Los viajes del viento

Dicen los expertos que este, el segundo largometraje de Ciro Guerra, será un éxito sin precedentes en los festivales internacionales, pero que no dejará mucho en la taquilla.
Los viajes del viento

Ojalá estén equivocados. Porque esta hermosa pieza del joven director, hijo excelso de Río de Oro (Cesar), es una obligación para todo aquel que disfrute del cine.

Porque Guerra ha hecho de Los viajes del viento una pieza encantada, una especie de flautista de Hammelin que nos mantiene hipnotizados de principio a fin, a pesar de la lentitud de las secuencias, de los escasos diálogos, de la falta de acción que tanto exigen las nuevas generaciones, educadas bajo el régimen de la comida rápida.

Los viajes del viento es una película lenta, que transcurre al ritmo del Caribe colombiano. Pero es espléndida. Ignacio Carrillo, un juglar reconocido como uno de los mejores de la región, decide de pronto y ya entrado en años, ofrecerle una última visita a su maestro para devolverle el acordeón con el que se volvió virtuoso. A última hora se le pega Fermín, un adolescente dispuesto a hacer lo que sea necesario para que Carrillo le enseñe los secretos del instrumento. En el trayecto, desde Majagual hasta la Alta Guajira, Guerra hace gala de su talento cinematográfico para mostrar una Colombia que quizás nunca antes había sido filmada: sabanas enormes y coloridas, serranías imponentes donde anida el viento, desiertos de ensueño abrasados por el sol. Y como coronación: la Sierra Nevada de Santa Marta.

La cinta no es sólo paisaje. También es música... ¡Y qué música! Los antiguos vallenatos que vieron nacer el Festival en 1968, clásicos que quizás no serían tan populares pero que los viejos juglares recuerdan.

En la película de Ciro Guerra está el Caribe pintado... y hablado. E interpretado. Y no importa entonces que la historia se quede coja, o lo parezca, porque si García Márquez quiso hacer de Cien años de soledad un vallenato largo, Ciro Guerra ha querido hacer del vallenato poesía, dejarnos una impresión, apenas una de la opulenta belleza cultural de la costa caribe colombiana.