¿Qué es lo que seduce de 'A corazón abierto'?

La versión local de Grey’s anatomy se ha sostenido más de lo que muchos vaticinaban. Una apuesta arriesgada que ha seducido al público.
¿Qué es lo que seduce de 'A corazón abierto'?

Entre Grey’s anatomy y A corazón abierto hay varias similitudes: los personajes, los casos, las enfermedades, los uniformes azules, las batas blancas y hasta el entorno, pues la historia transcurre también en ciudades lluviosas: Seattle y Bogotá. Pero también hay una diferencia evidente: los doctores y los pacientes del Hospital Santa María no hablan ni se ven como los del Seattle Grace, sino como colombianos.

Ese quizás era el principal reto al que se enfrentó el Canal RCN al traer a la pantalla nacional una serie que lleva seis temporadas en Estados Unidos. Fue un riesgo también porque en Colombia los dramas médicos nunca han estado en el horario estelar de la noche y existía el antecedente de la serie Héroes de turno, que hace más de diez años fue una mala copia de ER. Además, el canal también tenía que sobreponerse al poco éxito que tuvo hace dos años la adaptación de Amas de casa desesperadas.

Por eso, A corazón abierto fue tratada con pinzas para que no tuviera una muerte repentina. La cirugía consistió en adaptarla al sistema de salud nuestro, dándoles giros a los personajes, contando casos creíbles para el televidente colombiano, y escribirla para que fuera una telenovela de 80 capítulos de una hora, basada en las tres primeras temporadas de Grey’s.

El esquema funcionó debido a que la historia se colombianizó. “Los que ven A corazón abierto nunca vieron Grey´s anatomy. Adaptar significa tres cosas: meterle la cultura local, traducir los conflictos y personajes a realidades que generen identificación, y contar desde el saber televisivo y dramático de la audiencia. RCN lo hizo bien con Los Reyes y muy mal con Amas de casa desesperadas y Aquí no hay quién viva”, opina el crítico Ómar Rincón.

Por eso, desde el comienzo de las negociaciones de derechos de la serie de RCN con Disney Media Networks, la primera solicitud fue la de tener libertad para adaptar la historia. “Más que adaptación es una versión, pues hubiera sido irreal mostrar el hospital gringo sofisticado, donde atienden a los enfermos, los operan, les hacen trasplantes y ni les preguntan por la plata. Tampoco era contar cómo era el problema del país pero sí mostrar el sistema”, explica el libretista Fernando Gaitán, supervisor del proyecto.

Convertir Grey’s en una telenovela implicó un cambio en el género y en la estructura, respetando la esencia de la historia. “Ese ensamblaje fue lo más difícil y cuando les mostramos los libretos entendieron que íbamos por buen camino”, agrega Gaitán.

Para el director Sergio Osorio, la versión colombiana ha pegado porque se mantuvo algo importante de la serie original y es que tiene personajes de carne y hueso, a los que les dieron un tono más dramático que melodramático. “Además, hablan como habla la gente”, afirma.

La colombianización consistió también en darle un lineamiento a la historia amorosa de los protagonistas: María Alejandra (Verónica Orozco) y Andrés (Rafael Novoa). A diferencia de la serie gringa, por ejemplo, aquí ella no lo conoce en una noche de copas sino que sufre una pena de amor; él, por su parte, no toma ventaja sino que la atiende con caballerosidad y, a cambio, recibe un beso casi por accidente. Un comienzo perfecto para un idilio de telenovela.

Junto al conflicto amoroso, era necesario mostrar en cada capítulo tres historias médicas que tuvieran comienzo y final. La serie colombiana aborda casos como la historia real del soldado con una granada en el pecho, además de situaciones cotidianas como la prescripción de drogas, el uso de genéricos, la burocracia y la situación de los médicos internos, que en Estados Unidos reciben sueldo y en Colombia deben pagar por estar en el hospital.

Los actores se entrenaron con profesionales para usar naturalmente el lenguaje técnico, el cual, aunque sigue sonando extraño a la audiencia, es de gran ayuda en la creación de conflictos alrededor de la historia de amor.

Osorio explica que a la hora de grabar las escenas se decide cómo acentuar la gravedad de una enfermedad con la ayuda de términos médicos. “En esto no se puede improvisar, toca aprenderse los términos”, dice. Osorio ha reforzado el ambiente médico con la utilización de planos que destaquen el lenguaje visual que se da entre médicos, casi siempre con tapabocas, en un quirófano donde no pueden mover los brazos o girar para crear una escena dramática.

Esto último es lo que todavía no convence del todo a Rincón. “Aquí lo importante no es el tema de la salud sino las historias de los médicos y los pacientes, que son las que le dan vida a la telenovela. Por eso oír y ver a los actores tratando de ser técnicos suena chistoso, porque en Colombia el mundo de la salud es una ficción, nadie tiene idea de qué pasa allá”.

Lo demás ha sido una mezcla exitosa de drama con algo de humor, efectos especiales y un elenco muy atractivo que incluye a Carolina Gómez, Juan Pablo Espinosa, Natalia Durán, Sandra Hernández, Alejandra Borrero, Jorge Cao y Santiago Moure, como el administrador del hospital, personaje que no existe en la serie original estadounidense. El complemento ideal de una ecuación innovadora que, según Rincón, funciona en cualquier lugar: narrativas globales + temas/locaciones/actores/conflictos locales = éxito.