Cena de amigos

En algunos círculos de amigos, las cenas no suelen ser muy sinceras. Los invitados van por obligación a intentar hacer buena cara y a esperar que todo acabe pronto.
Cena de amigos

¿Para qué van? ¿No sería mejor negarse, encontrar alguna disculpa para quedarse en casa? Quizás tengan sus propios intereses para asistir, así sean, por ejemplo, esas ganas locas de medirse frente a los demás a ver cómo está cada cual y sacar pecho; o el deseo por encontrar algo qué criticar y marcharse contento con la satisfacción de confirmar que todo sería un desastre.

Así andan cuatro parejas francesas que se reúnen a cenar un 21 de junio, para celebrar, para verse, pero, está dicho, para hacer un balance. Y ahí están todos alrededor de la mesa, echándose algunos dardos, midiéndose frente a los demás, sacando pequeños trapos al sol, para incomodidad de cierto marido, para indignación de cierta esposa. Sucede, y mientras tanto, mientras florecen las insatisfacciones, van naciendo nuevas atracciones y se van destapando, no importa si es sólo para el espectador, ciertos secretos que hacen de ese grupo una verdadera comedia.

La directora, Danièle Thompson, quien también participa en el guión, parece ensañarse graciosamente contra sus personajes, provocándoles delicadas tentaciones (¿sería mejor llamarlas torturas?) que nacen de la debilidad humana, de la natural flaqueza de la mediana edad, cuando la sombra de las canas al aire comienza a acechar. Thompson nos los ofrece en una bandeja, como si asistiéramos a una cena, para que los veamos desenvolverse con su respectiva suerte, para que nos veamos reflejados en ese cúmulo de contradicciones que nos depara el amor.

Thompson es, sobre todo, escritora. Fue candidata al Oscar al mejor guión en 1975 por la película Cousin Cousine, y fue también guionista de la aplaudida cinta La reina Margot, en 1994. Además de Cena de amigos, ha dirigido tres películas más: Fauteuils d’orchestre (2006), Jet Lag (2002) y La bûche (1999).

Temas relacionados