DALITA NAVARRO Y SU HIJA TRABAJAN JUNTAS POR LA CULTURA LATINOAMERICANA

Luego de conocer las más bellas ciudades de Latinoamérica y el Caribe, estas dos mujeres decidieron compartir lo mejor de estos lugares mediante fotos y libros.
Dalita Navarro y Soledad Reyna, mamá e hija, trabajan juntas por la cultura latinoamericana

Empezaron a trabajar juntas casi sin darse cuenta. Vivían en Venezuela y aunque Soledad estudió Turismo, realmente se dedicó a editar libros que rescataran valores históricos y arquitectónicos;  Dalita, siempre metida en el mundo del arte, empezó a ayudarle a hacer contactos con sus conocidos. Hoy, casi quince años después, las dos viven en Bogotá y siguen trabajando juntas en una empresa ya consolidada que se llama Letrarte Editores.

Soledad es la encargada de editar los libros y Dalita sigue siendo la maga para las relaciones públicas. Eso dice la hija, pero a renglón seguido, la madre acota diciendo que ella también participa con sus opiniones y su experiencia en la elaboración de los libros. Hay un contrapunteo constante entre las dos.

«Es que ella es muy mamá ?dice Soledad con una sonrisa maliciosa?. Siempre quiere tener la razón, quiere imponer sus ideas, pero la editora soy yo».

Dalita se ríe, la deja hablar y luego suelta una frase de elogio para su hija. «Trabajar con ella rejuvenece las ideas. Tiene un gran compromiso. Ella misma recorre los lugares con el fotógrafo, tiene muy buen criterio y una gran sensibilidad. Siendo venezolana, ha ido a pueblos y lugares que no conocen los colombianos».

Las dos hablan con emoción de sus últimos proyectos. Están trabajando, con apoyo de la empresa privada, en una serie de libros sobre los centros históricos de ciudades latinoamericanas y del Caribe que están en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Han hecho decenas de libros, han montado exposiciones fotográficas sobre ciudades colombianas en diferentes partes del mundo y ahora diseñan elementos para la venta en los museos.

«Las relaciones son muy importantes, hay que contactar a gente influyente, pero sobre todo sensible, que entienda la importancia del tema cultural», dice Soledad sobre el trabajo de su mamá. Y rescata, además, que siempre han encontrado respuesta positiva de los patrocinadores y los apoyos y financiadores se han mantenido a lo largo del tiempo.

Su relación es más bien simple. Soledad tiene una oficina, se comunica con su mamá todo el tiempo por teléfono, las dos cuadran sus agendas y se encargan de visitar a sus clientes y patrocinadores. «Menos mal vivimos en casas diferentes –se ríe Soledad–, así después, al otro día, podemos resolver más fácil una diferencia».

La mamá, en cambio, dice que no tienen un método para resolver discrepancias. «Es que de cada contrapunteo siempre sale algo bueno».

 

Foto: Santiago Castro