¿Por qué esta orquesta no tiene director?

Fidel Cano, director de /El espectador/, se lo pregunta a los integrantes de la Orquesta de Cámara Orpheus, invitada al VIII Cartagena Festival Internacional de Música.
¿Por qué esta orquesta no tiene director?

La orquesta de cámara Orpheus lleva más de cuarenta años exhibiendo un curioso virtuosismo que, además, se ha trasladado al campo empresarial: tocar sin director, lo que quiere decir, trabajar sin un jefe, más o menos el sueño de cualquier empleado. ¿Acaso ningún conductor ha pasado la entrevista laboral? ¿Son tan exigentes que no hay uno que les dé la talla? ¿O más bien no tienen plata para pagar uno? ¿Han preferido, acaso, la conciencia colectiva que entregarse a la responsabilidad restrictiva?

El director de El espectador, Fidel Cano, hizo eco de todos estos interrogantes, generalizados para todo aquel que haya escuchado la orquesta Orpheus, y se los preguntó directamente a ellos, en la conversación que sostuvo con Laura Frautschi, directora artística, y Krishna Thiagarajan, director ejecutivo.

¿Por qué decidieron que era mejor matar al director?

Krishna: Nunca hubo una intención de matar al director. Sucedió en medio de una situación muy difícil, durante la recesión de los años setenta en Estados Unidos. No había muchas oportunidades. Un grupo de músicos que habían tocado juntos en un cuarteto, resolvieron trasladar la experiencia de un cuarteto a una orquesta de cámara completa, pero sin perder el control de la organización. La solución fue seguir trabajando en conjunto. El director supone un sistema jerárquico que queríamos evitar, para concentrarnos en la música más que en administrar egos.

 

Sin dirección, ¿valen lo mismo todas las voces, tanto las de los jóvenes como las de los experimentados?

Laura: Una de las cosas que nos mantiene vitales es la mezcla de generaciones. Hay músicos que llevan décadas y otros que apenas han ingresado. Los de más edad han pasado por todas las fases y han construido una memoria institucional que luego confrontan con los que nunca han tocado las piezas antes. Así se pueden romper los hábitos y los patrones. Los antiguos pueden escuchar a los jóvenes y decir «¡esto es maravilloso, toquemos así», y viceversa. Nos dejamos sorprender por igual. Las voces de todos tienen el mismo valor.  

 

¿Pero no les pasa, como en otros ámbitos empresariales, que los jóvenes no se atreven a tomar decisiones sin un líder que los guíe?

Laura: No. La gente que toca con nosotros ya tiene direccionada su personalidad. Son músicos con experiencia, que han tocado en tríos y cuartetos. Saben que su contribución es valiosa y que eso es lo que esperamos de ellos. No conozco alguien que toque con nosotros con una mentalidad pasiva. 

Krishna: Ese problema sí lo tenemos en el lado administrativo. Los jóvenes tienen cierta renuencia a tomar decisiones. Hay aversión al riesgo. Lo que hacemos es que les decimos que no hay pirámides en la oficina, sino grupos asociados a proyectos. El liderazgo se rota: hay grupos de planeación, de logística, de programación. En el proceso de entrenamiento alentamos a los miembros a que tomen, aunque con prudencia, sus propias decisiones. Con el tiempo, la cosa funciona. En Orpheus ganan muchas destrezas.

 

Ya en el escenario, a falta de director, los músicos andan muy pendientes de lo que hacen los otros. ¿Eso no es una distracción?

Laura: Como músicos, estamos entrenados para las multitareas, sobre todo cuando uno ha pasado por un cuarteto. Coordinamos las transiciones y quién da la pauta en qué momento. No es una distracción sino todo lo contrario.

 

140107_Conversatorio_DS_0019 David Schwarz

Cuando las discusiones se extienden demasiado, el editor de El espectador, Jorge Cardona, dice que «Demasiada democracia no es sana», y sé que debo parar y tomar una decisión. ¿Cómo maneja Orpheus la «demasiada» democracia?

Krishna: Hay una diferencia entre democracia y caos. Nosotros evitamos el caos, lo que quiere decir que nos guiamos por reglas, sentido común y experticia. Estas tres características son mediadas por la confianza. Debemos confiar. Yo confío en mis músicos cuando me abordan con sus problemas. Los músicos confían en mis decisiones. La confianza es el elemento más importante, incluso si es una decisión dolorosa.

Laura: Lo otro es el respeto. Puede haber diferencias fuertes entre los músicos, pero al final todos queremos estar en la tarima, tocando. Así que llegamos a consensos. Todo el mundo puede tener pasión, incluso ira, pero nos apartamos de las discusiones cuando saltamos a la tarima. No es solo un liderazgo temporal, hay una jerarquía invisible en cuanto a quién toma las decisiones musicales. El líder de violín es, generalmente, quien toma la decisión final.

 

¿Cómo hacen responsable a quien falla?

Krishna: Hay dos tipos de errores, los que fortalecen y los que no. Los errores que fortalecen hay que informarlos enseguida, porque si no, crecen. Los que no se pueden corregir, como cuando hay personas maliciosas con el dinero, pues el castigo es radical: salir de ellas. Esto desde el punto administrativo.

En el campo de la orquesta, tenemos un sistema de dirección rotativa, de tres directores artísticos por período, elegidos por los propios músicos. Ellos analizan las posibles fallas, pero en general, la gente adora trabajar en Orpheus. Un estudio hecho por la Universidad de Harvard hace unos treinta años, dio como resultado que entre la gente que menos disfrutaba su trabajo estaban los carceleros y los directores de orquesta, por el ambiente tan restrictivo. En Orpheus todo el mundo tiene derecho a su opinión, y todas las opiniones las tomamos en serio. En cambio, en una orquesta tradicional hay jerarquías. Cuando llegas, alguien te dice: «Yo soy primero, él el segundo, etcétera. Usted interprete y se calla la boca».

 

En una dirección que va rotando, ¿cómo hacen para que el liderazgo no caiga en manos equivocadas?

Laura: Hay roles para diferentes tipos de responsabilidad. Hay gente excelente para acuerdos de negociación; hay otros que no son diplomáticos pero que pelean por la causa. La gente se autopostula en lo que siente que puede aportar y liderar. Pero, por otro lado, hay elecciones. El grupo entero decide quién quiere que esté en qué responsabilidad. 

 

Y si llega la oportunidad de tocar en una filarmónica maravillosa, con un mejor sueldo, ¿regresaría Laura a una orquesta con director?

No me sentiría muy cómoda. Tener proyectos autónomos y tan variados como los nuestros no lo cambiaría por nada.

 

¿Y cómo manejan las crisis económicas en Orpheus?

Krishna Thiagarajan, director ejecutivo: Los ejecutivos de las orquestas tradicionales no comparten los números con sus músicos, creen que eso sería una debilidad a la hora de negociar con los sindicatos. Nosotros tenemos las puertas abiertas. Y eso es bueno. Todos los músicos pueden ver los números. Lo que pido es que me dejen explicarles qué están viendo. Cuando tomamos decisiones difíciles las tomamos en conjunto con base en el entendimiento y no en el miedo.