La vida de Adèle, romance y pasión entre dos jóvenes mujeres

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2013.
La vida de Adèle, romance y pasión entre dos jóvenes mujeres

Dirección: Abdellatif Kechiche Guión: Abdellatif Kechiche, Ghalia Lacroix, basados en la obra de Julie Maroh Reparto: Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux

Hay un curioso contraste entre las dos últimas películas ganadoras de la Palma de Oro en Cannes: Amor, de Michael Haneke, triunfadora en 2012, y La vida de Adèle, del director tunesino Abdellatif Kechiche, triunfadora en 2013. Si la primera concentró su atención en la intimidad de una pareja en la vejez, la segunda se ha ocupado de la intimidad en la juventud, en el despertar sexual de una quinceañera que se enamora de una estudiante de artes que tiene el pelo teñido de azul.

Si Haneke se aproximó a la senectud con el pudor que merece la tercera edad, Kechiche hizo lo opuesto: dejar al descubierto, con una minuciosidad agotadora y sin recato alguno, el romance y la pasión entre dos jóvenes mujeres que se flechan desde la primera escena. Esa mirada inicial, ocurrida en el cruce de una calle y que debe demorar acaso unos doce segundos, le exigió a las protagonistas, Adèle Exarchopoulos (Adèle) y Léa Seydoux (Emma), todo un día de trabajo. Ya podrán imaginar cómo fue el resto: cinco meses y medio de filmación en orden cronológico para extraer las tres horas que dura la película.

Basada en la novela gráfica El azul es el color más caliente, de Julie Maroh, la cinta es de una sensualidad agobiante. Basta con decir que la primera secuencia de sexo (totalmente explícita) dura ocho minutos. Sin embargo, más allá de las imágenes eróticas, que acaso le permiten a uno descubrir el grado de intensidad física con que se llegan a amar Adele y Emma, está la experiencia de Adèle en esa relación, con sus arrebatos de celos, de dudas, de ingenuidad, de soledad, de tránsito hacia su madurez y, finalmente, hacia su aceptación.

Después del estreno de la película, Exarchopoulos y Seydoux hablaron sobre cómo habían logrado tan impresionante trabajo actoral, que provocó que por primera vez en la historia de Cannes el jurado haya otorgado dos premios a mejor actriz principal: el método rayano en la tortura y el bullying con el que Kechiche les exprimió todo su talento hasta dejarlas prácticamente vacías. Y no solo a ellas, sino a todo el equipo de producción, en jornadas que se extendían por 16 horas diarias.

Al margen de la discusión sobre la explotación laboral y psicológica utilizada por Kechiche, el resultado es extraordinario. Por algo Kechiche también ganó el premio al mejor director.  

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Proximamente en Cine Colombia.