Llega El hombre almohada

Llega al país una de las piezas de teatro contemporáneo más polémicas y aplaudidas del mundo. Se llama El hombre almohada, una comedia negra que promete dejar huella por su lenguaje provocador y sus historias extremas.
Llega El hombre almohada

En la obra El hombre almohada, cada vez que se pronuncia la frase clásica de los cuentos infantiles “había una vez”, el espectador puede quedar aterrado y aferrado a su butaca. Todo es fantasía, de esa en la que las historias son tan espeluznantes de las que, a pesar del morbo o quizás por eso, toca quedarse hasta conocer el final. La obra también puede ser realidad de la cruel, de esa que produce esa extraña sensación de no querer abandonar la sala a pesar de estar incómodo, para disfrutar con risa cómplice o simplemente sin palabras, de una historia extrema.

The pillowman o El hombre almohada es tan impresionante como muchos cuentos infantiles. Pero está en un teatro y no en el cuarto de un niño que, paradójicamente, se ha quedado dormido oyendo cómo una bruja intenta comerse a Hansel y Gretel, o un leñador le abre la panza a un lobo que ya se tragó a Caperucita roja y a su abuela.

Es una comedia negra que cuenta la historia de Katurian, un escritor que de niño recibió una estimulación particular de sus padres: torturar durante años a su hermano, enfermo mental, en el cuarto de al lado. Esos sonidos le dieron material para escribir cuentos sobre la muerte de niños que ahora lo meten en problemas con la justicia, pues una serie de asesinatos en la ciudad coinciden con sus narraciones.

Esta particular manera de ver la fantasía llamó la atención del director Pedro Salazar, quien dirigió hace dos años La vida es sueño y esta vez se aventura en un montaje que él considera fue escrito para provocar, que sobrepasa los pudores sociales y que lleva al extremo de reír o llorar.

Durante la búsqueda del asesino, la relación de los hermanos llegará a un desenlace inesperado a través de seis cuentos donde se aborda la violencia en todas sus formas. Así comienza un interrogatorio a Katurian (Andrés Parra) y su hermano Michal (Nicolás Cancino) por parte de dos policías que hacen parte de un estado totalitario: Tupolski (Orlando Valenzuela) y Ariel (Felipe Botero).

Esta obra, que se estrenó en Londres en 2003 y luego siguió a Nueva York y a Latinoamérica, con montajes en México, Lima y Buenos Aires, estará en el Teatro Libre de Chapinero hasta el 31 de julio. Fue escrita por Martin McDonagh, dramaturgo inglés que con apenas 40 años ya es conocido por sus historias de gran brutalidad que golpean al público, así como por su estilo cinematográfico para contarlas.

McDonagh ya se ganó un Oscar con su cortometraje Six shooter y el año pasado su primer largometraje, Perdidos en Brujas, con Ralph Fiennes y Corrin Farrell, abrió el Festival de Sundance y fue nominado al Óscar como mejor guión original. Pero su fama trasciende en las tablas, el que parece ser su lugar preferido para explorar la condición humana sin compasión.

“Había una vez...”, dice el actor Andrés Parra, quien representa a Katurian. El escenario se transforma para mostrar su historia personal, en un cuarto con juguetes donde escuchaba los sufrimientos de su hermano. Allí el espectador conoce el experimento artístico al que fue sometido el escritor y los cuentos que entretienen a Michal.

Esto es precisamente lo que quiere el autor con esta historia, que puede tener un trasfondo en el que se hable del abuso infantil o de autoridad, y de la violencia cotidiana. Salazar, convencido de que el teatro es para divertir y de que la obra cumple esta misión, dice sin embargo que es también “sobre un escritor condenado por el contenido macabro de sus cuentos”.

Una conclusión que sacó al estudiar el texto, al hacer la traducción autorizado por el propio McDonagh y luego encontrar el tono del montaje, junto con los actores en un trabajo intenso de lectura.

Su protagonista, Andrés Parra, encontró que El hombre almohada está envuelto de fantasía. Por eso, se atreve a decir: “Esta es una violencia mucho más bella, más estética. Creo que el director logró transmitir esa fantasía en el montaje porque se dicen cosas terribles que impresionan al público, pero se maravilla con lo que ve”.

Parra, formado precisamente en el Teatro Libre y quien llevaba más de tres años sin subirse a un escenario, muestra en la obra su capacidad como narrador, esta vez de cuentos escalofriantes donde una niña muere al tragar unas cuchillas de afeitar o los dedos del pie de un niño judío aparecen en una caja.

Pero también se libró de sus personajes, del que lo hizo famoso en televisión: ‘Anestesia’ en El Cartel, y sobre todo de su papel de sacerdote en el filme La pasión de Gabriel. Como Katurian, lleva toda la carga de la historia y durante más de dos horas se enfrenta a un personaje que –dice– tiene amansado. “Este es el reto más grande que he afrontado en teatro”, afirma, al tiempo que confiesa sus sueños recientes basados en los cuentos de la obra.

“No sabemos cómo reaccionará el público, creo que será una grata sorpresa. Esta obra está para desconcertar”, afirma el director. Tal vez un argumento suficiente para que el público se deje provocar por una obra de teatro actual que pocas veces se monta en el país. O para descubrir lo que el director y su grupo plantean: “Nosotros nos ocuparemos de divertirlo. Usted preocúpese por dormir tranquilo”.