Bogotá, la ciudad que se fue

Con el libro Bogotá, vuelo al pasado, Benjamín Villegas recorre en panorámicas la capital que creció entre 1935 y 1985.
Bogotá, la ciudad que se fue

 Con fotos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, muestra cómo la pequeña villa pasó a ser la gran urbe con aciertos y desaciertos.

Desde el aire, Bogotá adquiere otra dimensión. El editor Benjamín Villegas la encontró a través de un viaje de recuerdos con fotografías del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, en el libro Bogotá, vuelo al pasado, donde es posible ver el crecimiento vertiginoso de la ciudad entre 1935 y 1985, y que inevitablemente se convierte en una mirada nostálgica a la capital.

Esas imágenes eran familiares para él pues cuando tenía ocho años, a finales de los 50, se subió a los aviones de la misión americana en Colombia que tomaban fotos aéreas, para acompañar a su papá, entonces director del Codazzi, y vivir la aventura de sobrevolar la ciudad. Hasta disparó la cámara, un aparato inmenso que permitía tomar fotos en ángulos de 45 grados que dejaron para la historia perspectivas de una ciudad que hoy ya no es la misma.

De ese viaje quedó una foto del centro de la ciudad que uno de los gringos de la misión le mandó y que años después desapareció entre los trasteos y el rincón de cosas viejas de su casa. Pero este incidente no le borró de la memoria las imágenes. “Recordé que podía haber una mina en el Agustín Codazzi, pues además no sabía cuándo había comenzado lo que vi en 1959”, dice Villegas.

En realidad, más que una mina, encontró un tesoro, un material único en perfectas condiciones que le dio más ideas. En el año del Bicentenario, había resuelto publicar una segunda edición del que considera uno de los mejores libros que ha hecho: Mutis y la Real Expedición Botánica del Nuevo Reyno de Granada. Pero al ver el archivo del Codazzi, hace casi dos años, se le ocurrió hacer el libro sobre Bogotá, a la que Villegas le ha dedicado una docena de libros de lujo, pues en últimas fue en la capital donde se dio el grito de Independencia en 1810.

“Hice un acuerdo con el Instituto para adquirir los derechos y establecer las regalías que ellos reciben, y entré al archivo. Decidí cubrir de 1935 a 1985 porque se podían ver cómo se llenaban espacios y aparecían edificaciones que hoy son hitos”, dice.

Villegas, también arquitecto, no oculta su nostalgia sobre todo por el periodo comprendido entre 1935 y 1960, el que considera le quitó a la ciudad la posibilidad de haber sido verde. “El gran error fue acabar con los humedales. Si se hubieran protegido habría grandes zonas de parques, pulmones verdes y la ciudad sería otra. Eso fue lo que más me dolió viendo el material”.

Una evolución que se hizo evidente en las 137 imágenes de la selección final, donde se pueden ver los cambios de sectores de la ciudad que hoy son recuerdo, pero de los mayores. “Pero esto también tiene una intención didáctica, pues es mostrarles a los más jóvenes en qué se convirtieron esos recuerdos”.

Por eso la Plaza de Bolívar cobra tanto protagonismo, pues es uno de los íconos de la ciudad que más transformaciones ha tenido. El recorrido toma las obras para la Conferencia Panamericana, los cambios posteriores al 9 de abril de 1948, y la de-saparición y aparición de edificaciones del entorno, como el Palacio de Justicia o la Casa de Nariño.

El viaje fotográfico va a lo largo de los potreros y zonas despobladas de toda la ciudad. La lista incluye sectores del norte, con nacientes barrios como Cedritos; las avenidas 100, 116 y 127, la autopista Norte y el Country Club, ubicado casi en medio de la nada y luego como vecino del centro comercial Unicentro.

También el aeropuerto El Dorado, al occidente, antes de estar encerrado entre los barrios; Chapinero como la zona de descanso; la avenida Chile antes de que las quintas dieran paso a los edificios de bancos; El Campín, desde que era un pequeño estadio y después con sus graderías que fueron apareciendo de manera irregular, y sin la avenida de la carrera 30.

También muestra en el Oriente la carrera séptima, que de Calle Real pasó a la más congestionada mientras a sus lados el progreso quitó viejos edificios; la calle 26, que se llevó por delante el parque Centenario y de la Independencia; o de regreso al centro, la transformación de la plaza de Nariño, conocida también como San Victorino, desde los tiempos en que existía, a dos cuadras, el Mercado Central.

El Mercado es uno de los edificios de los que Villegas lamenta su destrucción, junto con el de la Escuela de Artillería, que le dio paso al Hotel Tequendama; y el Colegio del Sagrado Corazón. También le duele la transformación del barrio Quinta Camacho y de la avenida Chile. “Lo más interesante es cuando uno mira una ciudad que pudo haber sido y no fue. Aunque también fue otro montón de cosas”.

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