Antonio Salas, el autor sin rostro

Nadie conoce la cara de Antonio Salas, pero sí sus trabajos. Se hizo pasar por skinhead y terrorista infiltrado. El Palestino es una de las novedades de la Feria del libro.
Antonio Salas, el autor sin rostro

En su correo electrónico no aparece el nombre de Antonio Salas sino un nombre en árabe: ???? ???????, que significa Muhammad Abdallah. Así se hizo llamar cuando se infiltró en una red de terrorismo internacional para escribir El Palestino, una investigación de más de 600 páginas en la que cuenta su vida como terrorista durante seis años y que hoy es un éxito editorial.

Como terrorista, llegó a ser el hombre de confianza de Ilich Ramírez, El Chacal, estuvo en campamentos en diferentes lugares del mundo y en Venezuela se topó con las Farc. Para camuflarse, aprendió a hablar árabe, estudió el Islam, creó una vida como palestino y se inventó un pasado ficticio con una esposa embarazada que murió en un atentado israelí.

Antonio –o Muhammad– también fue un nazi conocido como Tiger_88 y un traficante de mujeres en sus dos investigaciones anteriores, y es posible que pasen muchos años antes de que aparezca con su verdadero nombre y deje la clandestinidad.

Por ahora, firma como Toni los correos que los lectores le escriben a la dirección que encuentran en la solapa del libro, donde recibe mensajes de personas que dejaron el movimiento nazi después de leer Diario de un skin, y de mujeres que abandonaron la prostitución al terminar el libro El año que trafiqué con mujeres.

Desde algún lugar en España, este periodista respondió sobre su oficio de investigador, metido en la piel de otra persona para desenmascarar redes criminales.

¿Qué ha tenido que sacrificar en su vida para hacer estas investigaciones que, en el caso de El Palestino, le tomaron seis años?

En realidad no renuncio a nada. Dejar de fumar, de beber alcohol o de comer cerdo es un precio demasiado pequeño por conocer la maravillosa cultura árabe o el Islam. Es posible ser musulmán y llevar una vida normal. Lo peor ha sido pasar tantos períodos de tiempo lejos de mi familia y mis amigos.

¿Hay algo de morbo en todo esto?

Morbo viene del latín morbus, que significa enfermedad. Supongo que el morbo está en los ojos del que lee mis libros. Yo sólo expongo las cosas que veo y que graba mi cámara oculta. Es cierto que a algunas personas les excitan cosas extrañas y encuentran morbo en situaciones que a los demás nos asquean. Pero esas situaciones, como la violencia racista, la prostitución infantil o el terrorismo, son las que debemos denunciar.

¿Cómo se enfrenta a valores opuestos a los suyos de los mundos en los que se infiltra?

Es realmente incómodo tener que convivir 24 horas al día con personas que no tienen nada en común contigo. Y nazis, traficantes o terroristas se comportan en función de sus creencias o circunstancias. Pero comprenderlos no significa justificarlos ni compartir sus ideas. A veces te sientes sucio, como si el odio, la violencia o la rabia que desprenden pudiesen ser contagiosos. Por eso tienes que recordarte, constantemente, que sólo eres un periodista que está haciendo un trabajo y que esa situación, tarde o temprano, terminará. En el caso del terrorismo, basta con acordarte de las víctimas de cualquier atentado, para saber que merece la pena seguir adelante.

¿Y cómo regresa a la vida cotidiana, aún con otra identidad?

Intento llevar una vida lo más normal posible, por supuesto, respetando ciertos protocolos de seguridad. Pero no creo que mi vida se diferencie mucho de la de cualquier otro amenazado por Eta en el País Vasco, por el Ira en Irlanda o por las Farc en Colombia.

Las investigaciones que ha hecho son dentro de mundos donde un infiltrado termina muerto. ¿Cómo maneja el miedo a ser descubierto?

Pacto con él. Creo firmemente que el miedo puede ser tu aliado si no te paraliza, porque te hace ser prudente. Pero si no lo dominas, puede convertirse en tu peor enemigo. Miedo al fracaso, miedo al dolor, miedo al qué dirán… Yo opino que cualquier persona puede hacer cualquier cosa que se proponga, solo es cuestión de motivación, y de no dejarse paralizar por el miedo.

¿No teme que alguien lo reconozca por su voz o su mirada?

