David Gahan, un rey pasado de revoluciones

La gran atracción de Depeche Mode, la banda británica que se presentará el 10 de octubre en Bogotá, será David Gahan, su vocalista líder, quien ha sobrevivido a toda suerte de excesos, incluidos dos infartos y varias sobredosis.
David Gahan, un rey pasado de revoluciones

La única cosa que ha hecho resplandecer la oscura vida de David Gahan es la música. A los seis meses de edad su padre biológico Len Callcott lo abandonó, y su madre, Sylvia, rehizo su vida conyugal al lado de Jack Gahan, quien prestó su primer apellido para que el pequeño David lo sintiera como su padre.

Aquella mentira piadosa no duraría mucho. Recién cumplió 10 años, su padrastro murió. A los pocos días David vio en su casa a un desconocido hablando con su mamá. Era Len, quien se presentó como su verdadero padre.

Él siguió visitándolos esporádicamente hasta que un día dejó de verlos para siempre, justo cuando David comenzaba a aceptar la pérdida de Jack y la presencia de Len. Su desahogo no supo encontrar algo distinto al vandalismo. Acciones como robar carros y pintar grafitis se volvieron tan rutinarias que antes de cumplir 14 años ya registraba tres visitas a la corte de menores.

Los trabajos tampoco pudieron calmar su carácter destructivo. Después de graduarse tuvo tantos empleos como despidos: en menos de dos años trabajó en 20 partes distintas como obrero, vendedor y cajero. Hasta que la música irrumpió en su vida. Sucedió en 1980, cuando conoció a Martin Gore y a Andrew Fletcher, con quienes fundó Depeche Mode con el mismo nombre de una revista de moda francesa.

La banda se iba a convertir en mito. Hasta el momento ha vendido más de 75 millones de copias alrededor del mundo y sus fanáticos se mueren por asistir a alguno de sus conciertos.

Pero antes que calmarlo, el progresivo éxito que lo fue acompañando hizo que David empezara a caer en picada hacia el desenfreno.

No sólo se volvió adicto a la heroína sino que también empezó a caminar al filo de la muerte. Los paramédicos lo apodaban ‘El Gato’ porque siemprrió. A los pocos días David vio en su casa a un desconocido hablando con su mamá. Era Len, quien se presentó como su verdadero padre.

Él siguió visitándolos esporádicamente hasta que un día dejó de verlos para siempre, justo cuando David comenzaba a aceptar la pérdida de Jack y la presencia de Len. Su desahogo no supo encontrar algo distinto al vandalismo. Acciones como robar carros y pintar grafitis se volvieron tan rutinarias que antes de cumplir 14 años ya registraba tres visitas a la corte de menores.

Los trabajos tampoco pudieron calmar su carácter destructivo. Después de graduarse tuvo tantos empleos como despidos: en menos de dos años trabajó en 20 partes distintas como obrero, vendedor y cajero. Hasta que la música irrumpió en su vida. Sucedió en 1980, cuando conoció a Martin Gore y a Andrew Fletcher, con quienes fundó Depeche Mode con el mismo nombre de una revista de moda francesa.

La banda se iba a convertir en mito. Hasta el momento ha vendido más de 75 millones de copias alrededor del mundo y sus fanáticos se mueren por asistir a alguno de sus conciertos.

Pero antes que calmarlo, el progresivo éxito que lo fue acompañando hizo que David empezara a caer en picada hacia el desenfreno.

No sólo se volvió adicto a la heroína sino que también empezó a caminar al filo de la muerte. Los paramédicos lo apodaban ‘El Gato’ porque siempre se las arreglaba para resucitar: en 1993 sufrió un infarto en pleno concierto; en 1995 trató de suicidarse cortándose las venas; en 1996 tuvo una sobredosis de cocaína y morfina que hizo que su corazón dejara de latir durante dos minutos y que marcó, irónicamente, su recuperación.

Las autoridades norteamericanas le advirtieron que si no superaba sus problemas de adicción, le impedirían su entrada a Estados Unidos para siempre.

Desde ese último incidente ya han pasado 13 años que le han servido para sentar cabeza. Ahora vive sobrio en Nueva York con su tercera esposa. Disfruta viendo a su hijo jugar basquetbol y su mayor quebranto de salud fue lesionarse las cuerdas vocales haciendo lo que mejor sabe hacer: cantar. Por si acaso, para el concierto que dará en el parque Simón Bolívar, de Bogotá, el próximo 10 de octubre, exigió siete ambulancias equipadas con resucitadores, un hospital de campaña con dos médicos y seis enfermeras, quince equipos de asistencia y tres socorristas.

El chocolate oscuro, su gran debilidad, no lo incluyó en el menú para justificar lo que dijo recientemente en una entrevista: “Yo tengo una personalidad muy adictiva, así que no pido más de lo que necesito, incluyendo el chocolate; de todas formas mis fans siempre se las arreglan para arrojármelos al escenario”.