Locas por el dinero

Todo el mundo debería poder disfrutar del dinero que se merece. En otras palabras, el trabajo digno debería garantizar también una vida digna llena de los placeres mundanos y la seguridad económica que sólo los multimillonarios exhiben.
Locas por el dinero
Eso, al menos, es lo que piensa Bridget (Diane Keaton), una mujer de mediana edad que, tras la quiebra de su marido, a quien han echado como un perro de la compañía para la que trabajó toda la vida, acepta un trabajo demasiado tentador: el despacho donde el Emisor hace añicos los billetes viejos, toneladas de billetes de denominaciones interesantes: 20 dólares, 50 dólares, 100 dólares; millones de dólares que tienen que ir a parar a una trituradora.

Esto, por supuesto, es algo que le duele demasiado a ella, que necesita tanto dinero para salir del atolladero. Así que traza un plan con dos compinches (Katie Holmes, Queen Latifah), que les permite quedarse con parte del dinero que, a fin de cuentas, va ir a parar a la caneca. Y les resulta. Sólo que nadie ha conocido un rico satisfecho, y estas nuevas ricas desean cada vez más.

El argumento da para pensar en una delicia de película, de esas que vale la pena disfrutar a pierna suelta sin las prevenciones de la razón. Pero hasta el ocio es susceptible de tedio. Desde el comienzo de la cinta uno está pendiente del momento en que se pondrá buena, de ese instante en particular que desate la trama de manera que ya no haya manera de volver atrás. Pero los minutos pasan a su antojo (cada vez más lentos, valga decir) y todo se va desenvolviendo de una manera tan plana que uno termina rogando que por fin acabe todo.

Con razón dicen que las mejores películas son aquellas que están llenas de matices, de contrastes que vayan sacudiendo al espectador de un lado a otro sin que esas sacudidas se confundan con un arrullo. Quizás es esto último lo que pasa con esta película: que en vez de ser una comedia es un arrullo, un cuento que las madres cuentan a sus hijos no para que se diviertan sino para que se duerman.