María Adelaida Puerta, vestida para matar

Su fórmula del éxito es una mezcla de belleza al natural, rebeldía y un instinto aventurero que la lleva a asumir nuevos retos con cada personaje.
María Adelaida Puerta, vestida para matar

A mil por hora. Así vive María Adelaida Puerta. El acelere es lo único que comparte con Perrys, la sicaria amante de las motos que personifica por estos días en la serie El Capo, de RCN. Fuera del set de grabaciones no es capaz de matar ni a una mosca. De hecho, hace tiempo tomó la decisión de volverse vegetariana, pues no le gusta la idea de causarle daño a ninguna criatura.

Para abordar este sanguinario personaje se mimetizó en una mujer de apariencia desaliñada, ademanes masculinos, voz ronca y estilo punk, que dista mucho del papel de la joven dulce que la lanzó al estrellato hace tres años. Sin embargo, los cambios no la incomodan, por el contrario, enriquecen sus posibilidades como artista. Y es que frente al conformismo de algunos actores que se repiten en todos sus roles, María Adelaida prefiere reinventarse a través de su trabajo con propuestas versátiles, refrescantes y atrevidas.

Esa es la razón por la cual no le ha tenido miedo a los proyectos arriesgados que giran alrededor de temáticas controvertidas como la homosexualidad, el dinero fácil y el narcotráfico. Precisamente la consolidación de su carrera se dio en el año 2006 gracias al protagónico de Sin tetas no hay paraíso, la serie de Caracol que no sólo despertó polémica por su título sino por abordar de forma descarnada el fenómeno de las jovencitas que venden su cuerpo por plata.

La historia de Catalina, una adolescente inocente, y al mismo tiempo ambiciosa, que termina envuelta en el mundo de las “prepago” no era ajena para esta paisa oriunda de Medellín. En el colegio fue testigo de cómo la obsesión por operarse los senos llevó a varias de sus compañeras a involucrarse con mafiosos. Fue así como a partir de sus recuerdos construyó el perfil de un personaje con el que buscó despertar conciencia sobre esta problemática social.

A pesar de su rencia desaliñada, ademanes masculinos, voz ronca y estilo punk, que dista mucho del papel de la joven dulce que la lanzó al estrellato hace tres años. Sin embargo, los cambios no la incomodan, por el contrario, enriquecen sus posibilidades como artista. Y es que frente al conformismo de algunos actores que se repiten en todos sus roles, María Adelaida prefiere reinventarse a través de su trabajo con propuestas versátiles, refrescantes y atrevidas.

Esa es la razón por la cual no le ha tenido miedo a los proyectos arriesgados que giran alrededor de temáticas controvertidas como la homosexualidad, el dinero fácil y el narcotráfico. Precisamente la consolidación de su carrera se dio en el año 2006 gracias al protagónico de Sin tetas no hay paraíso, la serie de Caracol que no sólo despertó polémica por su título sino por abordar de forma descarnada el fenómeno de las jovencitas que venden su cuerpo por plata.

La historia de Catalina, una adolescente inocente, y al mismo tiempo ambiciosa, que termina envuelta en el mundo de las “prepago” no era ajena para esta paisa oriunda de Medellín. En el colegio fue testigo de cómo la obsesión por operarse los senos llevó a varias de sus compañeras a involucrarse con mafiosos. Fue así como a partir de sus recuerdos construyó el perfil de un personaje con el que buscó despertar conciencia sobre esta problemática social.

A pesar de su reconocimiento nacional e internacional, la ronca y estilo punk, que dista mucho del papel de la joven dulce que la lanzó al estrellato hace tres años. Sin embargo, los cambios no la incomodan, por el contrario, enriquecen sus posibilidades como artista. Y es que frente al conformismo de algunos actores que se repiten en todos sus roles, María Adelaida prefiere reinventarse a través de su trabajo con propuestas versátiles, refrescantes y atrevidas.

