Catalina Denis, la bomba colombiana en París

Esta santandereana, que triunfa en el cine francés, acaba de estrenar la cinta Le mac, junto a José García, uno de los actores más populares del país.
Catalina Denis, la bomba colombiana en París

Catalina Denis quiere convertirse, según sus propias palabras, en una “señora actriz de cine”. Como Meryl Streep. Como Tilda Swinton. “Actuar me hace vibrar, me sube la adrenalina, me emociona. Ya no puedo vivir sin el cine. Quiero actuar hasta los 70 años”.

Nos hemos dado cita en el apartamento de una amiga suya, la fotógrafa Karine Belouaar, cerca de la estación del metro Saint-Lazare, en París. Afuera es primavera, pero allí adentro ya llegó el verano: Catalina lleva botas con tacón, pantaloncitos cortos y los hombros al aire. Pienso que si sale a caminar así por las calles va a causar estragos.

La colombiana, que empezó a modelar a los 16 años, se ha convertido en la ‘bomba latina’ de estos momentos en Francia. Ha sido invitada a varios programas de televisión, en los que se la ve mucho más de lo que se le escucha. Una foto suya, tomada por Karine y publicada por Paris-Match en febrero, en la que Caralina muestra sus espectaculares piernas, ahora causa sensación en internet. Por todo esto la gente al principio no toma muy en serio sus aspiraciones artísticas. Esto la molesta. Y se le nota. El personaje mediático ha rebosado su corta pero acelerada carrera.

La santandereana debutó en 2007 con una fugaz aparición en la película Taxi 4. Pero apenas sí se dio cuenta. En cambio, ese mismo año obtuvo un papel de agente doble en la película de acción Go fast. Y entonces sí tuvo, de verdad, su primer contacto con el cine. “La primera escena que rodé fue muy dura físicamente porque me sacan del auto tirándome del pelo y luego me agarran por el cuello apuntándome con un arma. Desde que escuché ‘acción’ hasta ‘corte’ no me acuerdo de nada. Fue como el primer beso, como si el tiempo se hubiera detenido”.

Este año acaba de estrenar dos películas: Coursier, donde alterna con Michaël Youn, y Le Mac, una comedia de gran éxito que interpreta al lado de José García, uno de los actores más populares de Francia, y que ha llevado a las salas más de un millón y medio de espectadores.

Cuatro películas francesas en los últimos tres años: un buen récord para cualquier actriz debutante y una auténtica hazaña para una ex estudiante de Derecho colombiana que llegó a Francia en 2003, tras aprender algunas nociones de francés en el café situado al frente de la Alianza Francesa de Bucaramanga.

La joven actriz estuvo a punto de trabajar en la cuarta parte de la saga Rápido y furioso. Llegó hasta la final tras un casting en el mundo entero con 10.000 candidatas. Pero finalmente fue rechazada por ser muchos centímetros más alta que el protagonista, Vin Diesel.

Los papeles que ha interpretado en Francia son muy distintos los unos de los otros: Gladys, una agente doble de la DEA infiltrada en una red de tráfico de marihuana y cocaína entre España, Marruecos y Francia; Luna, una bailarina de strip-tease, y Louise, traficante de obras de arte. En sus últimos dos papeles interpreta a la mujer bella y con carácter que logra cambiar la vida de los protagonistas.

Mi vecino Luc Besson

Esa meteórica carrera cinematográfica es el resultado de un encuentro fortuito en 2006 con un vecino a las ocho de la mañana, antes de su curso en la Sorbona. El vecino es Luc Besson, uno de los más famosos directores, productores y guionistas de cine franceses, realizador de El profesional, El quinto elemento y Juana de Arco, y productor de la serie Taxi.

Catalina Denis recuerda que hablaron un par de minutos delante del ascensor. “Le dije que yo quería actuar, pero que nunca se lo había dicho a nadie. Era un deseo que no me había confesado ni a mí misma”. Luc Besson le recomendó tomar cursos en la escuela de actuación Studio Pygmalion en París pero, sobre todo, la inquietó con una última frase, que iba a ser definitiva. “En lugar de decirme ‘cálmese, cálmese’, como yo había escuchado siempre, me dijo ‘no tengas miedo, sigue tu instinto. Bellezas hay muchas, la diferencia está en el trabajo’ ”.

El modelaje deprime

Catalina Denis comenzó a modelar en el colegio. Tres años después de graduarse de bachiller, en 2003, cuando todavía se estaba recuperando de un grave accidente de tránsito que la mandó cuatro meses al hospital, vendió un lujoso auto que se ganó en un concurso de modelaje y partió al extranjero. Desfiló en lugares tan distintos como la pasarela Gaudí en Barcelona para la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada, en Cannes para Dior y en hoteles de lujo en Dubai con joyas Chopard para esposas de jeques. También estuvo en Londres, Roma, Milán, Berlín y Singapur.

Sin embargo, esta hija de abogados nunca se identificó por completo con esa profesión. “El modelaje era un medio para viajar, conocer otra gente y rumbear. Por eso intenté estudiar Derecho y Comunicación social. Pero luego me di cuenta de que no eran carreras para mí”.

