Megan Fox, la nueva bomba sexual

Megan Fox es la actriz de moda en Hollywood gracias a la película Transformers, a su parecido con Angelina Jolie y a que dice siempre lo que piensa. A sus 23 años y pese a sus atributos, esta nueva estrella se declara inadaptada, bisexual y fea con cara de travesti.
Megan Fox, la nueva bomba sexual

Megan Fox es la nueva bella de Hollywood. Su imagen sensual, su pelo negro, sus ojos azules y una boca tentadora con la que dice toda serie de imprudencias, no tienen rival. Es, además, la estrella de moda gracias a la película Transformers, donde les roba el show a robots de doce metros de altura con sus 1,65 metros.

Desde 2007, cuando el mundo la descubrió como Mikaela Banes en la primera parte de la saga de los robots, su belleza ha sido su carta de presentación. Tanto que el año pasado 9,7 millones de hombres la escogieran como la mujer más sexy del mundo en una encuesta realizada por la revista FHM.

Los medios la comparan con Angelina Jolie, incluso comparte con ella el gusto por los tatuajes. Tiene uno de Marilyn Monroe en su brazo, otro con una frase del Rey Lear, de Shakespeare, y otro con el nombre de su novio Brian Austin Green (actor de la primera Clase de Beverly Hills), que parece tendrá que borrar debido a su tormentosa relación.

“Estoy segura de que ella no sabe quién soy yo”, dice Megan cuando le preguntan si reemplazará a Jolie en el papel de Lara Croft. En cualquier caso, sus opiniones la han ubicado en el lado rebelde del cine donde Angelina ya hizo historia, aunque muchos se preguntan si su actitud es real o una postura para llamar la atención.

Suena poco convincente, por ejemplo, que Megan se considere una ermitaña desadaptada a la que no le gustan las fiestas de Hollywood, pues a los 16 años llegó sola a Los Ángeles dispuesta a ser actriz. “Algunos pensarían que mi vida es aburrida pero no he estado en rehabilitación todavía, entonces estoy haciendo algo bien”, dice esta mujer de 23 años, nacida en Tennessee.

Pero su indiscreción la ha llevado más lejos que su talento. Hace poco, por ejemplo, dijo que Transformers no era precisamente una película de Martin Scorsese. Una imprudencia que a veces sale demasiado cara. En otra ocasión dijo que sería la primera en la fila para comprar un paquete de cigarros, si se legaliza la marihuana, y en otra oportunidad aseguró que no tiene dudas de que es bisexual, otro punto de comparación con Angelina, quien confesó también su gusto por ambos sexos hace unos años.

También ha dicho que los hombres de su edad son una pérdida de tiempo por su inmadurez, al tiempo que se lamenta de que nadie se le acerca para tener una conversación intelectual. “Me prometí que siempre iba a llamar las cosas por su nombre”, afirma y por eso mismo dice que la razón de su éxito en Hollywood se resume en una palabra: belleza.

Lo contradictorio es que en enero pasado, en la alfombra roja de los Globo de Oro, afirmó que es insegura respecto a su apariencia y cuando se mira al espejo se siente como un travesti y lo que ve es la imagen del actor de 72 años Alan Alda, y tan pronto pasó por su lado Salma Hayek, dijo que le encantaría tener los senos de la mexicana. De ahí que sus declaraciones sean tomadas como parte de una actitud provocadora e intencional que –está demostrado– tiene encantado a Hollywood.

Quizás lo único que le hace falta para codearse con bellezas tan respetadas como Keira Knightley y Scarlett Johannsson es un papel serio. Entonces sabremos si hay Megan Fox para rato.

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