¿Palabra de Dios?

Bart Ehrman, un serio investigador estadounidense, leyó en detalle los cuatro evangelios de la Biblia y encontró suficientes gazapos como para publicarlos en un libro que ha causado polémica en la iglesia católica.
¿Palabra de Dios?

Ninguna figura en la historia occidental ha tenido tanta repercusión en la manera como entendemos la vida y afrontamos la muerte, ni ha sido fuente de tantos debates y discusiones históricas como la de Jesús. A lo largo de casi dos mil años, millones de páginas se han escrito acerca de su vida, la mayor parte, si no todas, basadas en los tres años que duró su ministerio a partir del día en que fue bautizado por Juan ‘el Bautista', hasta el momento en que fue crucificado y resucitó al tercer día, según las Escrituras.

En esos tres años de vida pública, de prédicas y milagros, se encuentran los cimientos de la religión Católica; cimientos que, en parte, han sobrevivido gracias a los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Sin sus testimonios no sería arriesgado decir que las palabras de Jesús se las habría llevado el viento.

Pero, ¿qué pasa cuando esos testimonios parecen estar poblados de yerros? ¿Qué sucede cuando dos evangelios difieren en la manera como narran el nacimiento o la muerte de Jesús, como pasa con Mateo y Juan? Si la Biblia es la palabra de Dios, ¿puede la palabra de Dios ser imperfecta?

Estas preguntas, entre muchas otras, fueron las que llevaron a Bart Ehrman, una de las autoridades más reconocidas en el campo de los estudios bíblicos en el mundo, a escribir el libro Jesus Interrupted (revealing the hidden contradictions in the Bible), que acaba de salir al mercado en Estados Unidos.

"Yo dejé de ser un fundamentalista que creía en la perfección absoluta de la Biblia y su inspiración divina, basado en el hecho histórico de que no tenemos los documentos originales de ninguno de los libros que hacen parte de la Biblia, sólo copias hechas después, en muchos casos, siglos después -explica-. Si Dios quería que mantuviéramos sus palabras, ¿por qué no las preservó?".

En esos tres años de vida pública, de prédicas y milagros, se encuentran los cimientos de la religión Católica; cimientos que, en parte, han sobrevivido gracias a los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Sin sus testimonios no sería arriesgado decir que las palabras de Jesús se las habría llevado el viento.

Pero, ¿qué pasa cuando esos testimonios parecen estar poblados de yerros? ¿Qué sucede cuando dos evangelios difieren en la manera como narran el nacimiento o la muerte de Jesús, como pasa con Mateo y Juan? Si la Biblia es la palabra de Dios, ¿puede la palabra de Dios ser imperfecta?

Estas preguntas, entre muchas otras, fueron las que llevaron a Bart Ehrman, una de las autoridades más reconocidas en el campo de los estudios bíblicos en el mundo, a escribir el libro Jesus Interrupted (revealing the hidden contradictions in the Bible), que acaba de salir al mercado en Estados Unidos.

"Yo dejé de ser un fundamentalista que creía en la perfección absoluta de la Biblia y su inspiración divina, basado en el hecho histórico de que no tenemos los documentos originales de ninguno de los libros que hacen parte de la Biblia, sólo copias hechas después, en muchos casos, siglos después -explica-. Si Dios quería que mantuviéramos sus palabras, ¿por qué no las preservó?".

La pregunta que Ehrman se formuló hace un tiempo puede despertar más de una molestia. De hecho, su libro anterior, Misquoting Jesus (incluido en la lista de best sellers del diario New York Times en 2005) causó indignación en su momento entre los sectores más conservadores de Estados Unidos al considerar que sus afirmaciones eran un ataque a la Fe. Sin embargo, en términos arqueológicos, Ehrman tiene razón. Hasta el momento, en ninguna excavación arqueológica se han encontrado los documentos originales de los evangelios. Lo que tenemos son copias de copias escritas por escribas anónimos muchos años después de la muerte de Jesús (los historiadores han llegado a pensar que el primero de los evangelios en ser escrito pudo haber sido el de Marcos, unos 35 ó 40 años después de la muerte de Jesús; el evangelio de Juan, que se presume fue el último, debió escribirse unos 25 años más tarde, es decir, alrededor de unos 70 años después de los sucesos en el Gólgota).

