Ya viene Andy Warhol

Por estos días el espíritu desbordado de Warhol no sólo llena los salones del grand palais de parís, con 250 retratos de los años 60 y 80, sino que se acerca a colombia con otras 120 obras de su arte pop, que se exhibirán en el museo del banco de la república desde mediados de junio. la atracción de un voyerista.  

Después de muerto, Andy Warhol sigue siendo una celebridad. Sus quince minutos de fama se han vuelto una eternidad. La prueba es la muestra suya de 250 retratos que se abrió la semana pasada en el Grand Palais de París, que lo puso de moda otra vez en todo el mundo.

Colombia no es ajena al fenómeno. Entre junio y septiembre de 2009 el Banco de la República exhibirá una pequeña retrospectiva de su trabajo llamada “Mr. América”, curada por la Fundación Warhol, en Pittsburgh (Pensilvania). Son 120 obras que incluyen retratos en serigrafía, pinturas, videos e instalaciones de todas las épocas del artista más famoso del Pop Art. Desde ya se anuncia que entre la muestra estará una las famosas serigrafías de Marilyn Monroe, aunque también se expondrán obras de series como las de los accidentes automovilísticos, las sopas Campbell y las sillas eléctricas.

Mientras tanto, en París el público está rendido ante la muestra “El gran mundo de Andy Warhol”, un nombre perfecto para definir el universo que este estadounidense construyó con su obra. Un mundo colorido, polémico y lleno de ingredientes que lo convirtieron en una figura pública que se regodeaba como centro de atención dentro de círculos sociales bastante diversos, como la bohemia artística, las celebridades, los millonarios, los intelectuales, la aristocracia y los bajos fondos de Nueva York.

Warhol habría estado feliz con la exposición, porque además de ocupar los mismos salones del Gran Palais donde estuvo hasta hace poco la histórica muestra “Picasso y los maestros”, fue fruto de una curiosa polémica pocos días antes de la apertura. Todo debido a que Pierre Bergé, el compañero y socio de Yves Saint-Laurent, hizo quitar de la exposición el retrato cuádruple del diseñador que Warhol hizo en 1984, porque había sido ubicado en la sala “El mundo del glamur”, al lado de Armani y Carolina Herrera, y no en la de los grandes creadores, junto a los retratos de artistas como Man Ray y Roy Lichtenstein.

Una ausencia que, sin embargo, el público común pasó por alto ante la magnitud y variedad de los retratos exhibidos, provenientes del Museo Andy Warhol de Pittsburgh, y también de colecciones particulares. Algunos de ellos los comenzó a hacer en 1962 como Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor, Elvis Presley y una versión particular de la Mona Lisa. Antes de su muerte, en 1987, había completado unos mil retratos gracias a que célebres y desconocidos por igual le encargaron retratos con el estilo Warhol, a partir de la serigrafía y bajo el concepto de la producción en serie.

La exposición es también un testimonio de la sociedad a la que Warhol descifró por medio de la reinterpretación del género del retrato: una foto Polaroid que él mismo tomaba y que luego imprimía agregándole su sello particular. Por algo afirmó que su intención era que sus retratos tuvieran el mismo formato, para que todos conformaran un gran cuadro que se llamaría “Retrato de la sociedad”, una obra que soñaba con que fuera adquirida por el Museo Metropolitano de Nueva York.

Parte de ese gran retrato está ahora en París, con las imágenes de estrellas del cine y la música como Brigitte Bardot, Jane Fonda, Debbie Harry, Mick Jagger y Sylvester Stallone; políticos como Edward Kennedy, Lenin y Mao Tse Tung; personajes del la realeza y el jet set como las princesas Grace y Carolina de Mónaco, Ethel Scull y Gianni Agnelli; artistas como Jean-Michel Basquiat y Francisco Clemente, y coleccionistas de arte como Leo Castelli y Bruno Bischofberger.

Todos ellos, unos famosos y otros no tanto, con un brillo que en todo caso los transformó en superestrellas, “superstar”, para utilizar el término que el propio Warhol inventó para referirse a aquellas personas con un rasgo especial que le aportaran a su mundo. Quizás muchos de ellos, gracias a los retratos de Warhol, lograron por fin sus quince minutos de fama. Warhol, en cambio, alcanzó la posteridad.

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