Cuando habla del modelaje, su voz no tiene la misma convicción de antes. Parece un discurso oficial. Cruza y descruza las piernas con mayor rapidez, pone los brazos sobre las rodillas con el cigarrillo en los dedos. No hay emoción, como si todo lo que se saliera del mundo del cine estuviera iluminado por una luz menos intensa. Entonces confiesa que el modelaje la aburre y la deprime, y que por eso lo abandonó hace cuatro años. Dice que no le gustan las fotos de ella misma y que jamás se le ocurriría colgar una en su apartamento: “La fotografía no me gusta porque es fija, nunca pongo fotos mías en ninguna parte”. Pero en cambio cuando vuelve al cine, su voz se torna más emotiva: “Me gusta el cine porque la cámara es una amiga que está ahí para contar historias gracias a las imágenes en movimiento. Como cuando éramos niños y nos creíamos completamente los cuentos”.

La belleza,

llave de su carrera

Meterse en el cerrado mundo del cine francés no fue sencillo. En la academia Pygmalion le dijeron de entrada: “Ah, usted es otra modelo que quiere ser actriz”. En otras palabras, otra mujer sexy que quiere convertirse en estrella de cine sin esfuerzo. Este estereotipo ha sido el mayor acicate para ella. “Quiero demostrar que mi cuerpo no es una fachada sino un instrumento para contar una historia. Si la historia es buena, para mí no hay ningún limite. Yo sería capaz de engordar 30 kilos y prepararme todo un año para un papel de obesa. O cortarme el pelo, raparme la cabeza. El cuerpo hay que trabajarlo”.

No dudo un segundo en que sería capaz de hacerlo. En Coursier se da golpes durante varios minutos con el protagonista en una escena memorable que le dejó varios morados, una cortada en el pie y una cicatriz en la nalga derecha.

Es delgada no por dejar de comer sino por hacer deporte: spinning, squash y escalada, pero también una modalidad de yoga, el bikram, en un salón con una temperatura de 40 grados. Su fuerza felina se le nota en los brazos y piernas, largos y musculosos, que mueve sin cesar mientras conversa, como si estuviera en una sesión en el gimnasio.

Para interpretar a una bailarina de strip-tease en Le Mac tuvo que subir de peso desayunándose cinco huevos y tomar tres meses de cursos de pole dancing. También fue varias noches a uno de esos bares para hablar con las bailarinas, conocer su vida e incluso pagarles para que bailaran para ella. “En el camerino, una joven de Estonia me dijo que sólo iba a hacer eso unos meses más. Pero otra me contó que llevaba ahí diez años. Pagan muy bien y es difícil para ellas dejar ese trabajo”.

La preparación de un papel no es, pues, solamente física sino también psicológica. Catalina no es sólo la niña bonita que quiere firmar autógrafos y verse linda en pantalla. Ha viajado dos veces a Nueva York a tomar cursos en la prestigiosa academia Lee Strasberg Theatre and Film Institute, donde se formó Marlon Brando y donde Marilyn Monroe se transformó en actriz. En uno de esos viajes tuvo que interpretar a una prostituta mona en la obra de Tennesse Williams Hello from Bertha. Catalina Denis se fue a un sórdido bar del Lower East Side a las dos de la madrugada con una peluca mona, minifalda apretada y escote profundo. Tuvo que mostrarse dura con los hombres sesentones, solitarios y borrachos que la abordaron. “Fuck off, leave me alone”, dice mientras me repite el gesto. Su rostro cambia por completo. Entiendo cómo logró que la dejaron tranquila y, de paso, por qué la buscan para roles de mujeres fuertes y con carácter. Al final, la actriz obtuvo lo que fue a buscar a ese lugar:

“Esa noche fue importante por lo que viví: sentir la mirada de deseo de los hombre; sentir que el tipo te puede dar diez dólares para que te vayas con él al baño. Experimenté el sentimiento de grandísima humillación de mi personaje. Más adelante, cuando estaba actuando, esas sensaciones volvieron como por arte de magia. Mira, todavía hoy se me ponen los pelos de punta cuando me acuerdo”.

Sí, es cierto. Piel erizada, ojos aguados, voz quebrada: Catalina Denis vibra cuando evoca la escena. Yo también. Es, digamos, el momento de verdad de nuestra entrevista, cuando me terminó de convencer de que su devoción por el cine no es fingida sino visceral.

¿Y Colombia, Catalina?, le pregunto para terminar, porque ya la veo impaciente de preparar su viaje.

“La gente me ve aquí en Francia como la bomba latina, pero yo soy capaz de otros registros. Quisiera rodar una película colombiana, pero no por mi cara de niña bonita, sino como soldado, guerrillera, campesina, indígena. Quisiera mostrar a madres llorando por sus hijos, campesinos que tienen que abandonar sus tierras, los papás asesinados y la mujer que tiene que darles de comer a los hijos. ¡Quiero mostrar que soy Catalina, una mujer con ganas de trabajar, muy seria con respecto a su carrera, que quiere defender a capa y espada la pasión por la actuación!