«El sexismo sigue siendo la ley dominante» Virginie Despentes

Esta francesa es nuestra tercera razón para ir al Hay Festival.
«El sexismo sigue siendo la ley dominante» Virginie Despentes

Es valiente y osada. A los 17 años, esta escritora y cineasta francesa fue víctima de una violación, pero nunca permitió que eso la definiera o la hiciera vulnerable. Fue prostituta y se arriesgó a decir que es un trabajo que le resultó más fácil y más digno que muchos otros. Y escribió Fóllame, un libro polémico en el que dos mujeres salían armadas con un revólver y ansias de venganza luego de ser abusadas.     

La difícil vida de Despentes le permitió encontrar una voz cruda, atrevida y profunda que, con una película producida y nueve libros escritos, le ha dado la posibilidad de empezar una pequeña revolución de los marginados en una sociedad que necesita vivir bajo unos estándares para no caer en el caos que provoca la diversidad y la libertad de pensamiento. 

«Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica», escribe en su libro Teoría King Kong, porque Despentes se considera una de ellas, una inadecuada que entendió que no debía sentir vergüenza por ser  y pensar diferente: «No me interesa casarme, tener hijos e intentar pesar menos de 65 kilos –le explicó a CROMOS–. Para las que se sienten como yo, es buena idea la insurrección del género».

Despentes, entonces, milita en un movimiento feminista que busca ir en contra de la norma, de los estándares que determinan que los hombres sean de una manera y las mujeres de otra. «A los hombres y a las mujeres los diferencian un conjunto de leyes, tradiciones y rituales que hacen que unos se sientan a cargo y otros encerrados, y que manipulan tanto que llevan a pensar que esta organización es fruto de leyes naturales que no deben ser cuestionadas». 

Para ella la feminidad no existe como una característica biológica de todas las mujeres. Y tampoco cree que la virilidad reúna al género masculino. Para ella Bruce Willis es muy diferente a Woody Allen. Por eso hoy, a sus 50 años, siente frustración de haber pasado tanto tiempo obedeciendo las reglas: «Fui heterosexual hasta los 35. Hay tantas mujeres con las que no he tenido sexo… Me parece triste». 

Su forma de afrontar el feminismo ha chocado con las feministas ortodoxas. Ellas no están de acuerdo con que Despentes diga que la violación es un riesgo inevitable e inherente a la condición femenina. Tampoco les gusta que confiese que le gustó ser prostituta porque prefiere trabajar con hombres desnudos que con pequeños jefes vestidos. Y no aprueban que escribiera una apología a la violencia como respuesta a una violación, a pesar de que el argumento de esa historia sea una reflexión sobre su propio trauma: «Cuando me violaron llevaba en el bolsillo de mi maleta una navaja. Ni siquiera pensé en utilizarla. Estoy furiosa contra una sociedad que nunca me enseñó a golpear a un hombre si me abre las piernas a la fuerza». Pero a ella poco le importa lo que diga el feminismo ortodoxo. Su objetivo, justamente, es salirse de los márgenes.   

***

Viernes  31 de enero

En conversación con Guadalupe Nettel

Salón Santa Clara 7:30 p.m.