Estrellas entre rejas

Muchas fiestas, alcohol, paparazzis demasiado molestos, hacen que estrellas como Lindsay Lohan y Russell Crowe brillen en las celdas de una cárcel.
Estrellas entre rejas

Aunque las grandes estrellas están acostumbradas a dictar ellos mismos las leyes, el Olimpo del cine también es susceptible de darse de bruces con la justicia y acabar entre rejas por diversos motivos. A continuación, les ofrecemos un paseo por la cárcel del cine, donde la expresión "perder los papeles" se hace demasiado literal.

PABELLÓN 1: DÍAS DE VINO Y ROSAS.

Es el más concurrido de esta penitenciaría. Todavía huele al caro perfume de la que fuera niña prodigio Lindsay Lohan, una vieja conocida a la que tuvimos trece días por saltarse la libertad condicional y no asistir a sus clases semanales de educación contra el alcoholismo. ¡Pobre diabla! Eso sí, ponía su cara de niña buena en sus películas de Disney y le reducían la condena por buen comportamiento.

Si no es ella, es su archienemiga Paris Hilton, actriz ocasional pero sobre todo mujer florero, quien trae sus esbeltos huesos a esta cárcel. El museo de cera de Nueva York decidió inmortalizarla con la guisa de presidiaria, que lució tras conducir bajo los efectos del alcohol y con el carné suspendido. También violó la libertad condicional y volvió a la trena.

El hoy reciclado Robert Downey Jr. también es un clásico de este módulo. Si bien es más talentoso en la gran pantalla, en su currículum de adicciones es más de drogas que de alcohol. Inició su periplo carcelario en 1996 y luego, entre capítulo y capítulo de "Ally McBeal", hacía sus pinitos en la delincuencia: ora posesión de cocaína, ora consumo de anfetaminas. De tanto estar entre rejas, no es extraño que acabara siendo "Iron Man".

En el mismo lugar y bajo los mismos efectos, Mel Gibson fue detenido en julio de 2006 y arregló la escena con insultos antisemitas.

PABELLÓN 2: TOMA EL DINERO Y CORRE.

Todo multimillonario sabe que es muy fácil que no le salgan las cuentas llegado el momento de sentarse en el pupitre y hacer la declaración de la renta. Entre películas, contratos de publicidad, donaciones a organizaciones benéficas y apariciones estelares en fiestas regionales, ¿acaso no es fácil llevarse unos millones de dólares bajo manga?

Sophia Loren fue la primera actriz que ganó un Óscar en una lengua que no fuera el inglés, pero las matemáticas no eran su fuerte. El 19 de mayo de 1982 sus huesos -entre ellos sus célebres caderas- fueron a parar a la cárcel de Caserta (Italia) por evadir cinco millones de las extintas liras en impuestos. Los cronistas de la época aseguraban que los presos la recibieron como una reina y que incluso en la cárcel contrataron ex profeso a un cocinero napolitano para hacerle más agradable la estancia de un mes.

Menos suerte -y más pufo- tuvo Wesley Snipes, acusado de no declarar impuestos entre 1999 y 2004. O lo que es lo mismo: el periodo durante el cual hizo caja gracias a la trilogía vampírica de "Blade". Treinta y ocho millones de dólares en impuestos evadidos hicieron que la fiscalía pidiera 16 años de cárcel. La defensa argumentó que había sido una víctima de malos consejos financieros y redujo la pena a 3 años, que cumple diluyéndolos entre permiso de rodaje y permiso de rodaje.

Winona Ryder, más coqueta ella, fue detenida en diciembre de 2001 cuando intentaba robar ropa y complementos en los grandes almacenes Saks Fifth Avenue de Beverly Hills (California) por valor de unos 6.000 dólares. Fue sentenciada a tres años de libertad condicional, multa de 3.700 dólares y 480 horas de servicio comunitario.

PABELLÓN 3: INSTINTOS BÁSICOS

"Lo mejor de ser una actriz famosa es que te puedes ligar a unos hombres estupendos", diría Shirley McLaine. Pero algunas estrellas, pese al amplio abanico de posibilidades, tocaron los palos más peligrosos. Y, por cierto, este pabellón es, curiosamente, sólo para hombres.

El británico Hugh Grant mató su imagen de héroe romántico al ser detenido en 1995 por conducta lasciva. Había sido descubierto en pleno Sunset Boulevard mientras la prostituta Divine Brown le practicaba una felación. Él adujo sentirse solo. Su mujer, Elisabeth Hurley, finiquitó el matrimonio. Y Brown sacó buena tajada del asunto en el campo pornográfico. Su título más elocuente: "Sunset and Divine The British Experience".

El director de origen polaco Roman Polanski protagonizó uno de los episodios más desagradables y, sobre todo, más duraderos, de este pabellón. En 1977 fue acusado de abusar sexualmente de Samantha Giailey, una joven de 13 años de edad, durante una fiesta en casa de Jack Nicholson en California. Tras ser condenado a un periodo de 90 días decidió despedirse "a la francesa" -su verdadera nacionalidad- y, con permiso por cuestiones de trabajo, nunca más volvió a Estados Unidos, ni siquiera para recoger el Óscar que ganó por "The Pianist".

En 2009, sin embargo, fue detenido de nuevo en Suiza, cuando iba a recoger un premio a toda su carrera, y Estados Unidos solicitó su extradición. Después de pasar 60 días en una cárcel de Zúrich y seis meses en prisión domiciliaria, fue liberado en junio por la ministra de Justicia de la Confederación Helvética, Eveline Widmer-Schlumpf.

Finalmente, Rob Lowe, estrella juvenil en los años ochenta, vio truncada su brillante carrera en 1988,  cuando fue condenado a 20 horas de servicios comunitarios en Dayton (Ohio), tras el escándalo provocado por un vídeo casero en el que el actor, de 24 años entonces, mantenía relaciones sexuales con una menor de edad.

PABELLÓN 4: UN DÍA DE FURIA.

Este es un curioso módulo: el de los actores que no saben actuar... como personas civilizadas.

Sean Penn no interpretó muy bien el papel de famoso al lado de su por entonces mujer, Madonna. Y así, acabó zurrando a un fan que seguía a la explosiva pareja en 1987. Treinta y tres días en prisión pasó el doblemente oscarizado actor, que también fue acusado de violencia doméstica contra la cantante de "Like a Virgin" y repitió la operación este mismo año, aunque con un paparazzi, episodio del que hay incluso un vídeo en YouTube. Una corte judicial de Los Ángeles le condenó a 36 horas de clase para controlar sus prontos violentos.

Jack Nicholson, además de prestar su casa como escenario del "asunto Polanski", también protagonizó en 1994 un ataque de ira cuando decidió bajar de su vehículo y golpear con un palo de golf el parabrisas de otro coche que le impedía avanzar en la carretera. Aunque el conductor demandó al actor, el asunto pudo ser solventado fuera de los tribunales.

Y otro "enfant terrible" de Hollywood, Russell Crowe, salió en 2005 "por la puerta grande" de un hotel de Nueva York: arrestado por la policía después de lanzar un teléfono al conserje para canalizar la impotencia que le produjo no poder llamar a su mujer en Australia.