Aruba, una isla sin estrés

Sus habitantes lo tienen claro, la consigna oficial es ser feliz. y eso es lo que se vive en cada uno de sus lugares y sus paisajes. Aruba, un lugar para poner a volar nuestros sueños.
Aruba, una isla sin estrés

Los españoles, encargados de descubrir nuevas tierras en América, una vez más mostraron su ambición y poca astucia, cuando en 1499 se encontraron con este pedazo de tierra de 184 kilómetros. Al darse cuenta de la aridez, la bautizaron como una ‘isla inútil', sacaron a todos los pobladores indígenas y se los llevaron para Jamaica y Cuba. Pero como el destino de esta población era otro, 137 años después los holandeses se la encontraron, la habitaron, y hasta petróleo hallaron. Hoy es uno de los destinos turísticos favoritos, con unos 700.000 visitantes al año que llegan en su mayoría de Estados Unidos, Europa, Latinoamérica y Canadá.

El paisaje

Pocos lugares del mundo tienen un contraste tan grande en tan poco espacio. Por un lado está el paisaje que todos tenemos en la cabeza, el que atrae a miles de turistas, la cara más publicitada de la isla: hermosas playas rodeadas de aguas azules, verdes... y casi siempre calmadas, dispuestas a recibir a grandes y niños. Por otro lado está el encanto de la geografía desértica. Un cuadro regado de cactus y arbustos resecos que a veces nos hacen olvidar que estamos en el Caribe. El ímpetu con que el mar revienta contra la costa rocosa de la zona desértica forma un paisaje inolvidable. Este paradisíaco lugar también cuenta con piscinas naturales rodeadas de dunas que forma el viento en forma caprichosa. El Parque Natural Arirok es un buen representante de este hermoso regalo de la naturaleza, adonde los turistas llegan en safaris o a caballo para disfrutar solo de esta bella vista, pues el mar no se deja tocar.

Los arubianos

Pocos son los sitios en donde los nativos tienen tantas y tan variadas influencias. Sus orígenes son de diversas partes del mundo. En esta pequeña población están representadas más de 96 nacionalidades que conviven tranquilamente. Eso se siente en cada rincón de la isla. Por algo la seguridad es uno de los puntos a favor de Aruba.

Su forma de hablar es parte de la simpatía que reflejan los 110.000 habitantes que viven en la isla. Los idiomas oficiales son el holandés y el papiamento, lenguaje nativo que une el español, el holandés, el portugués, el indio, el inglés y el francés. Los arubianos son, sin proponérselo, parte importante del éxito turístico de este país. Son agradables y amables por naturaleza.

El agua

Para descubrir Aruba hay que sumergirse en el agua. Lejos de los relojes en promoción, lejos de las ruletas y las mesas de blackjack. En las aguas de Aruba, que son de un azul profundo, hay corales, estrellas de mar, arrecifes interminables, un DC-3 que cuando volaba era utilizado para transportar droga, y un carguero alemán de 120 metros, hundido en los años de la Segunda Guerra Mundial. El Antilla es solo un naufragio de los muchos que han sido invadidos por langostas, peces y esponjas de colores en el fondo del mar arubeño, una especie de camposanto de barcos. La inmersión se puede hacer en un submarino, con un tanque de oxígeno en la espalda o armado de snorkel, careta y aletas. No hay que ser buzo profesional. El agua es tan clara que encontrar especies marinas no es una gran hazaña, lo cual no lo hace menos divertido.

 

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