 500 y los 1000 ejemplares–. Y esto no solo lo logran a partir del juego con formatos, tipografías, materiales o ilustraciones, que hacen que la publicación sea en sí misma una obra de arte, sino con temáticas con las que la gente se conecta. En La distancia entre extraños, Mónica Naranjo muestra cómo vivió los primeros meses de su estadía en Londres a partir de sus inquietantes viajes en el metro, donde empezó a sentir afecto por las personas con las que compartía los recorridos que hacía. Paola Gaviria, mejor conocida como Power Paola, cuenta cómo es estar en su piel en las novelas gráficas Virus Tropical 1, 2 y 3. María Isabel López se atreve a enfrentar sus miedos y neurosis en Phobia. Al estilo de Mancera, estas artistas dan a conocer los asuntos más íntimos de sus vidas, con los cuales se identifica el público lector.

 

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“Lo que a uno le interesa como artista es comunicarse –explica Jean Paul Zapata–. Yo busco que mi obra deje de ser monólogo para convertirse en conversación a partir de mi interpretación del mundo y su traducción en imágenes, por eso es tan especial la idea de llegar a mucha gente”. 

No todos los libros ilustrados son historias personales, pero las más diversas temáticas, al apoyarse en la imagen, atrapan a todo tipo de lectores: a los niños, a las personas vinculadas al arte y a los amantes de las letras, que disfrutan el romance entre el dibujo y el texto. Cuando a esto se le suma el hecho de que se consiguen publicaciones desde 7000 pesos, se entiende por qué, a pesar de que la industria esté en crisis, los bibliófilos compran estos libros y los atesoran, y por qué los ilustradores deciden publicarlos. La idea no es enriquecerse, lo que importa es establecer un vínculoi los artistas logran crearlo y a la vez vivir del arte, duermen tranquilos.