Adiós al maestro Escalona

El 13 de mayo falleció en Bogotá la voz del vallenato puro, Rafael Escalona. El compositor recibía oxígeno con la ayuda de un respirador artificial, pero a lo largo de su hospitalización siemrpe intentó retirarse los aparatos médicos que lo rodeaban.
Adiós al maestro Escalona
La voz del compositor más grande de música vallenata se apagó en la Clinica Santa fe. Rodeado de sus hijos, el maestro de 81 años dejó de respirar. "Nunca hablamos de la muerte como tal. Mi padre era un enamorado de la vida, tanto así que siempre nos decía "uno quiere tanto a la vida que hasta los restos de uno quiere que se conserven ", cuenta Rafael Escalona junior.

Escalona nació en Patillal, César el 27 de mayo de 1927. Ingresó al mundo musical con la canción "el profe Castañeda", dedicado a Heriberto Castañeda, docente de la primera insitución educativa a la que asistió.

Su letras retratan historias de la región del Magdalena , relacionadas con mujeres, amores y personajes. Entre las más destacadas se encuentran Jaime Molina, La vieja Sara entre otras.

Cromos rinde un homenaje al maestro con un texto de La cacica, Consuelo Araújo de Molina, escrito en el Magazín de El Espectador en  1971.

Vallenato puro 

Escribía Consuelo Araújo de Molina en el magazine dominical de El Espectador el 7 de febrero de 1971:

Aparentemente no hay colombiano interesado en cuestiones del folclor costeño que ignore con los primeros acordeones ingresaron al país por Riohacha con los marinos europeos. Este que podría considerarse el origen de la música vallenata, no lo es realmente, queda siempre flotando el interrogante de cuál fue en verdad el primer acordeonero propiamente dicho que cultivó los aires musicales ahora característicos de nuestro folclor. Como quiera que es bastante difícil fijar con exactitud este dato histórico, debemos atenernos a lo poco que sobre esos orígenes se conoce y adentrarnos en el estudio de sus principales y más relevantes cultores.

 La música vallenata, que ya ha traspasado las fronteras colombianas, es tal vez la expresión musical más auténtica y pura del folclor nacional. Me refiero naturalmente al vallenato antiguo, libre de influencias extrañas, que bien puede dividirse en tres escuelas.

 1. El vallenato-vallenato, que comprende la música compuesta y cantada en Valledupar y la región de la antigua "Provincia", formada por Villanueva, San Juan, Urumita, El Molino, La jagua, Fonseca. Barrancas y otros municipios y veredas hoy pertenecientes al Departamento de la Guajira.

2. El vallenato bajero o sea la música cultivada y divulgada en las regiones de El copey, El paso, Rincohondo, Santa Marta, Ciénaga, Fundación y otras regiones del antiguo y actual departamento del Magdalena.

3. El vallenato sabanero o sea el que se compone y canta en las regiones de las sabanas de Bolívar y los departamentos de Córdoba y Sucre. Sobre este último, la verdad sea dicha, son muy escasos mis conocimientos. Debo circunscribirme al vallenato bajero y más exactamente al vallenato vallenato propiamente dicho. Dentro del vallenato vallenato no se puede hablar seriamente sin mencionar a los que nosotros muy acertada y justicieramente hemos dado en llamar los "clásicos".

 En esa escala de valores establecidos espontáneamente de generación en generación, tal vez la figura más relevante, ya que traspasó los límites de lo real para entrar en la leyenda, es la de Francisco Moscote, más conocida como Francisco el hombre. Es bien conocida la anécdota que lo dibuja jinete en su modesto borrico atravesando veredas con su acordeón "terciao", caballero andante de los amoríos trasnochadores de las pampas guajiras, para tropezarse cualquier rato con una diabólica aparición envuelta en nubes de azufre que lo desafían a un duelo musical.

 Dicen, quienes lo cuentan, que Francisco el hombre no sólo derrotó a Satanás, que era quien se había atrevido a pedirle competencia con su acordeón, tocándole el credo al revés, sino que desde entonces se convirtió en el mandamás de estos tejemanejes musicales. Que yo sepa no hay ninguna composición de comprobada autoría de Francisco Moscote, y aquí bien vale la oportunidad de aclarar que no parece ser cierto que él fuera el autor del "Amor amor", coplas legendarias cuyo verdadero autor ha sido imposible determinar.

