Arte al cubo

Con la apertura del Teatro Estudio el 3 de septiembre, el Centro Cultural Julio Mario Santo Domingo le dará a la ciudad un espacio para todas las expresiones artísticas.

No es una exageración decir que en el país no existe un espacio como este. De entrada, es un teatro no convencional por su diseño y por la versatilidad del escenario, la gradería y los recursos técnicos. “Es apto para obras de teatro pequeñas, danza, música de cámara y conferencias, y está al servicio de los creadores para que vean qué pueden hacer con el espacio”, explica Víctor Sánchez, director técnico del Centro Cultural Julio Mario Santo Domingo.

Tiene una acústica perfecta, una tramoya que cubre toda la sala (no sólo el escenario) y que permite ubicar luces desde diferentes ángulos, y una gradería retráctil con capacidad para 204 sillas, que puede aumentarse a 330 con sólo mover unas láminas de madera del piso para agregarle cuatro filas al auditorio.

Todos estos recursos permitirán que un día la sala sea un teatro y al otro una sala de exposiciones para pintura, escultura o performance. Por eso no tiene telón o patas, esas telas que cuelgan a los lados de los escenarios convencionales para “esconder” actores o escenografía. Es un espacio desnudo donde la creatividad de los directores de danza o teatro estará a prueba para sacarle el mejor provecho.

“Es una sala polivalente que nos permitirá jugar con el diseño, ser flexibles, abiertos a las experimentaciones del arte”, dice Sandra Meluk, directora de programación del centro cultural y quien ahora estará atenta de las diversas expresiones artísticas de la ciudad que puedan pasar por el Teatro Estudio. Además, recalca que la filosofía será poner el teatro al alcance de todos, pues la boleta costará siempre 20.000 pesos, no importa cuál sea el espectáculo.

El grupo de danza L’explose será el encargado de estrenar la sala el jueves 2 de septiembre con la obra Tu boca, una obra creada el año pasado para la Compañía del Auditorio de Tenerife (España), y que se presenta por primera vez en Bogotá. Este montaje de danza contemporánea explora las acciones de la boca, el contacto con otra piel y lo que hay detrás de un beso, con cinco bailarines españoles bajo la dirección de Tino Fernández.

Este será sólo el comienzo de la programación del teatro para lo que queda de este año. Poco tiempo con una intensa actividad que tendrá una propuesta diferente cada semana: desde un homenaje al maestro Jaime León, pianista y director de orquesta, hasta tres obras sobre Simón Bolívar en conmemoración del Bicentenario: Los pasos de la nostalgia, de Sebastián Ospina; Ensueños de Bolívar, del teatro La Mama; y El último viaje del Libertador, de Misael Torres.

Además de La vorágine, del Teatro Tierra; Mujeres en la guerra, de Carlota Llano, y la tetralogía de Dostoievski, del Teatro Libre, que incluye Crimen y castigo, El idiota, Los hermanos Karamazov y Los demonios, bajo la dirección de Ricardo Camacho. “Es traer obras que mucha gente se ha quedado sin ver porque están en geografías diferentes”, agrega Meluk, refiriéndose a la actividad cultural a veces limitada en el norte de la ciudad.

Entre sus prioridades, el Teatro Estudio cubrirá las localidades de Suba y Usaquén con la programación de diferentes espectáculos. Pero será diciembre cuando se consolide un proyecto de integración de la zona a través de un festival cultural. “Estamos escogiendo junto con los consejos de cultura proyectos que presentaremos aquí. Esto también nos permitirá hacer un diagnóstico de lo que tenemos alrededor del centro cultural y saber cómo podríamos apoyarlos”, explica Meluk.

Es una nueva aventura cultural en la que el Teatro Estudio comenzará con paso firme al lado del Teatro Mayor, de quien es su hermano menor... pero no el pequeño.

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