Manos sucias, la película colombo-estadounidense, se estrenó en el FICCI

Retratar la violencia que se vive en el Pacífico colombiano en vez de hacer una comedia romántica americana, fue la razón para que Josef Kubota realizara Manos sucias.
Manos sucias, la película colombo-estadounidense, se estrenó en el FICCI

Cuando se habla de una producción colombiana de cine se presenta un imaginario común descifrando la historia para contar, que en su mayoría es sobre la violencia que vive el país. A varios colombianos les cansa o molesta ver siempre la misma temática, pero, ¿qué hacer si es la realidad? ¿Si es una manera de comunicar lo que sucede en los pueblos olvidados? ¿De recordar que hay colombianos que exponen su vida y la de los demás para poder sobrevivir? Y, ¿qué es una forma de darle voz a los que no la tienen?

Pues este es el caso de Manos sucias una película que participa por estos días en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias en la Competencia Oficial Cine Colombiano y que cuenta, sin necesidad de involucrar mucho a los capos, la historia de dos hermanos de Buenaventura, Delio y Jacobo, que desde muy jóvenes ingresan al tráfico de droga que se vive por el Pacífico colombiano. Fingir ser pescadores y embarcase en un viaje en el que deben arrastran bajo el agua un narco-torpedo con 100 kilos de cocaína para entregarlo en unas coordenadas misteriosas, los lleva a pasar por situaciones riesgosas con tal de lograr sobrevivir y tener la oportunidad de cambiar sus vidas.  

La historia, por sí sola, es fuerte y conmovedora, y aunque visualmente hay movimientos constantes, el espectador se involucra fácilmente, siente ansiedad, miedo, dolor, llora, luego escucha detenidamente Buenaventura y Caney, canción del Grupo Niche; la canta, sonríe, e imagina al finalizar la película el futuro de los personajes. 

Pero, ¿quién está detrás de esta historia? Josef Kubota Wladyka, un director de cine estadounidense, que a sus 32 años lanza su primera película, Manos sucias, en un país diferente al suyo. 

La curiosidad por las personas y los lugares del mundo lo trajeron a Colombia en 2007, «En esa oportunidad, visité con mi amigo Alan Blanco la costa del Pacífico. Nuestro viaje fue a través de unos botes con pescadores. Los nativos compartieron historias de tanques de cocaína que llegaban a sus orillas y de cómo el narcotráfico ha afectado a las comunidades pesqueras. Entre más continuábamos hacia el norte del pacífico, más obtenía información acerca de narcos, paramilitares y guerrilleros que acosan a las personas de esta región. Fue así como descubrí que había algo para contar».

Mientras estudiaba cine en la Universidad de Nueva York, viajaba con frecuencia a Colombia para pesquisar con más detalle las historias de estos hombres que trafican droga. Su investigación duró cinco años, en ese tiempo pasó el reto como extranjero en lugares complicados de Buenaventura gracias a que siempre fue transparente con los habitantes cumpliendo con mucho más que su objetivo principal, «Como no hay una infraestructura cineasta en Buenaventura, desarrollamos talleres de producción para la comunidad durante nuestra preproducción, e invitamos a muchos de nuestros estudiantes a actuar y hacer parte del equipo de la película. Por lo tanto nos dieron acceso a rodar en comunidades desplazadas y en áreas donde nunca nadie ha filmado antes». 

«La trama fue inspirada en el viaje en una lancha rápida de un hombre de la vida real. Los personajes crecieron orgánicamente de todas las diferentes personas que conocí por medio de mis viajes». Esto le gustó al gran Spike Lee, quien fue su profesor en la universidad. «Él ya sabía de mi idea de hacer una película en Colombia, así que cuando le mostré las imágenes que capturé le gustó la idea porque muestra un lado cercano de la historia de las drogas que nadie ve. Pero además, porque a Spike le gusta darles voz a los que no la tienen, como, por ejemplo, por medio de una película».

Y fue tanto su gusto por el trabajo de Josef que le dio una beca para que pudiera terminar su proyecto, lo aconsejó durante el proceso y prestó su nombre como productor ejecutivo «Spike es bastante generoso y amable, estoy muy agradecido con él». 

Josef ya estrenó su película a nivel mundial en Cartagena, y, además de sentir felicidad por haberlo logrado, siente, al igual que su equipo de producción, admiración por los que viven en Buenaventura que consiguen salir adelante a pesar de su realidad. ¡Un ejemplo de vida!, como él mismo lo dice.

 

 

 

últimas noticias

El amor en blanco y negro