La exposición que hace Ehrman en su libro, sin embargo, pretende ir más allá de la cacería inane de gazapos tales como la inconsistencia que hay en los evangelios de Marcos y Juan acerca de la hora de la muerte de Jesús: ¿fue a las nueve de la mañana, como lo dice Marcos, o en las horas de la tarde, como lo deja entrever Juan? Su objetivo principal es mostrar la ‘intención' que pudo haber existido a la hora de escribir los textos sagrados.

"Estos libros fueron escritos en diferentes épocas y na molestia. De hecho, su libro anterior, Misquoting Jesus (incluido en la lista de best sellers del diario New York Times en 2005) causó indignación en su momento entre los sectores más conservadores de Estados Unidos al considerar que sus afirmaciones eran un ataque a la Fe. Sin embargo, en términos arqueológicos, Ehrman tiene razón. Hasta el momento, en ninguna excavación arqueológica se han encontrado los documentos originales de los evangelios. Lo que tenemos son copias de copias escritas por escribas anónimos muchos años después de la muerte de Jesús (los historiadores han llegado a pensar que el primero de los evangelios en ser escrito pudo haber sido el de Marcos, unos 35 ó 40 años después de la muerte de Jesús; el evangelio de Juan, que se presume fue el último, debió escribirse unos 25 años más tarde, es decir, alrededor de unos 70 años después de los sucesos en el Gólgota).

La exposición que hace Ehrman en su libro, sin embargo, pretende ir más allá de la cacería inane de gazapos tales como la inconsistencia que hay en los evangelios de Marcos y Juan acerca de la hora de la muerte de Jesús: ¿fue a las nueve de la mañana, como lo dice Marcos, o en las horas de la tarde, como lo deja entrever Juan? Su objetivo principal es mostrar la ‘intención' que pudo haber existido a la hora de escribir los textos sagrados.

"Estos libros fueron escritos en diferentes épocas y lugares, bajo circunstancias distintas y para tratar asuntos diferentes", afirma. En su libro, Ehrman limita su análisis al Nuevo Testamento.

La inocencia de Jesús

Entre las inconsistencias aparentemente triviales, pero cuyo contenido tiene repercusiones profundas, está el encuentro de los sacerdotes judíos con el gobernador Poncio Pilato tras el arresto de Jesús en el Monte de los Olivos. En este caso, el recuento que hacen los evangelios de Marcos y Juan alberga intenciones distintas.

Para Ehrman, por ejemplo, resulta significativo que en el evangelio de Juan, Poncio Pilato diga expresamente en tres ocasiones que Jesús es inocente, que no merece ser castigado y que debe ser puesto en libertad (Juan 18:38; 19:6; y 19:12), mientras que en el evangelio de Marcos, Pilato nunca pronuncia una sola palabra acerca de la inocencia de Jesús. ¿Por qué el evangelio de Juan las recalca? ¿Un error al contar la anécdota? ¿Un asunto de la imaginación?

La respuesta que dan Ehrman y los seguidores del método histórico-crítico parece aclarar el problema, y es la siguiente: en tanto el evangelio de Juan es conocido por su sesgo antijudío (en algún momento, incluso, los llama hijos del demonio 8: 39-44), es lógico pensar que Juan quisiera reforzar la idea de que los judíos traicionaron a Jesús, ll sagrados.

"Estos libros fueron escritos en diferentes épocas y lugares, bajo circunstancias distintas y para tratar asuntos diferentes", afirma. En su libro, Ehrman limita su análisis al Nuevo Testamento.

La inocencia de Jesús

Entre las inconsistencias aparentemente triviales, pero cuyo contenido tiene repercusiones profundas, está el encuentro de los sacerdotes judíos con el gobernador Poncio Pilato tras el arresto de Jesús en el Monte de los Olivos. En este caso, el recuento que hacen los evangelios de Marcos y Juan alberga intenciones distintas.

Para Ehrman, por ejemplo, resulta significativo que en el evangelio de Juan, Poncio Pilato diga expresamente en tres ocasiones que Jesús es inocente, que no merece ser castigado y que debe ser puesto en libertad (Juan 18:38; 19:6; y 19:12), mientras que en el evangelio de Marcos, Pilato nunca pronuncia una sola palabra acerca de la inocencia de Jesús. ¿Por qué el evangelio de Juan las recalca? ¿Un error al contar la anécdota? ¿Un asunto de la imaginación?

