La muerte del Che

La segunda parte de esta película cuenta las aventuras del Che en La Habana frente a su misión utópica de forjar el "hombre nuevo".
La muerte del Che

La historia del Che quedó en punta. La primera parte, titulada lacónicamente con el nombre de Che, había terminado cuando Ernesto Guevara, con su inconfundible boina y al mando de su propia tropa de barbudos, se dirigía a La Habana tras enterarse del triunfo de la revolución de Fidel. Faltaba contar, entonces, qué tipo de aventuras se le avecinaban al Che una vez en La Habana, al frente del Ministerio de Economía, en su misión utópica de forjar el “hombre nuevo”.

Pero Soderbergh se saltó todo eso y en esta segunda parte nos arroja, en un salto descomunal, a la Bolivia de 1967, a las intenciones del Che de exportar la revolución, comenzando por el paupérrimo país andino. Sabe la historia –porque él mismo lo dejó plasmado en su diario de guerra– lo calamitosa que fue su faena, lo solo que se enfrentó a la tarea de formar una guerrilla donde no había cómo. La muerte del Che traza con una cinematografía impecable esos últimos meses de su leyenda, desorientado en la espesura de las montañas bolivianas, condenado al sacrificio de su propia vida en las primeras escaramuzas.

El Che de Soderbergh es, sin agüero alguno, un héroe bíblico que se entrega a la muerte como Cristo, solo que su destino no es la crucifixión sino el pelotón de fusilamiento. Soderbergh no tiene contemplaciones con la objetividad. Su película es una glorificación del mito, la entrega total a la leyenda. Esto no quiere decir, sin embargo, que no sea una obra muy bien lograda, hecha como si él mismo hubiera sido testigo del Che en el campo de batalla. Benicio del Toro, quizás, se pasa de magnánimo, pero no había otra forma de seguirle los pasos a Soderbergh: actuar como si el Che fuera Cristo. Su caracterización ha sido aplaudida en todos los festivales, incluido el de Cannes, donde ganó el premio al mejor actor. Es, sin duda, un excelente Che, ni más ni menos el perfil exacto que resucitó de entre los muertos para redimir a los pueblos estampado en una calcomanía universal, tan universal como la cruz. Esa imagen es la que queda del Che, y Soderbergh y Del Toro nos la han retratado en una cinta espléndida desde el punto de vista cinematográfico.

El Che de Soderbergh es, sin agüero

Dirección: Steven Soderbergh

Guión: Peter Buchman y Benjamin A. van der Veen

Reparto: Benicio del Toro, Demián Bichir, Franka Potente, Joaquim de Almeida, Norman Santiago, Juan Salinas.alguno, un héroe bíblico que se entrega a la muerte como Cristo, sólo que su destino no es la crucifixión sino el pelotón de fusilamiento.

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