Manos Sucias, una sombra sobre el Pacífico

Josef Kubota se internó en el Pacífico colombiano para construir una historia de narcotráfico en Buenaventura que no tiene nada que ver con los clichés de Hollywood. El resultado es Manos sucias, una película respaldada nada menos que por Spike Lee.

Manos Sucias, una cinta que retrata la realidad de Buenaventura
«¿Cómo un pueblo tan pacífico como Buenaventura ahora está en este drama?», se pregunta Jarlin Martínez. Sus ojos tienen la distracción de quien mira el mar. Un día una cabeza en un costal, otro día un cuerpo tirado sobre la calle. A Jarlin le sobraron razones para marcharse de su pueblo y probar suerte en otro lugar. Probar suerte en lo que fuera, aunque lo suyo es la actuación. «Yo alcancé a venir cuatro veces a Bogotá y, por falta de oportunidades, me regresaba a Buenaventura», confiesa. El sueño de ser actor lo alimentó siendo vendedor ambulante, pizzero y obrero. Cuando sintió que el tren se le estaba yendo, apareció en su camino Manos sucias, la película que los estadounidenses Josef Kubota y Alan Blanco querían filmar en Buenaventura. Confianza no le faltó para presentarse al casting. Fue un intento de muchos que lo devolverían sobre sus pasos en Buenaventura.
 
Lo que los estadounidenses vieron en él durante su interpretación de Jacobo, le abrió la puerta que había estado tocando durante años. «Lo que más me enganchó de Manos sucias fue la dignidad de sus personajes. Hay una frase de Tego Calderón que dice: “Los niches ni sufriendo dejan de ser felices”. Esta frase, a su vez, resume el argumento de la película», dice Jarlin. 
 
No iba a estar solo en el proyecto. A Cristian Advíncula, quien encarna a Delio, el otro protagonista, lo agarró el papel empezando la carrera de arte dramático en la Universidad del Valle. Se presentó a audición y, de igual manera, dio con lo que estaban buscando los productores.
 

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En un viaje por la costa pacífica nació la historia de Jacobo y Delio, dos hermanos que deben transportar 100 kilos de cocaína por el mar. En el 2006 el paisaje social y cultural de Ladrilleros, Bahía Solano y Tumaco marcó a Kubota. Sin saber español y motivado por un amigo caleño que conoció en Estados Unidos, este realizador recorrió el litoral negro con una mochila, un cuaderno y un lapicero. Entonces Buenaventura ya no era el pueblo pacífico que con nostalgia recuerda Jarlin. «Durante ese viaje recolecté historias en mi diario –confiesa Kubota–. Los nativos compartían relatos de tanques de cocaína llegando a sus orillas. Cuanto más continuábamos hacia el norte, obteníamos numerosas historias de narcos, paramilitares y guerrilleros que acosan a las personas». Los envíos de droga a través de submarinos artesanales reflejaban la sofisticación del negocio y Kubota supo que por ahí tendría que ir su filme. Con Alan Blanco escribió el guion, que estará en cartelera desde el 9 de octubre. El argumento de la cinta, que contó con el apoyo en producción del afamado director Spike Lee, lo resume así: «Manos sucias muestra el lado de la gente que es absorbida por el narcotráfico». 
 
Los hermosos acantilados, las patrullas navales y los grupos armados ilegales son permanentes en esta producción. El panorama ofrece peligros que Jacobo y Delio están dispuestos a enfrentar para palear la pobreza. En una lancha no se puede hablar todo el tiempo, por eso en Manos sucias hay silencios permanentes que son interrumpidos por las olas. «Dependiendo de las escenas, ensayábamos mucho. Las más difíciles fueron las de mar afuera. En el rodaje hubo gente que se mareó por la marea brava», sostiene Advíncula. 
 
Así como en un momento de la película en que la lancha que arrastra la droga se queda sin gasolina, a Josef y a su equipo se les acabaron los recursos en pleno rodaje. Sin embargo, no se podían ir de Buenaventura sin concluir Manos sucias. «Hicimos varios talleres en el barrio El Jardín para financiar la película. Nos tocó ingeniárnosla para buscar dinero», afirma Josef. Al principio las cosas no salieron según lo planeado, pero Jarlin da fe del profesionalismo del director. «Los estadounidenses tienen un nivel de exigencia sorprendente. Josef trajo a un traductor caleño llamado Orlando que nos supo transmitir la intención del director».
 

 
Lo que Kubota plasmó en 78 minutos se enfrenta al prejuicio del típico tema latinoamericano visto por estadounidenses. Al respecto, el guionista Alan Blanco opina: «El nuestro es un punto de vista de dos foráneos que apuntaron a una visión única. Nosotros tratamos sin prejuicios a Colombia, con la intención de describir sin clichés una realidad dura. Manos sucias es el resultado de años de investigación y diálogo con todos los que fueron parte de este proyecto. Yo no creo que sea la típica versión estadounidense del problema; espero que los espectadores juzguen como una historia profunda y vívida». 
 
Ahora el público tiene la última palabra. El premio a Mejor director en el Festival de Cine de Tribeca 2014 puede ser el presagio de una taquilla que devolverá el esfuerzo de una producción que quiso retratar con dignidad a un pueblo que se desangra.
 
 
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