Clive Owen, si lo vio en cine, véalo ahora en Cartagena

El actor británico, que saltó a la fama por su actuación en Closer, será la gran estrella del Festival Internacional de Cine, que empieza por estos días. ¡Todo un galán!
Clive Owen, si lo vio en cine, véalo ahora en Cartagena

Era de esperarse. Por medio de su agente, Clive Owen mandó decir que no daría entrevista alguna antes de aterrizar en Cartagena como invitado especial del 54º Festival Internacional de Cine. Owen tiene fama de que lo que opinen sobre su silencio los periodistas le tiene sin cuidado. Pocas veces ha hablado de sí mismo y cuando habla de sus películas, lo ha hecho por compromiso y con respuestas más bien lacónicas y obvias; neutras, por decirlo de otra manera, con la discreción de quien prefiere conservar su integridad a entregarse al espectáculo.

Tal vez por eso quienes lo han entrevistado se han visto forzados a especular sobre «ese halo de misterio que lo rodea» y a tratar de extraer la descripción de su enigmático temperamento de los personajes que interpreta, muchos de ellos sombríos y melancólicos, con un inescrutable sufrimiento en su interior. Hasta Tom Chiarella, célebre periodista de la revista Esquire, cayó en la trampa cuando lo citó, para la edición de marzo de 2009, en un hipódromo de París. Chiarella supuso que, en medio de la distensión que provocarían las carreras de caballos en un hombre que, como Owen, adora la hípica, podría desentrañar algo de su alma distante. Y estuvo a punto de convencerse él mismo de que lo había logrado hasta que Owen se echó a reír:  «¿Crees que te estoy mostrando algo de mi alma?».

Chiarella intentó poner en evidencia el carácter de Owen por otros medios, asociando personajes que se muestran de gabardina, con la barba de tres días y cierto aire de tristeza displicente, como en Hijos de los hombres (2006), de Alfonso Cuarón; The international (2009), de Tom Tykwer; Shoot'em up (2007), de Michael Davis, y Sin City (2005), de Frank Miller. Y entonces le preguntó a Julia Roberts, que trabajó con él en Closer (2004) y Duplicity (2009), si había algo de ese temperamento en Owen. «No lo creo –afirmó Julia–. Es la felicidad y la seguridad que tiene en la vida lo que llama la atención a donde entra».

Solo que esa felicidad se la guarda Owen para sus momentos espontáneos. Por ejemplo, para cuando está con su familia, o para cuando está en el estadio, vitoreando a su equipo del alma: el Liverpool. «Cuando estoy fuera de casa, prefiero la multitud, el partido de fútbol, el canto, la gente meciéndose alrededor. Me gusta disfrutar de ese ritual. Los ojos de todos están puestos en el terreno de juego y a nadie le importa si eres una estrella de cine de mierda».

 

Camino a la fama

Esa «estrella de cine de mierda» nació hace 49 años en Coventry, Inglaterra, una ciudad de poco más de 300 000 habitantes, conocida por ser la más alejada de la costa británica y porque, debido a su poder industrial, fue la más afectada por los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Cuarto entre cinco hermanos, creció en un barrio obrero de la mano de su madre y de su padrastro, luego de que su padre biológico abandonara a su familia cuando Owen tenía tres años. A los trece, vivió su propia epifanía. Interpretó un pequeño papel en Oliver, la famosa obra basada en la novela de Charles Dickens, y quedó encantado. En adelante su fijación sería la de ser actor. Como suele suceder en estos casos, nadie le creyó.

Más tarde, por pura obstinación, pudo acceder a la Academia Real de Arte Dramático y sucedió su segunda visión. A los 19 años, interpretando a Romeo en Romeo y Julieta, se enamoró realmente de quien hacía las veces de Julieta. Esa Julieta, de nombre Sarah-Jane Fenton, es nadie menos que su esposa y la madre de sus dos hijos.

Tras prepararse en el teatro, se dio a conocer en la televisión en la serie Chancer, emitida entre 1990 y 1991. Luego saltó por fin al cine y en 1998 ganó el papel principal en la película Croupier, la historia de un aspirante a escritor que trabaja en un casino y describe con frialdad aquel mundo sombrío en el que termina involucrado.

Su interpretación llamó tanto la atención que el legendario director Robert Altman lo tuvo en cuenta para su película Gosfort Park (2001). Sin embargo, su gran salto a la fama ocurriría tres años después, cuando interpretó a Larry en Closer, la adaptación al cine de la obra de teatro de Patrick Marber, que dirigió Mike Nichols y que Owen protagonizó al lado de Jude Law, Julia Roberts y Natalie Portman. 

La cinta expone los vaivenes emocionales de dos parejas (Dan y Alice, Larry y Anna) que se disputan mutuamente el amor de sus respectivos cónyuges. Dan (Jude Law), un periodista de obituarios con ínfulas de escritor, se muestra al principio muy seguro de sí mismo, dueño del mundo que se le está abriendo ahora que es un novelista famoso. Larry (Clive Owen), médico cirujano, inicia en cambio su recorrido por la película en un plan más bien patético. Había que verlo, encerrado en su consultorio médico, con las persianas abajo, en pleno ajetreo laboral, flirteando con la bragueta abierta en un chat de Internet con una supuesta mujer (es Dan, bromeando con un anónimo) que lo cortejaba con palabras obscenas y otras irreverencias sexuales. Un pobre diablo que, además, tragó el anzuelo de inmediato: una cita falsa en el acuario de Londres a la hora del almuerzo, para conocerse de frente y fornicar de verdad.

