Así fue el inicio de José Pékerman en el Independiente Medellín de 1975

El argentino y la Federación Colombiana de Fútbol firmaron contrato hasta el 2018.
El día que Pékerman se fijó en Colombia

Tuvo que pasar un mes y siete días para que los colombianos nos enteráramos sí el argentino íba a seguir o no con la dirección de la Selección que nos hizo soñar en Brasil 2014.

Para la alegría de todos, la respuesta es un sí, José Nestor Pékerman continuará por cuatro años más con la Tricolor, «Tras varias semanas de trabajo, con miras al nuevo proyecto para el periodo 2014-2018, la Federación Colombiana de Fútbol en cabeza de su presidente Luis Bedoya Giraldo, se enorgullece en anunciar la continuidad para este ciclo del profesor José Néstor Pékerman», informó la página de la Federación Colombiana de Fútbol.

 

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¿De dónde vienen las ganas del entrenador por estar en Colombia? A continuación, te lo contamos:

 

La juventud colombiana de José Pékerman 

Fuimos a Medellín para conocer cómo comenzó, hace 34 años, su relación con el fútbol nacional y cómo descubrió su vocación de técnico motivado por Osvaldo Zubeldía. Del jugador discreto y casi desconocido al técnico que hoy aman todos los colombianos.

Un gol tiene propiedades terapéuticas. Aunque es fácil de adjetivar, su impacto es difícil de medir. El 20 de abril de 1975, en el Atanasio Girardot,  el Atlético Nacional vencía 3 a 0 al Independiente Medellín. El efecto de las anotaciones era parejo, con fuerza similar. Del lado verde se celebraban  con pasión; del lado rojo se sufrían como puñaladas. Los goles también imparten justicia. Los clubes trabajan en la semana para evitarlos y convertirlos. Aquel Medellín lucía desbalanceado, como si sus integrantes no se entendieran. Pero sin dejarse ahogar por el malestar, el volante José Pékerman se encontró con el gol que le cambió el ánimo al equipo. No es lo mismo irse a casa perdiendo el clásico 3 a 0 que 3 a 1. Carlos Gaviria era lateral derecho. En una época donde los defensas tenían más marca que vocación ofensiva, a él le gustaba pisar el área rival. Pero no lo podía hacer solo, más si arrancaba desde su lote. En el mediocampo su primer apoyo era Pékerman. «Jugábamos los dos por derecha. Yo iba mucho al ataque. Nos entendíamos en la cancha. José era de buena pierna y fuerte. Correteaba, tenía ocho pulmones. Era una hormiguita silenciosa en el mediocampo», dice Gaviria a CROMOS. En los últimos quince minutos de un cotejo que inesperadamente se puso 3 a 2, el jugador de los ocho pulmones hizo la diferencia. Finalizando el segundo tiempo, el árbitro sancionó un tiro libre a favor del Medellín. Pékerman no lo cobró, pero es como si lo hubiera hecho: recogió el balón que se estrelló en la barrera y remató con gran aliento. Gol y paridad tras estar tres metros bajo tierra en el marcador. «La única vez que lo vi saltar de felicidad fue en ese empate a tres. Por su textura rubia, le brillaban los ojos azules. Era una persona muy tímida, había que conocerlo en profundidad para ganarse su confianza».

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Toluca y Tigres de México son los dos únicos clubes que Pékerman ha dirigido. En su país inició en los semilleros de Chacarita y Argentinos Juniors.
 

