Trainspotting a la colombiana

La novela de Irving Welsh, historia de culto de los años 90, llega al país en una versión teatral dirigida por el actor Mario Duarte. Un viaje de drogas, amistad y rumba extrema que se estrena el 2 de julio en el Teatro Libre de Chapinero.
Trainspotting a la colombiana

Año 1996, Edimburgo (Escocia). Escoge la vida, escoge un trabajo, escoge comenzar un hogar, escoge un seguro odontológico, ropa deportiva y una maleta que haga juego. Escoge tu futuro. ¿Por qué alguien querría hacer algo como esto? Esta pregunta se la hace Mark Renton y para ni siquiera intentar responder, se droga, vive frenéticamente y escoge viajes cortos y muy intensos por el mundo de la heroína. Así se vivía en la película Trainspotting, de Danny Boyle.

Año 2009, Bogotá (Colombia). De esto se trata: de vivir o morir en el intento, de vivir sin saber qué está pasando y no tratar de averiguarlo, de tratar de averiguarlo y encontrarse de frente con el inconveniente de existir. Pero existir o subsistir, divertirse o descerebrarse, perderse o encerrarse. ¿O será mejor otra cosa? Ahora Marco se hace la pregunta 13 años después, con heroína, pastillas y todo lo que se encuentre en el Siete de Agosto, Chapinero, Las Cruces o el Bronx bogotano para empezar un “viaje”. Es una escena de la obra de teatro Trainspotting, de Mario Duarte.

La música electrónica retumba en el escenario del Teatro Libre de Chapinero, que extiende sus paredes negras hacia la sala, imitando los galpones que ahora son templos de rumba y en donde nadie se da cuenta cuándo sale el sol. Allí están Marco, Tomás, Franco y Alicia, la bella del grupo que “viaja” en patines, todos listos para seguir viviendo la primera década del siglo XXI con intensidad. Cada uno en los suyo, en su mundo, compartiendo la dosis, buscando llegar al límite para sobrepasarlo. Así es la versión de teatro colombiana de Trainspotting, basada en el libro de Irving Welsh, una obra de culto y un ícono del cine gracias a la película de Danny Boyle (Slumdog millionaire). El director es el actor Mario Duarte, que en los 90 era músico del grupo La Derecha cuando la película llegó al país y cuando la música electrónica y la rumba dura eran algo más de las noches europeas que de las bogotanas,

Pero a Duarte la historia de Trainspotting no se le olvidó. “Ya tengo bastante tiempo de hacer telenovelas y cosas políticamente correctas. En este país hablar de la droga es lo correcto”, dice, y por eso se le midió al reto de poner en escena una obra que ha sido montada en más de 20 países desde que fue escrita en 1993 y, sobre todo, después de la atención mediática del filme.

Para llevar a las tablas esta historia de jóvenes, drogas, amistad, sentimientos extremos y situaciones bizarras se basó en la versión teatral de Harry Gibson. Fue un trabajo de casi tres años para adaptarla al contexto colombiano y a una década diferente, cambiando el lenguaje y la jerga escocesa, que incluso en la película necesitó subtítulos para ser entendida en Estados Unidos. Además, la versión nacional ha quitado escenas y personajes al tiempo que definían los actores, que también participaron en la adaptación en el momento de definir los personajes.

El elenco lo conforman Bernardo García, Paula Estrada, Matías Maldonado y Camilo Sáenz, protagonistas de una historia que causó controversia en los 90 y que fue vista con precaución porque mucha gente consideró que era una apología a las drogas. La atmósfera la completa la banda sonora, original y en vivo, a cargo DJ Danny Boom y del guitarrista Francisco Nieto, y que Duarte quiso que fuera diferente de las canciones de Iggy Pop, Lou Reed y la banda Elastica, que también hicieron historia con el filme.

Por eso, aquí pocas cosas se parecen a la película. Es Bogotá, año 2009, en medio de la zona caliente de Chapinero, donde muchos andarán buscando respuestas a lo que se pregunta en la publicidad de la obra: ¿Ha experimentado usted el inconveniente de existir?

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