Milk

Esta es la historia de un hombre que dio su vida por los derechos de los gays. Su nombre era Harvey Milk y a los 48 años se convirtió en el primer homosexual declarado en ser elegido a un cargo público, como miembro del comité de supervisores de la ciudad de San Francisco.
Milk

Cansado de ocultar su condición, al cumplir 40 años se trasladó a vivir al barrio Castro de San Francisco y desde ahí inició una cruzada no sólo para exigir los derechos de la comunidad del arco iris, sino para que los gays salieran definitivamente del clóset y demostraran su poder electoral.

El director Gus van Sant, autor de películas como Buscando a Forrester, Good Will Hunting y To die for, encontró en Sean Penn al actor ideal para representarlo. Y no le fue nada mal. Penn, uno de los intérpretes más versátiles del cine moderno, se la jugó toda en el papel de Milk y no sólo se ganó los favores de la crítica, sino el consentimiento de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, que lo galardonó con un Oscar en la categoría de mejor actor este año.

Basta observar la diferencia que hay entre sus papeles en Dead man walking, Carlito's Way, Río Místico (con la cual obtuvo su primer Oscar) y Milk para darse cuenta de su talento y del juicio con que aborda cada una de sus caracterizaciones. Todas opuestas y a la vez todas íntegras y sin baches.

Milk no sólo es la elocuente biografía política de aquel líder de las minorías que supo despertar en sus semejantes el entusiasmo de no creerse menos. También es la pequeña radiografía de un país que se jugaba el pellejo en el ánimo de construir una sociedad verdaderamente democrática en la que cupieran todas las expresiones culturales.

"Si una bala destruye mi cerebro, quiero que esa bala destruya también todas las puertas de los clósets", dijo alguna vez Harvey Milk. Una consigna que, está visto, no sólo caló en los homosexuales, sino en una gran cantidad de subculturas que se alzarían con el mismo ahínco por ser aceptados por la uniformidad del sistema.