En las décadas del sesenta y del setenta, Colombia era tierra prometida para los futbolistas argentinos. Primero llegaron Hugo Horacio Lóndero, Juan Carlos Sarnari, Claudio Roberto Bautista, Ángel Ferreira; y luego un puñado que se marchó con más pena que gloria. En 1975, proveniente de Argentinos Juniors, un desconocido Pékerman pisó la capital antioqueña. «De dieciocho en un equipo, seis eran extranjeros. En la titular uno podía encontrar cuatro. Hacerse a un puesto era más complicado que ahora porque los entrenadores preferían a los experimentados por encima de los jóvenes», recuerda Álvaro «Polaco» Escobar, quien defendió los colores del Medellín. Al igual que Gaviria, Escobar estaba en el cuadro rojo cuando Pékerman migró para demostrar sus cualidades. «Era un volante de primera línea. Me precio de haber tenido una muy buena amistad con él. Era agradable y tranquilo. No era de comentarios desobligantes, gozaba con las bromas que hacíamos previo a los entrenamientos. Era muy dedicado, se preparaba al máximo. Aportó dentro de la competencia. Fuera de la cancha parecía pasivo y dentro de ella se le veía con otra actitud», sostiene.

 

BRASIL FUTBOL MUNDIAL 2014

El Independiente Medellín tuvo un buen comienzo de temporada de 1975. De la mano de los canteranos Jorge «Rata» Gallego, Bernardo Aristizábal, Ponciano Castro, clasificó al hexagonal final mostrando un fútbol ofensivo. Sin embargo, en instancias definitivas sucumbió ante Independiente Santa Fe, Millonarios y Deportivo Cali (los tres primeros de la tabla), y en total consiguió apenas cinco puntos, quedando de último detrás de Atlético Bucaramanga y Atlético Junior. «En esa época en que los profesionales podían jugar sin canilleras, los hinchas del Medellín, que desde 1957 no salía campeón, iban al estadio a divertirse con el buen fútbol más que con el resultado. La afición aplaudía el trabajo de Pékerman. Su entrega y su coraje dejaron huella a pesar de que duró poco tiempo», afirma Jorge Hoyos, uno de los seguidores más veteranos del cuadro paisa. En ese entonces, el semillero del inestable Medellín era la Pontificia Bolivariana que, aparte de carreras profesionales, tenía escuela primaria y bachillerato. Los integrantes de sus juveniles alimentaron  a la selección Antioquia campeona del primer torneo de reservas nacional, organizado en 1972. Su entrenador, el normalista Humberto «Tucho» Ortiz, conformó ese equipo, que llegaría al profesionalismo en el Atlético Nacional y en el Independiente Medellín. La obtención del torneo de reservas, que aún se disputa en el país, fue el logro más valioso del profesor de historia antes de dirigir al Medellín en 1974. «Yo me llevé al club los estudiantes que mejor jugaban: a Ponciano Castro, a Álvaro Escobar, a Jorge Gallego, a Nolberto Molina. Esa camada más tarde acompañó a José Pékerman», recuerda Ortiz, que fue su entrenador unos meses en el 75. «El empresario Antonio Patiño trajo a un volante ocho con una lesión en la rodilla. No era un supertalento, pero era útil e inteligente, de perfil bajo. Era simple para jugar en un fútbol donde los jugadores querían mostrar su técnica. Con una madurez única, José era lo opuesto al individualismo. Su saber técnico lo ponía a disposición del equipo. En un amistoso contra Racing de Avellaneda convirtió el único gol del encuentro. Se echó al bolsillo al público. La afición siempre lo respetó por su gallardía».

 

COLOMBIA VS. URUGUAY

En el barrio El Estadio, detrás de lo que hoy es El Obelisco, en un apartamento, se instaló con su esposa Matilde. Con veinticinco años, todavía no era padre, pero la pequeña Vanessa estaba por tocar la puerta de su vida. Carlos Gaviria, con el que realizó varias paredes por la punta derecha en el Atanasio Giradot y otras plazas futboleras, era el compañero con el que más tuvo contacto en el vestuario. «En Colombia compartí mucho Carlos Gaviria, con quien tengo bonitos recuerdos. Fue un estupendo futbolista, muy práctico para desplazarse. Le pegaba bien a la pelota y, como lateral, dejó escuela», aseguró Pékerman muchos años después en una entrevista. Nadie más indicado que Gaviria para rememorar los días que vistieron los colores rojo y azul. «Matilde y José eran muy caseros, casi no salían. Él tenía su pintica, las mujeres de los argentinos eran celosas por lo que ellos despertaban con caminar en la calle. José era muy juicioso. Era la estampa de un argentino antiguo, caballero, como sacado de un tango». 