En ese orden de jerarquía siguen Fruto Peñaranda,Francisco Bolaños más conocido como Chico Bolaños, autor de un célebre paseo cuya música fue descaradamente usurpada por un compositor extranjero de nombre Francisco Neville, que se enriqueció al ponerla como fondo musical al porro de su inspiración llamado "Santa Marta". La letra de este paseo dice: "mi mujer, mi mujer se volvió loca, caramba; se la voy a llevá a su mama, caramba , pa' que me la cambie por otra". Siguen: Emiliano Zuleta, padre, y en el mismo renglón, alimentando una vieja disputa que solo la historia folclórica se encargará de dirimir, Lorenzo Morales. Estos dos últimos todavía vivos, son auténticos maestros del difícil arte, ahora lamentablemente en desuso, de la "piquería" musical, consistente en el duelo de canto improvisado, hecho a base de estrofas de cuatro versos, los cuales eran rápida y acertadamente contestados por que recibía el desafío.

Como ejemplo más ilustrativo nada mejor que la vieja controversia de estos dos juglares que dio origen a "La gota fría", de Emiliano Zuleta, paseo con el cual, por un tiempo, acalló los ataques de Morales. Zuleta y Morales, aún vivos, se hayan en cierto modo retirados del culto de sus acordeones, con los cuales brindaron a la región toda una época de galante torneo musical, en los cuales no hubo ningún vencido y, en cambio, si muchos vencedores: los amantes de nuestro folclor.

Detrás de ellos existe una nómina extensísima de grandes figuras del vallenato, muchas de las cuales, como en el caso de Leandro Díaz, ciego de nacimiento y poeta de fina y sensible inspiración, bien merecen el estudio más profundo y autorizado de plumas más idóneas y preparadas que esta modesta colaboración mía. Leandro Díaz, cuyo solo canto al verano y su paseo a la primavera son un himno de belleza que bien podrían haber escrito cultivados poetas en uso de sus órgamos visuales, es sin duda alguna el más sentimental y espiritual de nuestros compositores. Su más reciente obra, actualmente un "hit", es "Matilde Helina", compuesta en honor de una humilde y nada bella mujer de El plan, a quien Leandro en su ceguera material, contempla como una especie de diosa, hermosa, fina, provocativa y de encanto tal que hasta sonríe la sabana cuando Matilde camina.

Toño Salas, hermano de Emiliano, considerado el mejor y más fiel intérprete de los aires regionales en su cadencia auténtica; Abel Antonio Villa, pionero de las grabaciones de la música vallenata que conserva, a pesar de los años, su estilo, sus ímpetus y sus ambiciones; los tres hermanos Durán: Luis Felipe, Nafer y Alejo, una verdadera trilogía de randes entre los cuales no se sabe que admirar más, si el arte que ponen en la ejecución o la inspiración con que ejecutan. Y ya de más reciente data, Rafael Escalona.

Capítulo aparte merece Rafael Escalona, la figura de mayor relieve en toda la historia del vallenato. Su solo nombre, más conocido que cualquier otro de los hacedores de música vallenata, ha traspasado, como el de Francisco el hombre, los límites de lo real para entrar para siempre en la leyenda vallenata, a la cual él solo aprestigia y engrandece. La música de Escalona que ha sido por derecho propio la embajadora mundial del vallenato, es de un estilo meramente descriptivo. Crónica musical definió alguien su música y es exactamente nada más y ni nada menos que la crónica de toda la vida provinciana.

Con este estilo personal de Escalona se creó una tendencia dentro de la escuela del vallenato-vallenato, tendencia que si bien predominó un buen tiempo, llegando de tal forma a identificarse como la característica de esa misma escuela, ahora en cambio está en desuso, en parte, por la proliferación de malos y pésimos compositores de vallenatos, y en parte porque sus cultores, entre ellos su mismo creador Escalona, parece que han colgado la lira. Si bien este estilo narrativo creado por el maestro o digamos mejor, intensamente explotado por él, tuvo auge y resonancia en el ámbito regional, no fue menos la importancia del estilo romántico o sentimental del cual han sido sus más importantes exponentes el propio Leandro Díaz, y en forma también destacada, Tobías Enrique Pumarejo".

