Una silla para el arte

La antigua Cervecería Andina es el escenario de la muestra ¡No más chicha! de la galería Al Cuadrado, que esta vez ocupará, hasta el 29 de mayo, los viejos silos donde se almacenaba la cebada. Los artistas invitados fueron Miguel Ángel Rojas, María José Arjona, Jaime Ávila, Pablo León de la Parra y Regina Silveira.
Una silla para el arte

El frío, el eco, el olor a abandono, el viento que se mueve en círculos en un patio gigante donde antes transitaron obreros y camiones, hacen parte del escenario de una nueva exposición de la galería Al Cuadrado. En la zona industrial de Bogotá, donde la modernidad dejó una huella en la antigua Cervecería Andina, cinco artistas exponen su obra dentro de los viejos depósitos de cebada. Las estructuras tubulares de concreto, que apenas dejan entrar un rayo de luz, son por pocos días las galerías de la muestra ¡No más chicha!

Beatriz López, curadora invitada, encontró en los silos de la cervecería el espacio perfecto para desarrollar el proyecto, que tomó el nombre del eslogan utilizado en los años 40 por las cervecerías para promover la cerveza entre la clase obrera, consumidora de chicha fabricada artesanalmente. "El lugar, la fábrica, la circularidad, una especie de laberinto impuso su discurso", agrega la curadora.

Los artistas invitados para abordar el espacio con su mirada particular son María José Arjona, Jaime Ávila y Miguel Ángel Rojas; el mexicano Pablo León de la Barra y la brasileña Regina Silveira. El resultado son cinco obras que, a diferencia de las anteriores exposiciones de Al Cuadrado, fueron creadas exclusivamente para el lugar de la muestra: los viejos silos.

María José Arjona propone un performance en el que ella está sentada a cuatro metros de altura, en una silla atornillada a la pared, mientras una vasija de bronce (el singing bowl, usado en Oriente para la meditación), produce un sonido que rebota mágicamente en el espacio. Miguel Ángel Rojas hace una metáfora del progreso a través de una escalera que existía en el silo y que revistió con laminilla de oro. Jaime Ávila se apropió del espacio para emboscar al espectador con terroristas de papel cargados con luces y explosivos, que descienden al estilo Tom Cruise en Misión: Imposible. Pablo León de la Barra recrea en Noa Noa un bar de obreros con sillas rojas de plástico, cajas de cerveza y un televisor que muestra videos de travestis grabados en un bar de Chapinero. "Así plantea cómo el licor llega a generar dos efectos: uno liberador y otro opresor", explica López. Y Regina Silveira dibuja una ventana por medio de un video proyectado en la pared llamado 1001 días fusao que, como dice la curadora, "es una forma de abrir un espacio dentro de la estructura carcelaria de la fábrica, donde los obreros fueron presos de la promesa del progreso".

Después de haber convertido un viejo teatro, un puente, un parqueadero, un convento y una iglesia en laboratorios de arte, a los galeristas de Al Cuadrado se les ocurrió darle un nuevo uso a la vieja cervecería construida en 1949 en el sector de Paloquemao, hoy patrimonio urbanístico, en desuso desde 1999 y símbolo de la llegada de la modernidad al país.

La idea surgió otra vez gracias al interés de dibujar un mapa artístico de Bogotá, para generar otra mirada al arte desde espacios no convencionales. Esta es la exposición número 16 que se realiza bajo este concepto. Entre otras cosas, el viejo edificio de producción de "amargas" cumplirá una función artística antes de convertirse en sede de la Misión Carismática Internacional. "La forma de trabajo de la galería es valiosa porque genera atención, expectativa e invita a revisar espacios que han perdido su función", afirma López. En el caso de la Cervecería Andina, mucho más, porque los artistas fueron los que se adaptaron al medio.