Hollywood se aprieta el cinturón

Salarios exorbitantes, producciones astronómicas y fiestas estrafalarias son un lujo del pasado. La crisis financiera llegó a Hollywood y todo indica que para rato. A los actores, programadoras y productores les tocó aprender a ahorrar. El alto precio de la fama.
Hollywood se aprieta el cinturón

Para los que siempre han querido vivir como sus celebridades favoritas, 2009 es el año para hacer el sueño realidad. Varios famosos han puesto en venta sus lujosas mansiones a mitad de precio porque mantenerlas se ha convertido en un gasto imposible de sostener. Leonardo DiCaprio, Sharon Stone, Nicolas Cage y P. Diddy son algunos de los pocos que han admitido no tener la facilidad de antes para conservar sus propiedades.

El protagonista de Revolutionary Road tuvo que rebajarle tres millones de dólares a su casa de Malibú, por la que pedía nueve hasta hace un par de meses, mientras que la irresistible rubia de Bajos instintos, después de tratar durante tres años de vender su casa de estilo mediterráneo en Los Ángeles, se conformó con alquilarla por 36.000 dólares al mes. Cage, ganador del Oscar por Leaving Las Vegas, tuvo mejor suerte. Pudo deshacerse a un precio decente del castillo que tenía en Baviera desde hace dos años. "Debido a la difícil situación económica lamentablemente ya no me lo puedo permitir", le confesó al periódico Daily Mail, después de venderlo por 150 millones de dólares.

Cantidad que no le caería nada mal a las programadoras y estudios de grabación, donde esta política de austeridad está marcando la pauta a la hora de hacer negocios y firmar contratos. Empresas como Paramount y Universal eliminaron la famosa prerrogativa del "first dollar gross", gracias a la cual los actores recibían ganancias por cada dólar recaudado en taquilla, y la reemplazaron por la cláusula "Back End", que obliga a las estrellas a conformarse con recibir dinero de la taquilla sólo cuando la productora haya recuperado la inversión. Harrison Ford, que rueda Morning Glory, y Russell Crowe, que filma una nueva versión de Robin Hood, ya han aceptado las condiciones con resignación y sin chistar.

"Los tiempos en que los famosos obtenían lo que querían y en que los salarios superaban la barrera del sonido han quedado atrás" comentó para el Wall Street Journal, Eric Gold, productor y mánager de artistas como Ellen DeGeneres y Jim Carrey.

La época de las vacas gordas en Hollywood se acabó. Tan sólo en enero alrededor de 22.000 empleados de los estudios en Los Ángeles fueron despedidos. El Deutsche Bank, que financiaba cada uno de los estrenos de Paramount, retiró el mes pasado su inversión de 450 millones de dólares, con los que se cubrirían producciones como Star Treck y G.I Joe, que a primera vista suenan tan taquilleras como Spiderman o El señor de los anillos. Otras empresas como Merrill Lynch, Citygroup y Morgan Stanley también cancelaron sus contratos con Hollywood.

Según el experto financiero Kevin Klowden, la situación obedece a una combinación de problemas financieros, reducción de venta de publicidad y, por ende, políticas de ahorro, lo que lleva a menos producciones y más despidos. "No importa lo requerido que seas en Hollywood, si los números no cierran, ya no marcha", explicó Klowden a Los Ángeles Times. Si no que lo diga la actriz Nicollette Sheridan, quien hasta este mes interpretará a Edie Britt en la serie de televisión Desperate housewives. "Su salida le ahorrará a la producción hasta 200.000 dólares por capítulo", comentó Marc Cherry, su director.

Pero tal vez lo verdaderamente impactante no sea que los actores sean despedidos, sino que las nuevas circunstancias sean utilizadas para atraer audiencia. Ugly Betty, Los Simpson, 30 Rock e incluso Desperate housewives han incluido el tema de la crisis financiera como tema en sus libretos. Esto con el fin de que los espectadores se identifiquen con sus personajes favoritos al ver como atraviesan situaciones similares a las propias. "En cierto sentido es lo que hace que el programa sea verosímil" opina Sunil Nayar, productor ejecutivo de CSI Miami.

El cine planea implementar la misma medida en junio de este año. La nueva versión de El gran Gastby, que transcurre durante la Gran Depresión y que en 1974 fue protagonizada por Robert Redford, servirá para que los espectadores comprendan mejor la situación actual. Así piensa su director, el australiano Baz Luhrmann (Moulin Rouge), quien confía en el éxito de la cinta por una sencilla razón: "La gente necesitará una explicación de dónde estamos y esta película puede facilitarla". Por su parte Michael Moore se encargará de traer su propia cuota de realidad con la segunda parte de su documental Farenheit 9/11.

Una vez estas producciones se estrenen es necesario evaluar la aceptación por parte del público, y comprobar hasta qué punto la gente necesita o quiere que se le recuerde la difícil situación que está afrontando. Lo único seguro es que en Hollywood nunca se sabe lo que va a pasar. Para la muestra, un botón: la semana pasada P. Diddy viajaba en su jet privado y ahora lo hace en vuelos comerciales. "Si viajo en mi avión me gasto entre 150.000 y 200.000 euros en un solo viaje, por eso ahora voy en American Airlines".

Esto sólo demuestra que hoy en día la fama literalmente tiene un precio, y que para mantener el estatus de celebridad el secreto está en ahorrar.