La respuesta que dan Ehrman y los seguidores del método histórico-crítico parece aclarar el problema, y es la siguiente: en tanto el evangelio de Juan es conocido por su sesgo antijudío (en algún momento, incluso, los llama hijos del demonio 8: 39-44), es lógico pensar que Juan quisiera reforzar la idea de que los judíos traicionaron a Jesús, llevándolo a la cruz. "Si los romanos no son responsables de la muerte de Jesús, ¿entonces quién?", se pregunta Ehrman: "los judíos". En una época convulsa, en la que los seguidores del Hijo de Dios, los discípulos y apóstoles, luchaban contra la ortodoxia judía por la supremacía de la Fe, el recuento contado por Juan tiene su razón de ser: ganarles la batalla a aquellos que no reconocían el carácter divino de Jesús, acusándolos de haber entregado a los brazos de la muerte al Hijo de Dios.

¿Por qué me has abandonado?

Pero no sólo hay inconsistencias en el pasaje de los sumos sacerdotes y Poncio Pilato. Del mismo modo, el Vía Crucis parece arrojar un nuevo significado cuando, tal y como lo sugiere Ehrman, se compara el recuento que aparece en los evangelios de Lucas y Marcos.

Mientras en Marcos Jesús lleva la cruz siempre en completo silencio, y sólo habla antes de morir para preguntarle a Dios por qué lo ha abandonado, en el evangelio de Lucas Jesús se muestra locuaz, confiado. No solamente habla, sino que al hacerlo no parece existir el sufrimiento y la agonía que se hacen presentes en el evangelio de Marcos. ¿Por qué estas dos visiones de un mismo hecho? ¿Por qué Marcos no hace ninguna mención a las palabras que dijo Jesús en la cruz? ¿No fueron lo suficientemente importantes frases como "hoy estarás conmigo en el Paraíso", "perdónalos porque no saben lo que hacen", o "en tus manos encomiendo mi espíritu"?

Para Ehrman, el silencio de Jesús en el recuento de Marcos se debe muy seguramente a que su autor quiso resaltar la agonía y el sufrimiento que padecían los cristianos perseguidos en la época, mientras que el autor del evangelio de Lucas es probable que quisiera resaltar que ese sufrimiento no era tan agónico, que Dios no actuaba tras bambalinas, que Dios siempre estaba presente. De ahí la diferencia entre las palabras que pronuncia Jesús en ambos evangelios antes de morir: "¿Padre, por qué me has abandonado?" (Marcos 15:34) y "En tus manos encomiendo mi espíritu" (Lucas 23:46). La inconsistencia, bajo esta óptica, nos dice Ehrman, es más que una ligereza en los detalles.

Del dicho al hecho

Los ejemplos, por supuesto, abundan, y aunque hay contradicciones menores, meras trivialidades (¿fue un ángel o dos jóvenes los que estaban en el sepulcro cuando María Magdalena llegó a la tumba de Jesús? ¿Se ahorcó Judas o se desbarrancó abriéndose las entrañas?), y ciertamente existen detalles que resulta difícil comprobar científicamente como la estrella que les señaló a los Magos de Oriente no sólo el camino hacia Belén, sino al establo donde nació Jesús (Ehrman suele pedirles a sus estudiantes que elijan la estrella más grande y brillante en el cielo, y traten de señalar la casa que hay debajo de ella), lo que verdaderamente importa, a juicio de Ehrman, es que los lectores del Nuevo Testamento entiendan que una lectura meramente devocional puede reducir el mensaje real que los autores de los libros sagrados quisieron transmitir. No se trata de derribar el edificio de la Iglesia echando abajo los ladrillos de sus textos sagrados. Se trata de ver la Biblia como un documento histórico que, a su vez, es un libro inspirador de la Fe.

"[La Biblia...] es un libro que merece ser leído y estudiado, no sólo como un documento de Fe, sino también como un registro histórico de las ideas, creencias, experiencias, actos, amores, odios, prejuicios y opiniones de un pueblo que existió en los comienzos de nuestra civilización -afirma Ehrman-. Sus textos pueden inspirarnos y alertarnos a través de sus ejemplos".

Para Ehrman, en la biblia está claro que juan el evangelista buscaba a toda costa demostrar que los judíos eran los culpables de la muerte de jesús.

 

 

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