Esa es la razón por la cual no le ha tenido miedo a los proyectos arriesgados que giran alrededor de temáticas controvertidas como la homosexualidad, el dinero fácil y el narcotráfico. Precisamente la consolidación de su carrera se dio en el año 2006 gracias al protagónico de Sin tetas no hay paraíso, la serie de Caracol que no sólo despertó polémica por su título sino por abordar de forma descarnada el fenómeno de las jovencitas que venden su cuerpo por plata.

La historia de Catalina, una adolescente inocente, y al mismo tiempo ambiciosa, que termina envuelta en el mundo de las “prepago” no era ajena para esta paisa oriunda de Medellín. En el colegio fue testigo de cómo la obsesión por operarse los senos llevó a varias de sus compañeras a involucrarse con mafiosos. Fue así como a partir de sus recuerdos construyó el perfil de un personaje con el que buscó despertar conciencia sobre esta problemática social.

A pesar de su reconocimiento nacional e internacional, la fama y los lujos no la trasnochan. Prefiere andar ligera por la vida pues su espíritu aventurero la estimula constantemente a viajar. Desde los 19 años es una nómada empedernida y rebelde con una causa muy clara: la actuación. Por eso abandonó la comodidad de su casa, suspendió la carrera de Comunicación que cursaba y se trasladó a Bogotá para estudiar teatro. Como muchos artistas, trabajó en un bar para poder sobrevivir, pagar una modesta habitación y asistir a los castings.

Su inicio en la televisión fue en papeles pequeños, en producciones como Francisco el matemático, Todos quieren con Marilyn y El vuelo de la cometa. Pronto llegaron las oportunidades en las tablas y las giras por varios países. Recorrió Bolivia, México y luego se quedó en Nueva York para continuar su formación en arte dramático. Regresó a Colombia con una mano adelante y otra atrás hasta que el paraíso tocó a su puerta cuando se ganó el papel de Catalina.

Desde ese momento su carrera ha ido en ascenso. Cumplió la meta de hacer cine con la película El colombian dream y hoy en día se puede dar el lujo de hacer teatro gracias a la seguridad económica que le brinda la televisión.

Aunque es considerada como una de las mujeres más hermosas del país, Puerta no se preocupa por encajar en el estereotipo de voluptuosidad falsa que promueven los medios. En este sentido confiesa que nunca se haría una cirugama y los lujos no la trasnochan. Prefiere andar ligera por la vida pues su espíritu aventurero la estimula constantemente a viajar. Desde los 19 años es una nómada empedernida y rebelde con una causa muy clara: la actuación. Por eso abandonó la comodidad de su casa, suspendió la carrera de Comunicación que cursaba y se trasladó a Bogotá para estudiar teatro. Como muchos artistas, trabajó en un bar para poder sobrevivir, pagar una modesta habitación y asistir a los castings.

Su inicio en la televisión fue en papeles pequeños, en producciones como Francisco el matemático, Todos quieren con Marilyn y El vuelo de la cometa. Pronto llegaron las oportunidades en las tablas y las giras por varios países. Recorrió Bolivia, México y luego se quedó en Nueva York para continuar su formación en arte dramático. Regresó a Colombia con una mano adelante y otra atrás hasta que el paraíso tocó a su puerta cuando se ganó el papel de Catalina.

Desde ese momento su carrera ha ido en ascenso. Cumplió la meta de hacer cine con la película El colombian dream y hoy en día se puede dar el lujo de hacer teatro gracias a la seguridad económica que le brinda la televisión.

Aunque es considerada como una de las mujeres más hermosas del país, Puerta no se preocupa por encajar en el estereotipo de voluptuosidad falsa que promueven los medios. En este sentido confiesa que nunca se haría una cirugía estética pues es partidaria de la belleza natural.

A estas alturas ya hizo realidad varios sueños. Sin embargo, le falta por cumplir el de ser cantante; algo que ve improbable pues siente que no tiene buen oído. Por ahora, la actriz se conforma con cantar todos los días en la ducha, y con hacer cantar a los malandros de la serie que la tiene otra vez en la mira de los televidentes.