Stieg Larsson, el hombre que soñaba con ser novelista

Stieg Larsson, el autor de la trilogía Millennium, está más vivo ahora que antes de morir. Sus novelas se venden por millones y ya hay al menos tres biografías en camino. Historia de un Van Gogh moderno.
Stieg Larsson, el hombre que soñaba con ser novelista

En la página de Facebook que los lectores han dispuesto en honor a su obra, los comentarios son abrumadores. Paso a paso, los fanáticos van narrando cómo devoran sus libros, cómo se han dejado empapar del misterio de una trilogía que los editores publicaron a cuentagotas y que llegó al clímax este año con el tercer y último eslabón de la cadena. Al menos en lo que a la edición en español se refiere.

El fenómeno es mundial. Publicada en 40 países, Millennium –la saga conformada por Los hombres que no amaban a las mujeres (2005), La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (2006) y La reina en los palacios de las corrientes de aire (2007)– ha vendido más de 13 millones de copias, contra los pronósticos de los editores mediocres que aseguran que ya nadie lee novelas largas. Sumando los tres tomos, Millennium supera las 1.500. Y hay quienes añoran un cuarto volumen.

La trama detectivesca une al periodista Mikael Blomkvist y a la investigadora Lisbeth Salander en una aventura de corrupción en la que parecen confluir todos los pecados posibles sin oportunidad de redención. Y al igual que las últimas sagas literarias, ya tiene lista su consecuente adaptación al cine. De hecho en febrero de este año se estrenó el primer capítulo.

Esto quiere decir que la “millenniumanía” apenas comienza… y no es para menos. La intriga que se ha generado alrededor de la muerte de Larsson es igual de taquillera.

Parece una broma hitchcockiana. Larsson, nacido en Skelleftehamn (Suecia), en 1954, lleva una vida valiente de periodista modesto, al frente de una revista independiente fundada por él mismo, Expo, desde donde defiende los derechos de las minorías y los abusos de la ultraderecha. Tras devorar cuanta novela policíaca cae a sus manos, a los 47 años decide de pronto que ya está listo para volverse escritor.

Se lo comenta a su compañera sentimental de toda la vida, Eva Gabrielsson, y se sienta a escribir como quien se sienta a tomar café. No para sino 27 meses después, durante los cuales ha dormido un promedio de cuatro horas al día y fumado toneladas de nicotina a razón de 60 cigarrillos diarios. Se ha convertido en un personaje de novela negra, hediondo a tabaco y adicto a la comida chatarra.

Pero está feliz. Ha terminado la tercera novela y un editor amigo le ha prometido que las va a publicar todas. Entonces actúa la broma del destino. Un día el ascensor del edificio donde trabaja deja de servir. Y Larsson sube al trote hasta su oficina del séptimo piso. Llega exhausto, morado de la congestión. Intenta recuperarse, pero no reacciona, se desvanece, muere de un ataque al corazón el 9 de noviembre de 2004. Faltan apenas meses para el lanzamiento del primer tomo.

Podría ser un asesinato. Un asesinato perfecto. Al fin y al cabo él y su mujer, Eva, han recibido amenazas frecuentes por sus investigaciones periodísticas. Alguien podría haber dicho “atasquen el ascensor” como quien dice “pónganlo a dormir con los peces”. Pero son sólo especulaciones que se nutren de la propia imaginación que Larsson ha destilado en sus novelas.

Como un pequeño Van Gogh moderno, ha muerto sin conocer la gloria. Habrá quien diga que también se salvó de ella.

Muerto el mesías, comienzan a disputarse su túnica y a surgir los evangelios. El padre y el hermano de Larsson heredan la fortuna derivada de las ventas millonarias. Eva, que sobrellevó a Stieg en las malas, no recibe en cambio ni un centavo: no estaban casados y la ley sueca es severa con los amancebamientos. Algunos fanáticos de Millennium han abierto campañas para que, entre todos los lectores, recojan una donación.

Ella, mientras tanto, ha decidido que va a escribir un libro sobre su vida al lado de Larsson y sobre cómo la familia de él la dejó sin dinero.

Quienes lo conocieron están que se hablan. El editor de la trilogía, Jan-Erik Petterson, dice tener lista una biografía de su amigo en la que cuenta sus peligrosas aventuras como periodista. Y algo similar ha preparado Kurdo Baksi, un colega de Larsson que asegura haber sido su amigo más cercano.

Stieg Larsson es ahora una leyenda, un personaje más de su trilogía, de la que se dice que existe un cuarto tomo por la mitad. En todo caso, ese cuarto capítulo Larsson lo ha compuesto con su propia muerte.

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