Glee, los perdedores por fin ganan

Esta serie es el éxito más grande de los últimos años en la televisión estadounidense. La fórmula: los rechazados del colegio que hacen sus sueños realidad.
Glee, los perdedores por fin ganan

Si no fuera por la música, Glee habría estado condenada al fracaso. Esta historia de colegio que enloquece al público adolescente y poco a poco seduce a los adultos, no es más que un esquema donde los llamados losers (perdedores), esos personajes marginados que en Estados Unidos señalan con una L formada con los dedos, luchan por cumplir sus sueños. Un drama algo manido en películas pero que hoy es todo un fenómeno, gracias a que las historias no sólo se cuentan sino que se cantan.

Ese ha sido el principal ingrediente para que la vida de estos perdedores llame la atención. Con música transmiten sus sentimientos y su realidad, en un ambiente en teoría muy duro para personajes impopulares, como una joven negra y gorda, un guitarrista en silla de ruedas, un gay temeroso, una asiática que finge ser tartamuda y una cantante que ya se siente estrella.

Todo esto bajo el amparo de Will, el profesor de español interesado en revivir el Club Glee en un colegio de Ohio y quien empieza el coro con ellos, los únicos que se presentan a las audiciones. Después se mezclan los problemas juveniles, la competencia y el propio drama del maestro con su esposa, la atracción que ejerce sobre su colega Emma y el enfrentamiento con Sue, entrenadora de las porristas y la peor enemiga del nuevo coro.

¿Y qué es glee? Una palabra inglesa que significa regocijo y que, unida a la palabra club, significa coro. Y también es una historia estadounidense que después de su estreno en 2009 fue calificada por la crítica como original, divertida y renovadora de un género que tuvo un respiro hace tres años con High School Musical, una serie para niños.

Glee, en cambio, incluyó humor negro y coreografías más exigentes, con adaptaciones vocales que implican un gran trabajo pues se montan cinco para cada episodio. Terminar una puede tomar hasta diez días y subir los costos, que promedian los tres millones de dólares por capítulo.

La serie, que en un comienzo se pensó como película, sólo ha tenido una temporada de 22 episodios, cuya primera mitad se emitió el año pasado y la otra terminó en junio en Estados Unidos. En Latinoamérica ese segunda parte va en su tercer episodio.

Por eso se habla de que esta fórmula de melodrama con nuevas versiones de canciones clásicas de géneros como el rock, el pop y musicales de Broadway, es un fenómeno que apenas comienza. Un éxito que ha ido de la mano de la música de Queen, Amy Winehouse, John Lennon, Celine Dion, Rihanna, Christina Aguilera, Beyoncé y Madonna.

Gracias a Glee, canciones de todos estos artistas han retornado a los primeros lugares de audiencia. Siete temas de la serie han ingresado al top 200 de las más bajadas de iTunes. Para la muestra, un botón, Don’t stop Believin’, canción de Journey que fue el primer montaje del coro y que transmitió la esencia del programa: no rendirse.

Con esta filosofía cargada de música, Glee ya ganó el Globo de oro y el premio del Sindicato de actores, y tiene 19 nominaciones para los premios Emmy. Sus protagonistas han cantado Imagine, de John Lennon, y también han recurrido a éxitos recientes como Single Ladies, de Beyoncé, canción que le sirvió a Kurt, el joven gay, para salir del clóset en una coreografía que vio su papá.

Hoy muchos artistas quieren que su música pase por Glee. Como Coldplay, que hace fila con Jennifer López y Katy Perry para la segunda temporada, que tendrá un homenaje a Britney Spears. Estrellas como Molly Shannon, Neil Patrick Harris y Olivia Newton John ya han sido invitados a la serie. Los seguirá Javier Bardem. Julia Roberts y Daniel Radcliffe han manifestado también que les gustaría actuar en un capítulo. De ahí que el fenómeno Glee sea aún más grande, allí donde quieren estar todos, menos los perdedores.

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