Supongo que es una posibilidad. Pero hace más de nueve años que los nazis españoles me buscan, incluso contrataron un sicario para evitar que declarara en el juicio contra Hammerskin, el año pasado. Afortunadamente han especulado tanto sobre mi identidad que ya no tienen idea de quién soy. Quiero pensar que si no me han localizado hasta ahora, será difícil que lo hagan.

¿Qué tan afectado está hoy después de su contacto con el terrorismo?

Estoy sorprendido por descubrir cómo la mente humana puede falsear la realidad para justificar los actos más terribles. Me ha sorprendido escuchar cómo algunos justificaban los secuestros, los asesinatos, e incluso las violaciones, en nombre de tal o cual revolución y resultaría gracioso si no fuese tan dramático. Pero me ha escandalizado más descubrir cómo los políticos de derecha, izquierda o centro manipulan el terrorismo en función de sus intereses.

En el caso de Colombia, ¿cree que las Farc son terroristas o un grupo revolucionario?

Yo no creo en ningún ideal que implique la muerte de otras personas. Y no me importa que quien apriete el gatillo vista un uniforme oficial o el de una guerrilla. Creo que son igual de asesinos quienes mataron buscando las armas de destrucción masiva que nunca existieron en Iraq, como los que matan campesinos en las selvas de Colombia. Yo no creo en esas revoluciones. La lucha armada sólo crea huérfanos y viudas que algún día querrán vengarse, y la historia vuelve a comenzar.

¿Cómo maneja las relaciones con personas con las que termina creando vínculos pero que al final traiciona?

Cuando terminé la infiltración en los skin sentía esa sensación de culpabilidad, como si hubiese traicionado a unos amigos. Y me ayudaron mucho un par de psiquiatras amigos, al explicarme que los nazis no habían sentido amistad por Antonio, sino por Tiger_88, el personaje que interpretaba. Además en mi investigación elogiaba sus virtudes, como su lucha contra las drogas, las corridas de toros, o el maltrato animal, a la vez que denunciaba sus delitos. Solo narraba lo que había vivido con ellos, bueno y malo, sin enjuiciarlos. Y no debía sentirme culpable por eso. Con todas las infiltraciones ocurre lo mismo.

Siendo especialista en infiltrarse, ¿cómo está seguro de que no lo engañan?

Eso no importa. Cuando mis grabaciones o mi testimonio son utilizados en un proceso judicial, forman parte de una investigación mayor. Y en esos casos la ley y la presunción de inocencia amparan al acusado. Si cuando grabé sus confesiones o sus delitos me estaban engañando, obviamente se demostrará ese error. Pero hasta ahora los nazis, proxenetas o traficantes que han sido condenados lo han sido por los mismos delitos que yo había documentado.

¿Cómo cree que se lo imagina la gente?

Después de las películas que han hecho sobre mi trabajo, muchos lectores me ponen la cara de los actores que me han interpretado. Pero yo soy un tipo mucho más normal, simple y vulgar que los héroes de cine. En la vida real soy como cualquier otra persona que te puedes cruzar en la calle, en el supermercado o en el autobús. Supongo que por eso puedo infiltrarme.

¿Hay que estar loco para hacer este tipo de investigaciones?

Al contrario. Creo que tienes que tener la cabeza bien amueblada para no cometer errores. Pero yo no soy demasiado inteligente, ni tengo ninguna experiencia, entrenamiento o recursos espaciales. Lo que hago yo puede hacerlo cualquier otro compañero, y probablemente mejor y más rápido que yo. Solo es una cuestión de motivación.

¿Cree que podrá volver a ser quien realmente es?

Supongo que algún día me podrá la vanidad o el agotamiento, y desearé el mismo reconocimiento que tienen los demás escritores. Confieso que a veces me gustaría poder recibir los premios, asistir a las ferias que me invitan o poder firmar ejemplares con mis lectores. Todos tenemos ego. Sin embargo, por ahora me reconforta mucho más poder creer que mi trabajo es útil socialmente.

¿Hasta dónde va a llegar?

Por el momento espero terminar el documental sobre El Palestino, con las grabaciones de cámara oculta. Después, seguiré trabajando. Algún día se me acabará la suerte, y sólo es cuestión de tiempo para que cometa algún error y me pillen, pero mientras eso no pase, seguiré haciendo lo único que sé hacer: investigar. Hace años aprendí que la pluma puede más que la espada. Creo que los periodistas podemos ayudar a cambiar las cosas denunciando las mentiras de unos y otros, aunque tengamos que convertirnos en objetivo de su odio.