La Pola, cuando la ficción supera la historia

La serie La Pola reabrió el debate sobre la validez de mezclar narraciones imaginarias con hechos históricos.
La Pola, cuando la ficción supera la historia

Cuando el libretista Juan Carlos Pérez comenzó la investigación para escribir La Pola, descubrió que no hay prueba del verdadero nombre de esta protagonista de los libros de historia y del billete de 10.000 pesos. Encontró que Policarpa Salavarrieta pudo llamarse Gregoria, Apolonia, Polonia y Apolinaria, y que de pronto ni a ella misma le gustaba su nombre.

También se dio cuenta de que la historia había sido de alguna manera ingrata con esta heroína pues no había mucha documentación sobre ella. Durante cuatro años estudió su vida y una historia de amor imposible que lo sentó a escribir la serie que hoy ha generado polémica por la exactitud de los hechos históricos.

Su reto fue narrar ese romance enmarcado por los sucesos de la Independencia pero con una carga fuerte de ficción. “Traté de vislumbrar dos planteamientos de los historiadores: uno ortodoxo, que es el dónde, qué y cuándo; y uno moderno, que es responder quiénes eran ellos realmente”, explica Pérez. Eso fue lo más difícil, pues le tocaba interpretar qué había detrás de esas personas más allá de las fechas, los retratos y los datos de los libros.

De esta manera reinterpretó con tono melodramático la historia de la Pola y Alejo Sabaraín, una especie de Romeo y Julieta de la época de la Independencia. El moderno abordaje contrasta con el de la antigua serie Revivamos nuestra historia, que narraba capítulos de la historia colombiana de una manera fría y acartonada, como los libros de texto de los colegios. La Pola, en cambio, es toda una telenovela.

Esta licencia es la que permite que producciones como Los Tudors, sobre la vida de Enrique VIII, hayan sido tan exitosas. Para Mauricio Vargas, escritor de El mariscal que vivió de prisa, novela histórica sobre Antonio José de Sucre, la ficción es un camino válido para contar la realidad. “En una producción como esta, más que exigir un rigor histórico al milímetro, lo que hay que exigir es calidad. Si hay una narración consistente que no agrede en lo fundamental los hechos históricos –por demás siempre debatibles–, me parece bien”.

El crítico de televisión Ómar Rincón concuerda con este planteamiento. “La historia es una lucha de interpretaciones y relatos, luego todo relato es válido. La visión melodramática es tan válida como cualquiera otra y aquí no se trata de contar la historia sino de qué nos dice la Pola a los televidentes de hoy”.

Pérez dice que en La Pola hay noventa por ciento de ficción y diez por ciento de realidad, pero justifica su versión con una intención que quiere desarrollar en la serie: “Generar cuestionamientos de fondo. Lo mágico aquí es contar lo que somos”, dice. Lo que espera es que las discusiones no giren en torno al color del vestido que usó cuando murió o a si Policarpa disparó alguna vez un arma, aunque lo cree muy probable pues perteneció al movimiento insurgente de los hermanos Almeida.

En La Pola la historia de amor es lo más importante, un melodrama en medio de una época todavía confusa para el televidente corriente. “Celebramos el bicentenario de la Independencia cuando lo que hubo en Bogotá, Caracas y otras ciudades en 1810 fue un levantamiento contra Napoleón y contra el rey que le impuso a España, su hermano José I, en defensa de Fernando VII. Todo menos la Independencia, eso vino después”, agrega Vargas.

“Lo mejor es que nos cuenta la historia en versión femenina y eso hace una gran diferencia”, dice Rincón. Además, muestra otra faceta de Policarpa Salavarrieta y de otros personajes como Nariño, quien no sólo será el héroe sino un hombre en medio de situaciones extremas. “Uno de los mayores aportes que los creadores de ficción podemos hacer a la narraciones es humanizar a los héroes, para que se bajen del óleo y aparezcan como seres con virtudes, defectos y pasiones”, afirma Vargas.

Verdad o mentira, imaginación o reinterpretación, lo cierto es que la historia está para ser contada. Y como dice Juan Carlos Pérez, “entre lo que hacemos nosotros y George Lucas con La guerra de las galaxias no hay mucha diferencia porque creamos universos que no existen”. Sea Gregoria, Apolonia o Polonia, la otra historia de la Pola apenas comienza.

Temas relacionados