 

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En los setentas Independiente Medellín no celebró campeonato, pero su fútbol cautivaba.  En 1977, Pékerman compartió vestuario con su compatriota Hugo Lóndero, goleador también en América, Cúcuta y Nacional.

 

Para el nacimiento de Vanessa en el primer año de los Pékerman en Colombia, Gaviria hizo carrera para ser el padrino. La iniciativa se vio truncada con su traspaso al Atlético Bucaramanga. La amistad que les regaló el fútbol la enfrió la lesión de ligamentos de rodilla que sufrió Pékerman al levantarse de la mesa de su casa, al concluir la temporada de 1977. Las incipientes molestias con las que se había calzado los guayos, sumada a la continuidad que tenía en el equipo, frenaron en seco sus aspiraciones.  «A los 28 años se le acabó la vida profesional y entró en depresión. En esos momentos fue su compatriota Osvaldo Zubeldía, el técnico del Atlético Nacional, el que lo animó. Lo invitaba a tomar café, le decía que no se echara a morir porque el fútbol tenía otras oportunidades como la dirección técnica», dice el periodista Javier Hernández Bonnet, quien lo entrevistó en numerosas oportunidades. En un episodio tan duro, las raíces halan. La luna de miel que estaba viviendo en una ciudad que lo acogió y en la que vio nacer a su hija, amagaba con llegar a su fin. Los hinchas a los que supo conquistar con su entrega, lo apoyaron en el proceso de operación y recuperación. «Clasificamos a una Copa Libertadores y toda la gente me preguntaba en la calle: “¿Cuándo va a jugar otra vez?”. Y yo me apuraba con la recuperación, pero la rodilla se me inflamaba. Una mañana le dije a mi esposa que nos íbamos para Argentina, que necesitaba estar en un lugar de confianza, olvidarme de tanto afecto. Estaba a un 50 %, hubiese podido seguir jugando, pero quiero tanto al fútbol que no podía jugar dando ventajas», recordó Pékerman en un canal de televisión argentino. 

 

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Juan Román Riquelme fue la brújula de la selección Argentina en Alemania 2006.  Por considerarlo un volante en vía de extinción en el fútbol, Pékerman lo apodó el «último mohicano».

 

La fiesta mundialista de 1978 agravó su duelo. En la fría Buenos Aires, ver a algunos compañeros defendiendo la camiseta albiceleste estimuló la nostalgia que produce una jubilación tempranera. A la impotencia de no poder correr se le unió la preocupación por el bienestar de su familia. Con una hija a cuestas, a su esposa Matilde le tocó trabajar de docente en una escuela. Con la rodilla lastimada y las manos vacías, un anuncio en el diario mermó su preocupación de desempleado. «La Municipalidad de Buenos Aires anuncia que se abren cupos a autos particulares para prestar servicio de taxi», leyó. Con el Renault 12 que le dio su hermano Tito, algo de pintura y unos formularios, Pékerman se estrenó como taxista en la Copa del Mundo. El alquiler de la casa y la manutención de los suyos no lo iban a vencer. Dentro de él seguía la espinita de la lesión y un mediodía, jugando en un partido de aficionados en Parque Saavedra, encontró el camino que lo devolvería al fútbol. «Jugaba con unos muchachos. Había uno que me invitó a la Pampa a jugar por unos pesitos a las ligas regionales. Con Leonardo Recúpero, un exvolante de Chacarita, fuimos por un periodo. Después, con otro amigo, estuvimos en la liga de saladillo, que era más cerca de Buenos Aires. Con fútbol fui superando el duelo. En Racing de Olavarría estuve un rato antes de inscribirme en un curso con el maestro José Damico para ser director técnico».

