Mónica Bellucci, armas de una mujer fatal

Monica Belluci, a punto de cumplir 46 años no ha perdido ni un ápice de los atributos que la asocian con la mujer fatal.
Mónica Bellucci, armas de una mujer fatal

Se dice que hay mujeres que detienen miradas, y hay mujeres inevitables, provocadoras. Luego está Monica Belluci, una belleza que obliga a dejarlo todo y a besar sus pasos. Así al menos lo demuestra el último anuncio de la conocida bebida "Martini", en la que la actriz no sólo detiene literalmente el tráfico romano, sino que hipnotiza a unos transeúntes que no pueden evitar seguirla.

Cosas curiosas de la vida, Monica Anna Maria Belluci no nació con vocación artística. Vió la luz en Citta di Castello, en Perugia, Italia, un 30 de septiembre de 1968, en el seno de una familia modesta (su padre era camionero), y su primera intención fue la de ser abogada, por lo que empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Perugia.

Tan pronto comenzó sus clases de leyes, la joven Belluci se vio obligada a compaginar sus estudios con los primeros trabajos ocasionales como modelo. El objetivo, en principio, era el de conseguir algo de dinero para pagar los gastos extras de la carrera.

Con tan solo 20 años el "glamour" de la vida de las pasarelas acabó por cautivarla y, otro paso inevitable en el mundo de la belleza, se trasladó al punto neurálgico de la moda europea: Milán.

Allí, en la capital italiana de la moda, firmaría un contrato con la prestigiosa agencia de modelos "Elite" que la catapultaría en poco tiempo a la fama. Tan solo bastaron unos meses para que las otras dos capitales mundiales de las pasarelas, París y Nueva york, reclamaran los servicios de una jovencísima morena.

-Ni abogada ni modelo: actriz

Su trabajo como modelo se consolidó en torno a varias de las firmas más cotizadas del momento, entre otras, Dolce & Gabbana y la francesa Elle. Pero ya a principios de los noventa el inevitable influjo de estrellas como Sophia Loren o Anna Magnani se había apoderado de la joven de Perugia, que decidió tomar clases de interpretación.

La oportunidad en el séptimo arte no tardó en llegar, y la puerta de entrada no pudo ser otra que su intensa mirada y su cuerpo escultural. La víctima, un reconocido director que entonces grababa un anuncio para Dolce & Gabbana en el que Belluci era la protagonista. Nada menos que Giuseppe Tornatore.

 La fascinación del director de "Cinema Paradiso" fue tal que guardó el contacto de aquella joven modelo de Perugia. Y en el año 2000 le pidió que protagonizará nada menos que su próxima película, "Malena". Un film que le daría a Belluci el impulso necesario para consolidarse en el mercado estadounidense.

Pero antes de la estabilidad en Hollywood, la actriz italiana realizó sus primeras incursiones en el séptimo arte por medio de la televisión italiana. "Vita coi figli", fue su estreno en la pantalla, una obra del director transalpino Dino Risi.

Para entonces la joven de Perugia ya denostaba el mundo de las pasarelas, y la gran pantalla comenzaba a rendirse a los encantos de su mirada. De hecho, la propia actriz encontraba puntos de conexión entre su primera vocación, el Derecho, y su reciente inclinación, la actuación.

Y es que en alguna ocasión Belluci ha declarado que el ejercicio del Derecho está muy emparentado con la mentira, algo que, para la actriz, implica una conexión directa con la actuación, ya que los abogados, apuntaba, son grandes actores.

La diferencia entre unos y otros, reflexionaba Belluci, radicaba en el lugar en que ambos desarrollan su mendacidad: los actores en los sets de grabación, y los abogados en los juzgados.

- El salto definitivo: "Drácula"

Pero la primera aparición en escena de la bella italiana en las pantallas de Hollywood fue en 1992, con una breve intervención en la película "Drácula de Bram Stoker", del reconocido director estadounidense Francis Ford Coppola.

Belluci interpretaba a una de las tres sensuales y lascivas novias del conde. Comenzaba entonces lo que sería una constante en las escenas de la actriz italiana: la imagen de una mujer cargada de erotismo, con escenas de alta sensualidad donde su cuerpo, despojado de ropas, adquiere todo el protagonismo. La esencia del arquetipo de la "femme fatale".

Dos películas francesas tienen especial relevancia en la carrera de Belluci: "El Apartamento", de Gilles Mimouni, rodada en 1996, e "Irreversible", esta última del director argentino Gaspar Noé, filmada en 2002.

Durante el rodaje del primer film, Belluci conoció al que es desde 1999 su marido, y el padre de sus dos hijas -Deva, nacida en 2004, y Léonide, nacida a principios de este año-. Se trata del actor francés Vincent Cassel, con quien, además, ha coincidido en distintas películas.

De "Irreversible", una película oscura que habla de la venganza y en la que también interviene Vincent Cassel, destaca la interpretación de Belluci en una escena larguísima en la que es violada. La secuencia ha sido duramente criticada por su crudeza y por la mezcla de violencia y sexo.

Sin embargo, la propuesta estética de Noé, que mantiene la cámara en una posición fija deliberadamente durante toda la escena, deja entrever la intención del director por evitar las implicaciones eróticas en el espectador.

- La mujer más sexy del mundo

Belluci sigue encarnando la imagen de mujer sensual, y en varias ocasiones -y ya con más de cuarenta años cumplidos- ha sido elegida como la mujer más sexy del planeta.

Polifacética y políglota -habla francés, inglés y algo de español, además de su lengua materna-, la italiana ha interpretado papeles tan dispares como la Cleopatra de "Astérix y Obélix: misión Cleopatra" (2002), la Persephone de la saga "Matrix" (2003), y hasta la mismísima María Magdalena en "La pasión de Cristo" (2004).

Sin embargo, Hollywood todavía no le ha concedido el personaje que la inmortalice en la medida en que si lo consiguieron esas dos grandes "divas" italianas: Sophia Loren y Anna Magnani, dos italianas a las que la Academia ha premiado con sendos Oscar.

A la espera del personaje que termine por darle la posición que merece, Belluci sigue deteniendo el tráfico y las miradas, y atrayendo a unos transeúntes que la siguen hipnotizados, mientras la diva -ataviada con un vestido de encaje negro, grandes gafas de sol y tacones de infarto- camina, cual película de Fellini, por la Fontana de Trevi, el Castel Sant'Angelo o la plaza Navona.

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