Sara Corrales, la vecina que todos desean

Con su personaje de Jéssica, en la telenovela Vecinos, del Canal Caracol, esta paisa de 23 años se convirtió en la bomba sexy de la televisión colombiana. Ella sabe que tiene cómo serlo pero prefiere ser reconocida por su trabajo.
Sara Corrales, la vecina que todos desean

El rojo de sus labios contrasta con el verde sus ojos. Cuesta trabajo dejar de mirarla mientras habla a mil por hora. Después de un rato, ella misma lo reconoce. De Sara Corrales podría decirse que habla hasta por los ojos, que no se quedan quietos mientras sus palabras fluyen tan rápido como sus ganas de explicar que ser bomba sexy y mamacita no es su prioridad.

“¿Sabes que hasta ahora lo pienso? ¿De verdad soy deseada?”, se pregunta con modestia, al tiempo que una sonrisa como de escena de malvada se confunde con el análisis. Esa pregunta tiene respuesta desde que el público la descubrió en Protagonistas de novela 2, en 2003, y sus atributos se quedaron grabados en la mente de la audiencia masculina.

Respondida la inquietud, a Sara no le queda otro camino que enfrentar su realidad: haberse convertido en la mujer de los sueños de muchos gracias a su personaje de Jéssica, una secretaria de formas pronunciadas y escotes profundos en la telenovela Vecinos. “Creo que la sensualidad y la belleza están ahí, pero a veces no soy consciente de eso. Tampoco es que diga que no sé por qué me miran. Soy bonita, soy llamativa, tengo una forma diferente de ser y de vestirme que llama la atención, pero no me levanto y digo hoy voy a ser sexy”.

Por eso le agradece su popularidad a Jéssica, una malvada que redefinió pero sin negarse sus atributos. “Es una mala chistosa, como el coyote del Correcaminos, todo le sale mal pero nunca se rinde con sus estrategias”.

Volviendo a la realidad, dice que también es cuestión de acostumbrarse y aprender a no sentirse incómoda. Y si se atuviera a lo que le dicen, caería en depresión pues puede recibir comentarios implacables del género femenino, perfectos para completar un día en el que traicione su agüero de levantarse con el pie derecho y todo salga mal. “Me dicen que me veo mejor en televisión, que soy flaca, bajita o nada que ver”.

Y eso que apenas lleva seis años en el mundo de la farándula y cinco telenovelas: Todos quieren con Marilyn, Merlina, mujer divina, En los tacones de Eva, La marca del deseo y Vecinos. En todas, a los productores no se les ha pasado por la cabeza cubrir este cuerpo del deseo.

“Hay que ser realista, yo no puedo hacer de monja, de abuela o de tía. La gente ve lo que quiere ver y dirán que siempre hago de mamacita. Pero hice de una alcohólica y lo que pasó fue que ese personaje estaba metido en un cuerpo bonito. No le van a poner una bata porque en televisión las cosas no son así”.

Es difícil que Sara trate de ocultar un cuerpo premiado por la genética y fortalecido por el ejercicio, que afirma ha trabajado más por salud y por una madurez sana, que a sus 23 años está lejos. Pero sabe que su carrera también se basa en esa silueta que tonifica todos los días, desde las 4:30 a.m., antes de irse a grabar, sin privarse del placer de comer. “Soy paisa, pienso formar un hogar, tener hijos, no me importa qué pase con mi cuerpo”, recalca para rebatir su sensualidad.

Para eso falta todavía tiempo, porque está sola y quiere disfrutarlo. También porque sufre del mal de las mujeres exitosas y bonitas: intimidan a los hombres. “Todos piensan que me llueven pretendientes, pero ni se acercan porque creen que soy inalcanzable. A veces tengo fines de semana que me muero por bailar y no tengo con quién salir, y por eso es que los chismes me sorprenden y me dan risa. El día que tenga un novio no voy a negarlo, porque además soy la más dedicada cuando me enamoro”.