 

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«En la fase de negociación, me sorprendió verlo preguntar por sus amigos en Medellín. Yo no sabía que su hija mayor, Vanessa, era colombiana. Al referirse a su nacimiento, noté que hay un sentimiento que supera lo contractual», Luis Bedoya  

 

De 1978 a 1982, mientras manejaba el taxi, José Pékerman estudió Educación Física y Kinesiología. Su experiencia con Damico lo marcó para reestructurar los semilleros argentinos. Durante una década, Chacarita Juniors, Argentinos y Colo Colo se convirtieron en su escuela para desarrollar un plan de trabajo enfocado en modernizar las áreas médicas, crear la figura de psicólogo, videógrafo, estadista, y a estimular la formación en el exterior. En Argentinos promovió los ascensos a primera de Fernando Redondo, Claudio Borghi y Sergio Batista, figuras que posteriormente engrosaron la selección de mayores. «Su labor con los juveniles impresionó en 1994 a Julio Grondona, el presidente de la AFA. Los mundiales sub-20 que ganó en Qatar 95, Malasia 97 y Argentina 2001 fueron inolvidables», escribió el periodista Ezequiel Fernández Moores en una nota titulada «Pékerman, taxista». Gerardo Salorio fue su preparador físico en los tres certámenes y en el Mundial de Alemania 2006. Por teléfono atendió a CROMOS en Buenos Aires para definir a su amigo: «José es un estudioso del fútbol como Zubeldía y es un buscador de talentos como Ángel Labruna. Es un entrenador prolijo que estudia minuciosamente al rival para hacerle daño en la cancha. En Brasil 2014 le faltó suerte a Colombia, como a Argentina en Alemania 2006. En ambos casos, las selecciones de Pékerman cayeron en cuartos de final contra los locales». 

 

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«José es un estudioso del fútbol como Zubeldía y es un buscador de talentos como Ángel Labruna», Gerardo Salorio.  

 

La caída en cuartos de final de la Copa del Mundo disputada hace ocho años fue lo último que realizó Pékerman en Argentina. Sin suerte y por la puerta de atrás, se fue a dirigir en primera división a Toluca (2007 - 2008) y Tigres, en México (2009), sus únicos clubes en treinta años de actividad. A partir de este fracaso no se volvió a tener rastros de él hasta el 2012, cuando Luis Bedoya, director de la Federación Colombiana de Fútbol, cumplió el deseo de una hinchada cansada de ver a la Selección fuera de los mundiales: contratar un técnico extranjero. No podía irse muy lejos para hallar al indicado, por eso eligió a Pékerman. «Yo tuve dudas antes de conocerlo, pero cuando hablé con él, me reafirmé. Las conversaciones fueron muy precisas sobre cómo sería el manejo de la Selección y él conocía a los jugadores colombianos. Había investigado el pasado, el presente y el futuro futbolístico antes de aceptar el ofrecimiento. Fue claro en exponer el manejo que quería, el blindaje, y eso me acabó de convencer», afirma Bedoya, a quien lo sorprendió ver el semblante del profesor cuando se reunieron personalmente en un hotel, como si hubiera anotado aquel remoto gol del empate a tres goles con Atlético Nacional. «Fue impresionante verlo preguntar por sus amigos en Medellín. Yo no sabía que su hija mayor, Vanessa, era colombiana. Al referirse a ella y a su nacimiento, noté que hay un sentimiento que supera lo contractual. Ese lazo afectivo y su esposa, que ama a Colombia, tuvieron mucho que ver para que viniera. Espero que ahora acepte renovar, él sabe que tiene un país que lo quiere». Acepte o no un nuevo proceso,desde el 5 de enero de 2012, día en que asumió las riendas de Colombia, Pékerman le ha devuelto con creces el afecto a un pueblo al que en 1975 lo cobijó sin imaginar los logros que vendrían 34 años despúes, en una inolvidable eliminatoria y el mejor Mundial de su historia. 

 

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Los defensores Carlos Valdés y Camilo Zúñiga, que estuvieron en las convocatorias de José Pékerman, le dedicaron los aplausos del público el pasado 6 de julio en Bogotá.

 

Fotos: EFE - AFP