Adictos al sexo galopante

Mientras Tiger Woods y Jesse James (el marido de Sandra Bullock) aseguran ser adictos al sexo para cubrir sus infidelidades y escapar del asedio de la prensa, estos seis hombres sí han sufrido realmente la desgracia de no controlar su sexualidad. En más de una ocasión han cambiado los sets de grabación por largas estadías en centros de rehabilitación. Talentosos insaciables.
Adictos al sexo galopante

David Duckovny Loco por las jóvenes

Aunque muchos lo recuerdan como el agente Mulder, obsesionado con extraterrestres y ovnis en la serie de televisión Expedientes X, en la vida real este hombre de 48 años tiene una fijación con las mujeres jóvenes. Es tanta la ansiedad por acostarse con mujeres mucho menores que él, que en agosto de 2008 ingresó voluntariamente a un centro de rehabilitación durante 35 días para calmar su adicción. Como lo aseguró en un comunicado de prensa, no estaba dispuesto a perder a su esposa, la también actriz Tea Leoni, con quien tiene dos hijos. Curiosamente, tras terminar su terapia comenzó las grabaciones de la segunda temporada de Californication, donde interpreta a Hank Moody, un escritor drogadicto y mujeriego.

Charlie Sheen El que paga por pecar

Interpretar a Charlie Harper, un soltero empedernido en la serie de televisión Two and a half men no representa ningún esfuerzo para Charlie Sheen. Al igual que su personaje, a quien vemos con una mujer diferente en cada episodio, fuera de cámaras no puede mantenerse alejado de ellas. El actor ha confesado que no puede resistirse a tener sexo con prostitutas, a quienes -asegura- les paga no para que lleguen a su casa sino para que se vayan. Lo realmente escandaloso no es su particular gusto, sino el número con las que ha estado: alrededor de 5.000.

Robert Downey Jr. Hasta en las esquinas

Su adicción a las drogas lo convirtió en un visitante recurrente de los juzgados en Estados Unidos, pero lo que la mayoría de la gente ignoraba es que el protagonista de Iron Man era un onanista compulsivo que tuvo que ingresar a terapia de rehabilitación para aprender a controlarse. El amor por su esposa lo llevó a superar esta adicción que -según él- era peor que las drogas porque no le dejaba ninguna marca visible. Ahora que está rehabilitado, asegura que ya no vive obsesionado con el sexo porque no hay nada más excitante y sagrado que el matrimonio.

Michael Douglas A la cama con cualquiera

Fue precisamente durante la filmación de esa película que comenzaron los rumores sobre su alocada vida sexual. Su tráiler era el punto de encuentro con varias mujeres, incluidas algunas amigas de su primera esposa, Diandra Luker, quien le pidió el divorcio tras comprobarlo con sus propios ojos. Fue entonces cuando el actor ingresó a una clínica de rehabilitación en Arizona, para tratar de controlar lo que para él resultaba inevitable: acostarse con cualquier mujer que le sonriera. Aunque asegura que el tratamiento fue un éxito, su actual esposa, Catherine Zeta-Jones, no quiere llevarse una sorpresa: lo obligó a firmar un acuerdo para que por cada infidelidad él tenga que desembolsar cinco millones de dólares.

Rob Lowe Ni la niñera se salvó

El rompecorazones de la película Rebeldes, de Francis Ford Coppola, no demoró en aprovechar su fama de nueva estrella de cine para conquistar mujeres. El problema no estuvo en el número de conquistas sino en su preferencia por las adolescentes, algo que quedó en evidencia en 1988, cuando se filtró un video casero en el que aparecía teniendo sexo con dos mujeres, una de ellas de 16 años. Obsesionado con el sexo incontrolado, no tuvo más remedio que ingresar en una clínica de rehabilitación. Aun así, hace poco la joven ex niñera de sus hijos lo acusó de abuso sexual.

Bill Murray De deslices caros

Aunque la gente lo recuerda por papeles cómicos, su vida sexual es todo menos un chiste. Después de 10 años de matrimonio con Jennifer Butler, con quien tuvo cuatro hijos, el reconocido cazafantasmas no pudo ocultar su obsesión por las prostitutas. Su gusto por el sexo barato le terminó costando siete millones de dólares, que fue lo que pidió su esposa por el divorcio a cambio de no hacer pública su adicción. Claro que una vez pagó dicha cantidad, su resentida ex esposa no demoró en acusarlo de drogadicto y mujeriego violento.