El regreso afortunado de Carlos Muñóz

En la telenovela Chepe Fortuna el reconocido actor colombiano vuelve a hablar costeño en la piel de un personaje bueno y alcahueta: Jeremías Cabrales.
El regreso afortunado de Carlos Muñóz

Sólo necesita unos segundos para hablar con acento costeño. Su apariencia requiere unos minutos más: guayabera y pantalón de lino, una gorra blanca y zapatos de cuero suave. Nada complicado: Carlos Muñoz está listo. Ahora se llama Jeremías Cabrales, es un millonario de la costa atlántica y su pinta de señor rico la completa una pluma y un lapicero Mont Blanc en el bolsillo de su camisa.

Pero Carlos regresa a su acento –el neutro, el que quedó después de muchos años de trabajo en la Radio Nacional y de servir de voz de comerciales y documentales– y aclara que esos lapiceros son un aporte que le dio a este personaje de Chepe Fortuna, la telenovela que lo trae de nuevo a la televisión.

En realidad nunca se fue, sólo una historia sin libreto, como él mismo la calificó, lo sacó de las pantallas para meterlo en el Congreso y en la Comisión Nacional de Televisión. De eso han pasado más de siete años, tiempo en el que su público se resistió a olvidarlo y en el que se dejó ver como maestro en el reality Protagonistas de novela, como actor en Merlina, mujer divina y como jurado en Bailando por un sueño.

Sin embargo, su retorno despierta todas las expectativas. Varias veces han dicho que cuando Carlos hace un papel, puede ser el más importante de su carrera. Podría ser cierto, pero él prefiere concentrarse en su trabajo, en un oficio de altibajos que se ha encargado de exaltar con personajes que han pasado a la historia de la televisión.

“No me perdí”, insiste, y dice que la prueba de ello es que este Jeremías hará que su público recuerde a Epifanio del Cristo Martínez, el hombre que se enamoró de su sobrina, la jovencita que le sacó lágrimas en otra de sus telenovelas inolvidables: Caballo viejo, hace 12 años.

En Chepe Fortuna no será un viejo enamoradizo sino el abuelo de la protagonista, Niña Cabrales (Taliana Vargas), la joven rica que lucha por la injusticia y que se meterá en líos cuando su corazón la lleve a los brazos de un pescador (Javier Jattin). Jeremías estará enfrentado a políticos, a su familia y a una esposa neurótica. Será al bueno de la historia, el esposo paciente y el hombre ingenuo que cree en los demás.

También regresa con una historia de ingredientes costumbristas, clima caliente, mar Caribe, música y el humor característico de las telenovelas que dirige Mario Ribero (Betty la fea, Los Reyes).

“Pero aquí el humor no es intencional sino que se da por las situaciones que viven los personajes”, dice Muñoz, quien ha interpretado papeles que sacaron muchas risas sin ser cómicos: el padre Pío V Quintero, en San Tropel; Oliverio Currea, en Amándote; Adán Corona, en Pero sigo siendo el rey y Pedro Camacho, en La tía Julia y el escribidor.

Lo curioso fue que la mayoría de esos papeles fueron de hombres mayores a la edad de Muñoz en ese entonces. “Los directores confiaban en que yo podía hacerlos”, dice ahora con canas verdaderas y sin muchas arrugas, sólo las normales que tampoco revelan la edad de este actor que entró a la televisión al otro día de estrenada en Colombia, en 1954.

Carlos Muñoz es un testigo de la evolución de la televisión, de una industria de altibajos que lo llevó a blindarse escogiendo bien sus papeles para mantenerse vigente. De ahí que no sean más de diez telenovelas y otra decena de dramatizados con los que ha hecho historia. “Esta es una profesión irregular, no se liga un trabajo con otro, no siempre hay ofertas, no siempre lo que proponen me interesa. Es difícil aceptar algo así sea por necesidad porque hay que preservar una carrera de más de 50 años”.

Algo que también le da nostalgia por tiempos pasados, cuando se llevaban a la pantalla historias de escritores latinoamericanos. “Es triste que ese experimento de David Stivel y Juan Carlos Gené, de meter obras de la literatura entre el melodrama, haya desa-parecido. Me refiero a Gracias por el fuego y La tregua, ambas de Mario Benedetti; La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa; y El gallo de oro, de Juan Rulfo, pero no entiendo por qué si tuvieron tanta aceptación hoy no las hacen”.

Cosas de la industria que Carlos entiende y, antes que lamentar, guarda esperanzas. “Ojalá algún atrevido lo haga, este es un negocio pero se pueden hacer cosas diferentes”. Sin embargo, su sonrisa delata la satisfacción que le da volver también a estar junto a actrices como Consuelo Luzardo, Judy Henríquez y Margalida Castro, con quienes se ha cruzado varias veces en la pantalla.

Con Chepe Fortuna su tiempo está copado, por ahora deja en espera su café concierto que regularmente lo lleva por todo el país. “Me faltan muchos papeles, pero ahora tengo predilección por hacer este tipo de historias. No haría una tragedia o un drama espantoso, el drama lo tenemos en la vida real”. Por eso, espera dejar huella como Jeremías y para esto, quizás sólo necesite unos segundos como costeño vestido de lino.