Entre la furia y la desilusión, estos son los héroes y villanos del Mundial

En todos los mundiales hay estrellas que brillan y otras que decepcionan. Al terminar la primera ronda de brasil 2014 hicimos el recuento de los jugadores que fueron protagonistas por echarse su equipo al hombro o por dejarlo tirado en el fracaso.
Entre la furia y la desilusión, estos son los héroes y villanos del Mundial

Brillan

Arjen Robben, el explosivo holandés de 29 años, es la mejor prueba. Chiflado e insultado después del Mundial de 2010 por errar dos goles en la final contra España, se puso de ruana a Brasil y es, hasta ahora, el mejor jugador del torneo. Ningún ataque de Holanda, en su intimidante grupo B compartido con España, Chile y Australia, lo pasó por alto. Fue uno de los encargados de echar al agua a la selección española, que venía a defender su título. La estrella del Bayern Múnich huele a desquite después de una temporada en la que también cobró revanchas con su club. Como líder, lleva a su equipo de la mano como uno de los candidatos que más suenan para llevarse el trofeo. Trofeo que le ha sido esquivo a Holanda en tres ocasiones que ha llegado a la final.

Solo los años le han dado a Robben la oportunidad de hacer historia. Tal como ha pasado con el veteranísimo Mario Yepes, que ha sido la pared en la que se apoya Colombia. El caleño de 38 años, a un paso del retiro, es el león que le ha permitido al equipo de James y Falcao desarrollarse con soltura y arrollar a sus rivales. Después de más de quince años de carrera, parece que la historia le ha premiado con jugar en la cita más ansiada del fútbol, y nada menos que como líder absoluto. Ninguno en el grupo de Pékerman puede enchufar al equipo con su motivación y su experiencia. Tras una carrera con triunfos en Argentina, Francia e Italia, el hoy defensa del Atalanta italiano lleva a sus espaldas una generación de oro de futbolistas colombianos. 

 

Héroes1
Robben, héroe y verdugo holandés. Yepes, estandarte de Colombia. Ochoa protegió a México de Brasil.

 

Yepes no es el único sobre quien reposa la responsabilidad de un equipo. El cuatro veces Balón de Oro también ha sido llamado a ocupar lo más alto de la historia. Lionel Messi, el genio del fútbol, está arrastrando a una selección confundida por su propio talento que a menudo se esconde en las tinieblas. Solo el brillo de Messi le ha salvado y le ha certificado la permanencia en el Mundial. Con dos soberanos golazos, tiene a su Argentina entre los dieciséis mejores equipos del mundo. El héroe de su país tiene la responsabilidad de arrastrar, así sea de los pelos, a su equipo. 

De otro material están hechos los demás héroes del Mundial. Joel Campbell, por ejemplo, ha sido la punta de lanza con la que Costa Rica se encargó de imponerse en el grupo D contra tres campeones mundiales: Italia, Uruguay e Inglaterra. Con un fútbol obsesivo y concebido magistralmente por Jorge Luis Pinto, Campbell fue clave en todos los partidos que jugó la selección caribeña. Menospreciados desde el sorteo de grupos en diciembre, Costa Rica hoy por hoy está haciendo temblar a las quince naciones restantes que se ubican en octavos de final. Y el talentoso delantero de 22 años, que hoy pertenece al Arsenal inglés y milita en préstamo en Olympiacos de Grecia, ha sido el principal artífice.

Al estilo Campbell, hay un responsable del éxito impensado de México: su arquero, Guillermo Ochoa. El exAmérica de México se jugó el partido de su vida contra Brasil, por la segunda fecha del grupo A, que terminó en tablas y sin goles. A Ochoa, quien fue protagonista de una ola de memes en Internet por su forma impecable de atajar, hoy se le compara con un muro. El empate con Brasil fue el encargado de meterlos entre los mejores dieciséis. Nadie daba un peso por la selección mexicana antes del torneo, después de una clasificación agónica. Ahora, se les ve optimistas para detener a la máquina holandesa, todo gracias a su arquero.

 

Héroes2
Messi arrastra un equipo gris. Suárez, estrella opacada por un mordisco. Campbell llevó por lo alto a Costa Rica.

El más paradigmático personaje del Mundial es Luis Suárez. Con una temporada de ensueño en Inglaterra, en la que terminó como goleador con el Liverpool, estuvo en duda para el torneo por una operación de rodilla un mes antes. Sin Suárez, Uruguay perdió 1-3 ante un brillante Costa Rica. Pero Suárez logró recuperarse para el partido ante Inglaterra, metió dos goles, y protagonizó una clasificación charrúa, noqueando a Italia en el último partido de la fase de grupos, en el que se opacó al pegarle un mordisco criminal a Giorgio Chiellini.

 

Se opacan

Los héroes se vuelven villanos en un pestañeo. El representante de esa estirpe, tristemente, es el arquero campeón del mundo, Íker Casillas. Considerado uno de los mejores de la historia, el portero de 33 años sufrió una goleada vergonzosa a manos de Holanda, cometiendo errores impensables para él, y quitándole toda la seguridad a su equipo. Casillas le tapó dos oportunidades a Robben en la final del 2010, y fue protagonista del título español. España, en 2014, salió humillada.

Brasil tiene una cuota de villano, a pesar de ser el anfitrión. Dani Alves, el lateral que se alimentó de la gloriosa generación que triunfó en Barcelona, en este Mundial ha sido el gran agujero de la defensa carioca que la ha visto sufrir partido tras partido, y que sigue manteniendo a Brasil con serias dudas. Exageradamente confiado, el defensa ha sido polémico en sus declaraciones ante los cuestionamientos a su Selección.

Otra decepción más es la selección inglesa, que, comandada por Steven Gerrard, guía del Liverpool subcampeón inglés, fue otro equipo del montón, que emocionó poco, y cuyas alegrías pasaron por otros jugadores. Lo suyo fue una completa falta de pasión, en una presentación descolorida que probablemente sea su última en el torneo máximo. Antes que dar seguridad, su llegada al Mundial produjo más preguntas que respuestas. Y así se fue.

Villanos
Casillas, figura en 2010 y vergüenza en 2014. La falta de pasión le pasó factura a Gerrard. Pepe, expulsado en el partido con Alemania. Alves, desconectado de su mejor nivel. Un cero a la izquierda resultó Kagawa en 2014.

 

El mayor villano fue Pepe, el central portugués, por su infantil expulsión en el primer partido frente a Alemania, que le abrió la puerta a los teutones para golear sin despeinarse. Como referente de Portugal, el juego del equipo dependía de su capacidad para proteger el arco. Sin embargo, tras un ingenuo cabezazo a Thomas Müller, Pepe se encargó de ganarse una expulsión que lo hizo ver el partido con EE.UU. desde la banca, y que Portugal sufrió hasta último minuto. A pesar de la desaparición de Cristiano Ronaldo de un equipo sin virtudes, las posibilidades de clasificación dependían de él, que no estuvo a la altura.

Las mayores decepciones del Mundial se dieron precisamente por no cumplir las promesas que traía. Shinji Kagawa, el volante habilidoso que juega en el Manchester United, fue una decepción total en la indigna eliminación del equipo nipón. Desaparecido en el tiempo que disputó, y casi ignorado en los partidos de primera fase, careció de chispa y peso en los cruces del grupo C. Ningún estándar podrá medir que Kagawa sea el futuro del ataque de Japón. Un fantasma del joven virtuoso que se coronó campeón de Inglaterra con el Manchester United en 2013.