Y aunque en los últimos meses ha estado en medio de habladurías, confiesa que no tiene tiempo para un novio. “Es que en este país todas las mujeres bonitas y famosas somos putas, y todos los hombres bonitos y famosos son gays. Para la gente hablar y juzgar es muy fácil”.

Por eso, el más reciente chisme le causó nuevamente risa: su noviazgo con el golfista Camilo Villegas. “Lo conocí porque me mandó una invitación en Facebook, acepté y hasta dudé si era él, luego chateamos. Un día vino de Miami, fue a mi casa y me visitó, fue a Medellín, y volvió y me visitó. No salimos ni a comer ni a rumbear, él me parece chévere pero de ahí a que esté ennoviada… Dijeron que estábamos felices y hasta me llamaron de los medios para preguntarme si Camilo había bajado su rendimiento por culpa mía”.

Gajes del oficio que Sara lidia sin mucho esfuerzo. Para eso están los amigos, sus libretos, los libros de corrupción y narcotráfico que le encanta leer para entender la historia que pasó frente a ella cuando era una niña, sus planes de irse a probar la actuación a otros países y u pero ni se acercan porque creen que soy inalcanzable. A veces tengo fines de semana que me muero por bailar y no tengo con quién salir, y por eso es que los chismes me sorprenden y me dan risa. El día que tenga un novio no voy a negarlo, porque además soy la más dedicada cuando me enamoro”.

Y aunque en los últimos meses ha estado en medio de habladurías, confiesa que no tiene tiempo para un novio. “Es que en este país todas las mujeres bonitas y famosas somos putas, y todos los hombres bonitos y famosos son gays. Para la gente hablar y juzgar es muy fácil”.

Por eso, el más reciente chisme le causó nuevamente risa: su noviazgo con el golfista Camilo Villegas. “Lo conocí porque me mandó una invitación en Facebook, acepté y hasta dudé si era él, luego chateamos. Un día vino de Miami, fue a mi casa y me visitó, fue a Medellín, y volvió y me visitó. No salimos ni a comer ni a rumbear, él me parece chévere pero de ahí a que esté ennoviada… Dijeron que estábamos felices y hasta me llamaron de los medios para preguntarme si Camilo había bajado su rendimiento por culpa mía”.

Gajes del oficio que Sara lidia sin mucho esfuerzo. Para eso están los amigos, sus libretos, los libros de corrupción y narcotráfico que le encanta leer para entender la historia que pasó frente a ella cuando era una niña, sus planes de irse a probar la actuación a otros países y un resto de añercan porque creen que soy inalcanzable. A veces tengo fines de semana que me muero por bailar y no tengo con quién salir, y por eso es que los chismes me sorprenden y me dan risa. El día que tenga un novio no voy a negarlo, porque además soy la más dedicada cuando me enamoro”.

Y aunque en los últimos meses ha estado en medio de habladurías, confiesa que no tiene tiempo para un novio. “Es que en este país todas las mujeres bonitas y famosas somos putas, y todos los hombres bonitos y famosos son gays. Para la gente hablar y juzgar es muy fácil”.

Por eso, el más reciente chisme le causó nuevamente risa: su noviazgo con el golfista Camilo Villegas. “Lo conocí porque me mandó una invitación en Facebook, acepté y hasta dudé si era él, luego chateamos. Un día vino de Miami, fue a mi casa y me visitó, fue a Medellín, y volvió y me visitó. No salimos ni a comer ni a rumbear, él me parece chévere pero de ahí a que esté ennoviada… Dijeron que estábamos felices y hasta me llamaron de los medios para preguntarme si Camilo había bajado su rendimiento por culpa mía”.

Gajes del oficio que Sara lidia sin mucho esfuerzo. Para eso están los amigos, sus libretos, los libros de corrupción y narcotráfico que le encanta leer para entender la historia que pasó frente a ella cuando era una niña, sus planes de irse a probar la actuación a otros países y un resto de año de gira con la obra de teatro In fraganti. Cosas que hoy a Sara Corrales le resultan tan cotidianas como ser sexy. Y sobre eso no hay discusión.

 

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