X-Men: días del futuro pasado

Lo más interesante de esta séptima parte de X-Men es que muestra a los mutantes como otra minoría más, como lo son las víctimas del machismo, la homofobia, el racismo y la xenofobia.
X-Men: días del futuro pasado

Por primera vez en años, los dos bandos de mutantes deben aliarse: los que son dirigidos por el Profesor X, que tratan de ser aceptados por los humanos desde una posición pacífica, y los liderados por Magneto, que ven al hombre como una amenaza que hay que eliminar. Un científico creó unas máquinas indestructibles para arrasar con todos esos seres extraños nacidos con alteraciones en su organismo, pero el invento le salió mal y acabó con todo lo que encontró en su camino. Solo quedan unos cuantos sobrevivientes sobre el planeta y ante la certeza de que no habrá manera de terminar con esos robots asesinos, Guepardo viaja al pasado para evitar que sean inventados y así salvar el mundo.

Parece una historia de batallas, sangre y poderes que chocan entre sí, pero lo más interesante de esta séptima parte es su lado humano y social: se reitera, a partir de diálogos sensibles y cargados políticamente, que los mutantes no son más que otra minoría, como lo fueron aquellas víctimas del machismo, el racismo o la xenofobia. En una escena en la que se habla sobre la manera en que los mutantes han sido conejillos de indias de experimentación y blancos de múltiples masacres, es inevitable recordar el holocausto judío, los laboratorios en los que los nazis hicieron traumáticas pruebas científicas y las dramáticas cámaras de gas. Así que el espectador llega a reconciliarse con Magneto y sus secuaces, quienes han buscado dignidad, en ese planeta de humanos intolerantes y asesinos, con la idea de que su causa es tan importante que justifica todos los medios. El mundo entero habría querido acabar con Hitler y su ejército; la idea de Magneto es parecida.

Es una película visualmente hermosa y atrayente.  Vale la pena verla solo por el gusto de disfrutar algunas secuencias de efectos especiales, tan precisas y encantadoras que quitan el aliento y obligan a sonreír, como si uno volviera a tener ocho años y a creer en superhéroes. A eso se le suma una cuidadosa y seductora ambientación en los años setenta, que hace que den ganas de devolverse en el tiempo.

Es bien sabido, sin embargo, que los viajes al pasado son peligrosos: cualquier cambio puede tener repercusiones en el futuro, es fácil que los cineastas caigan en anacronismos y que la historia tenga inconsistencias. Efectivamente, los más fervorosos seguidores encontrarán errores y otros saldrán con dudas. No obstante debo repetir: la euforia que produce no se pierde entre esas minucias de fanático psicorrígido.

 

Dirección: Bryan Singer

Guion: Simon Kinberg, Jane Goldman, Simon Kinberg, Matthew Vaughn.

Reparto: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence

Temas relacionados