De Leandro Díaz, como dije anteriormente hay que admirar la belleza y elegancia en la construcción de los versos, la perfección y elocuencia de la rima y , sobre todo, el hondo sentimiento de él pone en sus cantos, en muchos de los cuales lleva implícita la queja y angustia de su ceguera. Ejemplo más emotivo y hermoso difícilmente se encuentra mejor que en su magistral paseo que se titula " A mí no me consuele nadie", en el cual Leandro se queja de su soledad y abandono, mientras sus otros amigos y colegas de arte disfrutan de todo lo que la vida les prodiga a manos llenas, dinero, salud, parrandas y mujeres: "vamos a ver Simón Salas y Julio Suárez, si hacen igual que Escalona y Emiliano, que hoy en día están bien posesionados, ya tienen quien se duela de sus males; siquiera ustedes andan gozando y a mí no me consuela nadie". "Creo en la vida que no llegaré a encontrar una mujer que se duela de mis penas, paso la vida renegando de este mal, un mal terrible que me condena. Leandro Díaz deja de llorar y suspirar el día que muera...".

Y de romántico también hay que catalogar a Tobías Enrique Pumarejo, más conocido como Don Toba. Su vida intensa llevada hasta la plenitud en las sabanas de Patillal cuando era joven y en las llanuras del Copey, ya mayor, ha sido un himno perenne a la naturaleza, a la tierra en la cual y para la cual ha vivido confundido entre sus gentes humildes y sus animales. Tobías Enrique inexplicablemente no ha gozado de la fama y el renombre nacional de colegas tan meriotorios como él y de otros más famosos que él mismo, pero sencillamente inferiores.

De su extensísima obra musical a una producción cinematográfica y que también, como en el caso de Cjico Bolaños, a que me referí anteriormente y a tantos de otros autores vallenatos, fue vícitma de la piratería musical que con tanta frecuencia ejercitan los inescrupulosos con afanes musicales; pero si bien este paseo puede considerarse el más conocido, hay otros dos que para nosotros los vallenatos tienen inmenso valor afectivo. Uno de ellos es su paseo "El alazanito", donde don Toba canta el guayabo enorme que le dejó la muerte de su hermoso caballo alazán, compañero de parranda y alcahuete de sus amoríos .

Son un verdadero lamento sus estrofas: "se murió, se murió mi alazanito, se acabaron mis placeres - el que supo conquistar a toditas las mujeres- le voy a mandá a decí las tres misas, las tres misas a mi caballo - porque me puede salí cuando yo esté enamorado", y el otro que cantamos los vallenatos cuando podemos deshacer el nudo de emoción que se nos forma en la garganta, es un viejo paseo titulado "Las sabanas e Patillal", en las que Don Toba pasó si mocedad, y de las que se despide enguayabado cuando tiene que viajar a lomo de mula hasta Valledupar para seguir rumbo a Medellín a continuar sus estudios de bachiller.

De estos estilos predominantes en la escuela del vallenato-vallenato, el narrativo y el romántico, hay que decir con pesar pero con sinceridad que no hay actualmente seguidores afortunados ni desafortunados tampoco. En el panorama actual de compositores de esta escuela se destaca en lo romántico Gustavo Gutiérrez Cabello, joven y prometedora figura, pero cuyas promesas musicales tienden más hacia la innovación y creación propia de un estilo personal, lleno de fraseología almibarada y quejumbrosa.

Si bien ha tenido eco y aceptación entre los aficionados jóvenes, no es en modo alguno la continuación, ni siquiera un remedo del vallenato auténtico. Hay al lado de Gutiérrez Cabello otros jóvenes como Fredy Molina, Pedro García , que se han ido por los vericuetos del romanticismo decadente, y sus cantos, aunque la música los salva porque es bella, melodiosa y encaja dentro de los aires musicales tradicionales del vallenato, no son cosa distinta que un permanente versificar las ya consabidas palabras: amor- dolor, querida vida, hecho-pecho, alma-calma, y tantísimas más que abundan en los diccionarios de los lugares comunes.

Sin embargo, también surge de vez en cuando un Fredy Maestre, inspirado por los viejos maestros, capaz de componer algo tan bello y profundo como su canto al Guatapurí, nuestro río insignia; un Isaac Carrillo, trovador innato que no se conformó con "La Cañaguatera" y compuso su fabuloso canto a Francisco el Hombre, sino que siguió explotando su inspiración; un Emilianito Zuleta (hijo), que crea algo tan diciente y sentimental como "La herencia". Es en estos en quienes creo y confío para que el vallenato - vallenato, el auténtico, el puro, sacrosanto vallenato de Francisco el Hombre, de Chico Bolaños, de Lorenzo Morales, de Escalona, de Tobías Enrique y de otros tantos que se me olvidan, pero que valoro, no muera nunca de muerte.

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