Pero poco a poco Larry va adueñándose de la cinta. Al fin y al cabo, no era tan patético como parecía, sino un hombre astuto que, finalmente, deja a Dan en absoluto ridículo. La explosiva actuación de Owen  le valió un Globo de Oro y una candidatura al Óscar a mejor actor de reparto. Julia Roberts, que interpretó a Anna, comentaría al respecto: «Era absolutamente feroz frente a la cámara. Cuando filmamos Closer solía hacerme llorar. Fue una especie de terrorista emocional».

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Curiosamente, Owen había hecho de Dan en las tablas, dirigido por el propio autor de la obra, Patrick Marber, y así supo extraer deliciosamente en la pantalla el lado opuesto, la historia vista a través de los ojos de Larry. Quizás ese haya sido el secreto, o más bien la ventaja, de tan detonante interpretación.

Porque a partir de entonces, Clive Owen empezó a forjar la imagen de hombre rudo pero sensible, angustiado pero decidido, lacónico pero expresivo, con el que ha hecho carrera sin inmutarse, sin alterarse por la fama, tal vez porque le llegó relativamente tarde, a los 35 años, cuando ya podía tener el control sobre la vertiginosa realidad del estrellato. «Prefiero mil veces que el éxito haya llegado más tarde. Cuando eres joven es muy fácil volverse loco».

 

Cuestión de método

Owen se ha dado el lujo de trabajar con directores de la talla de Altman, de Cuarón, de Spike Lee, de Tom Tykwer, y de alternar con figuras como Julia Roberts, Keira Knightley, Julianne Moore y Kate Blanchett y, no obstante, mantenerse al margen de toda la fantasía que rodea la industria cinematográfica. 

Según se desprende de sus declaraciones a la prensa, para Owen la actuación es tan solo un trabajo que disfruta, pero un trabajo al fin, al que hay que entregarse con profesionalismo pero sin ínfulas. Robert Altman, por ejemplo, quedó sorprendido cuando, durante el ensayo de una escena de Gosfort Park, en la que Owen debía hablar, se le acercó para sugerirle que sería mejor quedarse callado. El director le contestó: «Estás en un elenco como este, con toda esta gente, todos luchando por un espacio, y tú deseas cortar tus líneas. ¿Estás loco Owen?».

Mike Nichols, director de Closer, elogió su sorprendente capacidad para desprenderse del personaje, el mejor ejemplo de que es posible ser un buen actor sin necesidad de apegarse al método del Actor’s Studio, que exige aplicar las propias cargas emocionales en el desarrollo de la interpretación. Owen simplemente aprende sus líneas, las dice y luego se va para la casa. La vida continúa sin que le afecte lo que acaba de actuar.

Quizás lo que mejor retrate su estilo sean las palabras que el director de teatro Patrick Marber pronunció para The Guardian: «Owen no tiene la necesidad sentimental de ser querido por el público. La mayoría de nosotros entra al mundo del espectáculo con el fin de ser admirado. Clive no.»

En Cartagena, sin embargo, será imposible no darse cuenta de su fama y del cariño que le profesan sus fanáticos. Owen no solo es una de las estrellas más rutilantes del momento en Hollywood, sino que además es uno de los actores más apuestos de la industria. Sus películas han recaudado más de 500 millones de dólares y su reputación, que se alimentará con el estreno por estos días de su más reciente filme, Blood Ties, lo precede. Perfecto para atraer la atención mundial al Festival, algo que no le viene nada mal a un certamen que, a pesar de ser el más antiguo de América Latina, tiene que competir con 8000 festivales más alrededor del mundo, incluidos no menos de 300 en Brasil y 200 en México.

Cartagena no tiene cómo negociar la presencia de las estrellas tal y como lo hacen festivales con más presupuesto. Son los contactos y las casualidades los que mueven la ruleta de las invitaciones y, claro, de las aceptaciones. En este caso, se dio la suerte de que Owen estaba filmando un comercial bajo la dirección del colombiano Simón Brand, quien además estrenará una película durante el festival. Según cuenta Monika Vagenberg, directora artística y amiga de Brand, Owen se mostró interesado en filmar una película en la Heroica con Brand, y qué mejor oportunidad de dejarse tentar del proyecto que asistiendo al festival.

A partir de ese momento, todo empezó a fluir con los agentes de Owen. Las condiciones no fueron ostentosas, pero sí claras: vuelo directo en primera clase en la aerolínea que él y su comitiva de cuatro personas escogieran; la discreción necesaria durante la estadía y, por supuesto, una oportunidad para conocer la ciudad y visitar las islas del Rosario. En consecuencia, todo indica que Clive Owen llegará de incógnito y con tratamiento especial en inmigración, antes de que sea homenajeado la noche del viernes 14 de marzo, en el teatro Adolfo Mejía, con un India Catalina a su trayectoria como actor.

En principio, Owen ha accedido a realizar un conversatorio y una rueda de prensa, además de asistir a algunos eventos sociales a los que se ha comprometido. Pero la idea es que, como ya ha sucedido con otras estrellas, más relajado bajo el calor del trópico cartagenero, acepte entrevistas particulares. Sin embargo, no hay que emocionarse. Owen no dirá mucho más de lo que ya se sabe. Al fin y al cabo, lo tiene muy claro: «Tener una vida fuera de la industria es lo más importante». Y eso significa no decir nada por fuera de lo que tiene programado.