La extravagancia hecha arte

Venecia es de nuevo el centro del arte con la edición 53 de la bienal más antigua del mundo. Bajo el lema “Crear mundos”, 90 artistas de 77 países exhiben hasta noviembre obras vanguardistas, excéntricas y conceptuales que sorprenden y a la vez desconciertan a miles de visitantes.
La extravagancia hecha arte

La propuesta del alemán Tobias Rehberger, un restaurante como obra de arte, se ganó el premio al Mejor Artista de la 53 Bienal de Venecia, que comenzó hace dos semanas en la ciudad de los canales. Más pequeña que en su edición de 2007, la muestra de este año despertó las acostumbradas reacciones de quienes admiran o se desconciertan con el arte contemporáneo. Precisamente por eso, muchos dicen que es mejor verla como un laboratorio del arte del que hacen parte todos los idiomas y lenguajes posibles, y que hace honor al nombre que el evento lleva este año: “Crear mundos”.

Aunque la bienal tiene muestras de arquitectura, cine, danza, música y teatro, la atención se la roba el arte por sus extravagancias, sus propuestas monumentales y por la sorpresa que siempre atrae al público. Por eso, la intención del director de la muestra, Daniel Birnbaum, resultó obvia en términos artísticos en el momento de su apertura: “La bienal está basada en la exploración de los mundos que nos rodean, así como en los nuevos que vendrán”.

De ahí surgieron las obras de 90 artistas de todos los continentes, una muestra diversa que de todas maneras no opaca a la obra ganadora del León de Oro: un espacio en el pabellón alemán que hace las veces de café, con líneas y puntos negros en paredes y techos blancos, sillas de colores y formas irregulares en un ambiente de restaurante que Rehberger llamó Lo que amas también te hace llorar.

Rehberger no es el único que llama la atención. Allí también hay una muestra de Yoko Ono, quien recibió el León de Oro a la trayectoria artística y presenta, en un palacete destinado sólo para ella, dibujos, instalaciones y varios de sus performances: Anton’s Memory, en vivo hasta noviembre, y otros de su carrera en video como Cut piece. El británico Steve McQueen, por su parte, con el video Giardini, le da otra mirada a los jardines donde transcurre la bienal en una temporada diferente a la artística, y es el taquillero de la bienal con las filas más largas.

Mientras que algunos críticos afirman que el premio de Rehberger debió recaer en el estadounidense Bruce Nauman, ganador en la categoría de Mejor Participación Nacional con la obra Jardines topológicos, el público ha sido el beneficiado con la variedad de trabajos de artistas de 77 países.

Una ejemplo es la muestra central en el Palacio de Exposiciones, que ha recibido también críticas por la mezcla de instalaciones, videos, esculturas, pinturas y proyecciones en un mismo espacio. También están los pabellones por países o continentes, como el latinoamericano, que reúne artistas de Argentina, Brasil, Venezuela, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Perú, México y Uruguay. Colombia participa con las obras Expedición Venecia, de Alberto Baraya, y Dominios del lobo, de Luis Fernando Roldán.

En ese recorrido cualquiera puede encontrar un espacio con olor a jazmín en el que una mujer sonriente se mueve entre 200 anillos de gimnasia, colgados a diferentes alturas. Otras veces el público se reúne para no perderse el espectáculo que ocasionalmente hace el famoso bailarín y coreógrafo William Forsythe con esos mismos anillos.

En Venecia todo vale. De una celda cuyas rejas forman una cruz, del artista francés Claude Lévêque, se puede pasar a los gabinetes de cocina en pino del británico Liam Gillick, y luego a las grandes pinturas del español Miquel Barceló, con dos gorilas a los que el artista califica como sus autorretratos. La mexicana Teresa Margolles puso la cuota latinoamericana más dura con su instalación ¿De qué otra cosa podríamos hablar, si no?, mediante la cual un hombre pretende limpiar el suelo del salón, con un trapeador que moja en un balde lleno de la sangre de víctimas de la violencia de su país.

La estrella de la bienal es el pabellón de Dinamarca, el más fotografiado por los visitantes. Allí el colectivo The Collectors creó la instalación Muerte de un coleccionista, que representa la casa lujosa de una familia destruida en cuya piscina flota un cuerpo. La obra se sirve de un guía que muestra la casa como si estuviera en venta. Algunos críticos han dicho que esta propuesta divierte pero no deja de ser una broma antes que un trabajo artístico.

Banal, infantil y también vanguardista serían los adjetivos para calificar la Bienal de Venecia, que este año quiere recuperar el calificativo de ser la madre de todas las bienales. Y para lograrlo ha hecho gala del ingrediente más usado por los artistas contemporáneos: la transgresión.

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