¿Cómo curarse de la adicción al sexo?

El 6% de los estadounidenses tiene este padecimiento. Tiger Woods, David Carradine, David Duchovny, entre otros famosos han sufrido en 'carne propia' de esta recientemente descubierta enfermedad.
¿Cómo curarse de la adicción al sexo?

Tiger Woods es el último rostro famoso en reconocer su adicción al sexo, una enfermedad de reciente reconocimiento que afecta al 6 por ciento de la población estadounidense y que, lejos de las risas o las bromas que puede provocar, causa mucho sufrimiento y tiene difícil cura.

Un accidente de tráfico en extrañas circunstancias justo al salir de su casa destapó la caja de pandora cuando se supo que Woods salía a toda prisa en su todoterreno tras un supuesto ataque de celos de su esposa, la ex modelo sueca Eli Nordegren.

Poco después comenzó a publicarse en los medios de comunicación una larga lista de amantes con las que mantuvo aventuras antes y después de contraer matrimonio.

Según la doctora Terri Orbach, profesora de sociología de la Universidad de Oakland, casos como el Woods y el de otros políticos estadounidenses adúlteros como John Edwards o Eliot Spitzer ha suscitado la duda de la relación entre los hombres poderosos y el adulterio.

No todos lo son, subraya la doctora que recuerda que según varios estudios el 20 por ciento de las mujeres y el 32 por ciento de los hombres casados reconocen tener alguna aventura extra matrimonial, pero al parecer los famosos pueden caer más fácilmente en la tentación.

Según explica en su blog, por su posición pueden sentir que están más protegidos y creer que no van a ser descubiertos. La separación de sus esposas cuando están de gira da más oportunidades, y la soledad y los largos periodos fuera de casa pueden ser fatales.

La doctora habla también de la dependencia de la adrenalina. "Muchos hombres poderosos tienen posiciones que requieren de mucha responsabilidad y autoridad que se desempeñan bien con una alta tensión (...) y una aventura puede darles el mismo tipo de alegría en su vida privada".

No obstante, el caso de Woods ha ido más allá al reconocer públicamente que no se trataba de una serie de escarceos, sino que se trata de una adicción al sexo de la que decidió ser tratado en una clínica especializada en Misisipi.

Adicción al sexo

La adicción al sexo está considerada ya como una enfermedad adictiva, igual que el alcoholismo o el juego compulsivo, que lleva al individuo a guardar secretos sobre sus actividades sexuales, porque necesita variedad y termina por asumir riesgos cada vez mayores.

Para que se trate como tal, durante un periodo de al menos doce meses, el individuo "tiene que pasar una gran cantidad del tiempo en esa actividad, una actividad sexual que no puede controlar y tiende a repetirla a pesar de las consecuencias negativas que pueda tener para él este comportamiento", indicó a EFE Juan Ríos, director del Departamento de Emergencia Psiquiátrica de la Universidad de Miami.

Las consecuencias negativas suelen ser de tipo social, ocupacional, incluso pueden afectar a las relaciones familiares, pero a pesar de todo el individuo "siente más y más presión para continuar con esas actividades sin poderlas controlar".

Muy frecuentemente el adicto necesita más actividad sexual, estimulada en algunas ocasiones con alcohol o drogas, para lograr la satisfacción que desea.

"Es como si se fuera inmunizando a lo que es la gratificación y a pesar de las consecuencias negativas que pueda tener ese comportamiento, cada vez se arriesga más", señaló.

El problema es que cada vez lo hacen con más personas diferentes y entran en situaciones donde alguien puede abusar de ellos, puede hacerles daño emocional, humillar, pegar y manipular.

"El individuo sale de una situación así con muchísima vergüenza y aunque trata de superarlo, incluso de abstenerse, vuelve para intentar lograr ese placer que una vez sintió".

En Estados Unidos, según Ríos, entre el 5 y el 6 por ciento de la población adulta tiene adicción al sexo, de los que el 8 por ciento son hombres y el tres por ciento mujeres, un porcentaje que refleja que los hombres triplican los casos de las mujeres.

Los orígenes pueden ser genéticos o pueden originarse en los primeros años de la infancia, señaló el doctor, que apuntó que "se cree que hasta un 60 por ciento de los individuos sufrieron abusos ya sea emocionales o físicos".

El tratamiento

No es fácil tratar una enfermedad así porque "tienen que comprender el trastorno que tienen en su personalidad", así que hay que atacar el problema desde distintos flancos.

En primer lugar la psicoterapia ayuda al paciente a cambiar "las creencias erróneas con respecto a sí mismo y a las relaciones entre adultos". La psicofarmacología es el segundo paso para tratar los altibajos emocionales con antidepresivos y otros medicamentos.

Y fuera de la medicina, las reuniones de adictos, donde tienen la oportunidad de compartir su problema con otros que pasan por lo mismo, son fundamentales para que el individuo no se sienta aislado.

"Sentirse aislado, culpable y con la autoestima baja es como entrar en un túnel sin salida de ninguna clase", señaló Ríos.

El sexo y los famosos

Woods no ha sido el único famoso que ha tenido que dar la cara. El actor estadounidense, David Duchovny, conocido por su papel en la serie televisiva "The X Files", también ingresó en 2008 en un centro de rehabilitación por su adicción al sexo.

Esta adicción llevó también a un lord conservador británico, Lord Laidlaw, a donar un millón de libras (1,27 millones de euros) para ayudar a personas que comparten su enfermiza obsesión, después de que un tabloide británico denunciase sus orgías con prostitutas.

Todavía está reciente la muerte del actor David Carradine en extrañas circunstancias, que aparentemente murió de asfixia accidental en un acto erótico y cuyo cuerpo fue descubierto desnudo con un cordón de nailon alrededor del cuello y los genitales.

No hay estudios respecto a que los famosos estén en una posición más vulnerable a esta enfermedad o si por ser famosos se destaca más, pero según Ríos "ésta es una enfermedad que afecta a todas las persona de todas las escalas sociales de todos los grupos étnicos en la misma forma".

Que Tiger Woods haya reconocido su adicción y haya ingresado en una clínica especializada puede que sirva de modelo para algunas personas, otros consideran que forma parte del "show" mediático, sin embargo, desde un punto de vista médico, el hablar del problema es una decisión personal.

"Es comprensible que el individuo hable del problema con su familia y amigos como un paso para reconocer que tiene un problema y está buscando ayuda, eso sería como un aviso para que le vigilen, que le ayuden, que le soporten", pero es una decisión "muy, muy personal".

Ríos ha visto muchos de estos pacientes en sus treinta años de profesión. "Es una enfermedad donde siempre hay peligro de recaída y es muy, muy difícil salir de la enfermedad", hay tratamientos y la actitud del individuo así como el apoyo de su familia es vital, pero "deben considerar que la van a tener de por vida".

 

 

 

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