Dr House, un médico odioso y exitoso

Hugh Laurie recibe 400.000 dólares por transpirar física antipatía en cada capítulo de Dr. House, la serie más exitosa de los últimos años, que va para su sexta temporada.
Dr House, un médico odioso y exitoso

Gregory House, o simplemente el Dr. House, es un verdadero genio… pero también se gasta su genio. Experto en encontrar las causas de las más raras enfermedades que llegan al hospital en el que trabaja, odia, sin embargo, el trato con los pacientes. No es compasivo sino curioso, no le interesa la vida sino la certeza científica.

Es un médico extrañísimo que parece no gozar de su oficio sino satisfacer su vanidad, el hecho de ser el mejor en su género. Con razón le dijo alguna vez a un compañero de trabajo: “La arrogancia hay que ganársela. Dime qué has hecho para tener la tuya”. Y con razón el eslogan de la serie: “Sólo su lengua es más filosa que su bisturí”.

Estamos hablando de uno de los personajes más exitosos de la televisión estadounidense en la última década. El año pasado, Dr. House fue la serie más vista en el mundo, con más de 80 millones de espectadores. Y su protagonista, Hugh Laurie, se ha transformado en uno de los actores más populares de la televisión. Por su cara de amargado y sus frases fulminantes, Laurie recibe en cada capítulo 400.000 dólares, nada mal para el británico si se tiene en cuenta que tuvo que grabar la audición en un baño y luego enviarla por internet para competir con actores de la talla de Patrick Dempsey, mucho más carismático y atractivo.

Pero Laurie le imprimió un aire tal de desprecio y soledad a su personaje, que va camino a dejar la misma huella de personajes tan legendarios como Sherlock Holmes. De hecho, Dr. House está inspirado en el excéntrico detective creado por Arthur Conan Doyle. Analiza los casos clínicos como si fueran casos policíacos y utiliza la misma lógica del detective para resolverlos. Además, posee su mismo corrosivo humor británico.

Nadie sabe muy bien por qué un hombre como él ha logrado conectar con el gran público. Desprecia a los pacientes (“¿preferiría un médico que le coja la mano mientras se muere o uno que le ignore mientras mejora?”), discrimina a sus colegas (“creo que voy a evaluar tus teorías, luego me burlaré de ellas y adoptaré las mías; como siempre”), subvalora a las mujeres (“a veces el mejor regalo es la gratificación de no volver a verla”) y además es adicto a las anfetaminas. Vive para sí mismo y se odia con igual inclemencia con la que odia a los demás. Y, no obstante, según una encuesta de la revista TV Guide, el 36% de los entrevistados dijo que le gustaría ser atendido en una emergencia por House.

Quizás sea eso, que ha roto los esquemas de los héroes de marras. Porque ni siquiera le interesa ser uno. Este es, tal vez, el único rasgo que comparte con Hugh Laurie en la vida real. Si algo tiene el actor británico es que odia la fama y el aplauso multitudinario. Le basta con actuar y luego volver a casa para tocar música y escribir. Por estos meses está terminando su segunda novela. Laurie es un comediante nato que se graduó con honores en Antropología y Arqueología del Selwyn College, en la Universidad de Cambridge. Pasó gran parte de su tiempo en el grupo teatral de comedia Cambridge Footlights, como actor y escritor, y allí se cruzó con su gran amigo el actor Stephen Fry (Wilde y Harry Potter), y con Emma Thompson, con quien además de actuar tuvo un romance estudiantil.

Es un admirador del oficio médico, pues su propio padre lo fue. Incluso pensó en ser doctor pero admite que no tenía el don para serlo. “No tuve el apetito para el trabajo difícil que era necesario”, dijo en una entrevista.

Y ya ven, por estos días inicia su sexta temporada disfrazado del Dr. House. Y no la tendrá nada fácil. Invadido por alucinaciones, se enfrentará al horror de un manicomio.

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