Antes de que el diablo sepa que has muerto

El epígrafe es elocuente: “Puedes pasar 15 minutos en el cielo antes de que el diablo sepa que has muerto”. Así de contundente anuncia Sidney Lumet lo que los espectadores están a punto de ver.
Antes de que el diablo sepa que has muerto
Y lo que ven es una escena de sexo entre Philip Seymour Hoffman y Marisa Tomei, una primera escena que se lleva a cabo con el esfuerzo de un matrimonio oxidado que busca sus últimos estertores de placer entre la hierba y otras ayudas que ya no tienen nada que ver con el amor. Es el preámbulo de una película que se anuncia trágica y que, efectivamente, lo es. Hoffman e Ethan Hawke interpretan a dos hermanos que deciden, presionados por la resquebrajada situación económica, asaltar una pequeña joyería en los suburbios de la ciudad, lo cual es una pésima idea para dos perdedores que no tienen alma de asaltantes. Pero la cosa empeora: la tienda es de sus propios padres. Lumet, entre cuyos trabajos se encuentran clásicos como Tarde de perros, Asesinato en el Expreso de Oriente y Sérpico, no necesita de excentricidades para llenarnos de estupor en cada minuto. Porque desde el principio nos sugiere, con una composición formal sin trucos, que aquel asalto va a resultar un desastre, una calamidad capaz de generar consecuencias mucho más graves que, a la larga, van a ser imposibles de ocultar. La cinta trae a la memoria a Fargo, la película de los hermanos Coen sobre un vendedor de seguros a quien le da por montar el secuestro de su esposa para sacarle plata al suegro, a quien detesta, y todo le sale al revés. Así también pasa en Antes de que el diablo sepa que has muerto. Se trata, como en Fargo, de bandidos circunstanciales, esos que movidos por la presión social terminan cometiendo crímenes más horrendos que los que pueda imaginar la propia hampa. Las actuaciones de Hawke y Hoffman sostienen el drama de principio a fin con la contundencia que el filme merece. Lástima que no se pueda decir lo mismo del final, demasiado telenovelesco para una trama que pedía a gritos un mejor desenlace.
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