El escritor oculto

Pierce Brosnan protagoniza la nueva película del director Roman Polanski. Una cinta de suspenso que cuenta la historia de un escritor fantasma.
El escritor oculto

No necesitan pasar más de diez minutos para asociar esta película con Alfred Hitchcock. Enseguida se da uno cuenta de que hay gato encerrado, de que todo lo que venga a continuación será un suspenso casi insoportable en el que cualquier personaje parecerá sospechoso; desde que, en la primera secuencia, un carro llega en ferry a su destino sin su conductor, y vemos el cadáver en la playa.

Pensamos, entonces, en advertirle a nuestro héroe (Ewan McGregor) que no acepte el trabajo de escritor fantasma que le han propuesto, que no lo acepte porque a su antecesor lo acaban de asesinar. Tal es el sufrimiento del espectador, que sabe lo que sus héroes ignoran.

Ése, el gran secreto del suspenso de Hitchcock, ha sido seguido al pie de la letra por Roman Polanski –otro genio, el de El bebé de Rosemary– para construir El escritor oculto (The ghost writer) en el más puro estilo del cineasta inglés. Un humor de hielo recorre toda la película mientras se va desarrollando la trama alrededor de un escritor que accede con cierto recelo a recomponer las memorias de un ex primer ministro de Gran Bretaña, que dejó mal terminadas el hombre aquel que apareció ahogado. Una tormentosa atmósfera nos reitera que no hay por qué reírse. Incluso el escritor comenzará también a sospechar que ahí pasa algo, pero es tan poco entrenado en sospechar, tan poco experimentado en medir el poder, que no lo entiende. ¿Pero qué demonios hace ahí?

Hitchcock gozaba en su talento cinematográfico burlándose de las angustias de los hombres comunes sorteando peligros descomunales. Polanski le ha seguido el juego y, bajo su propio lenguaje, con ayuda de sus propios encuadres, que también parecen ser un homenaje, ha sometido a su protagonista, un escritor del que ni siquiera conocemos el nombre, a sortear sin instrumentos los vericuetos del poder. De pronto corra el riesgo de perder hasta su dignidad.

En estas circunstancias ya no hay manera de que no lo sigamos, de que no acompañemos al héroe hasta el final, al menos para que no se sienta tan solo.

Hitchcock gozaba burlándose de las angustias de los hombres comunes sorteando peligros descomunales. Polanski le ha seguido el juego al pie de la letra.

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